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Del fuego, subsiste con 80 años

ELLA GRAJEDA [email protected]| El Universal
Sábado 03 de enero de 2009
Doña Dolores no tiene familia; trabaja en una esquina lanzando llamaradas de su boca; frágil y cansada come lo que puede, paga 10 pesos por un cuarto y nadie la ayuda

 

Dolores Fuentes tiene 80 años y es tragafuegos. En la esquina de Congreso de la Unión y Fray Servando Teresa de Mier se gana la vida. “No tengo a nadie, soy viuda, nadie me ayuda y no me queda de otra”, resume.

Con un polvo negro delineó una bola negra en su nariz y con la ayuda de un lápiz labial apenas se pintó unas chapas y sus labios, que por la edad, ya perdieron la forma. De la cara parece una payasita, pero su cuerpo la delata, es una anciana.

Se mete a la boca la estopa y muestra a los conductores su osadía: “No me meto el humo hacia dentro. Me va a enfermar eso”, expresa, porque sabe que si aspira la sustancia los años que le quedan de vida serán menos.

Vive en el pueblo de San Pedro de Chapa, en el estado de México. Asegura que la crisis económica no le ha pegado mucho porque siempre ha sido muy pobre. “Rento un cuarto en 10 pesos diarios y me alimento de lo que puedo”, comenta.

Sin embargo, sus ojos se le humedecen al recordar a su esposo muerto hace tres años; no tiene hijos ni familia que la apoye. “Nadie me ayuda, nadie me puede ayudar”, lamenta.

En el conflictivo crucero, doña Dolores se da fuerzas para subir y bajar las banquetas. “Ya varias veces se ha caído”, comenta un vendedor de tarjetas telefónicas que comparte este espacio, “la tratamos de cuidar, pero a veces es imposible porque sus piernas ya no la soportan”.

Y así es, doña Dolores no puede estar parada mucho tiempo. Sus piernas no le ayudan. Aunque presume que tiene buena salud, porque no es diabética ni tiene otros males, lo único que padece, dice, es de soledad.

“No todos los días vengo porque no puedo. Vivo en mi pueblo, junto al volcán, en el estado de México, allá en Chapa de Mota y me pueden encontrar en el crucero los lunes, martes, jueves y viernes. Ya no puedo más, me regreso a mi cuarto en camión y trato de descansar”, comenta.

Los conductores que transitan por ahí no disimulan la sorpresa de ver a esta mujer que a sus 80 años vive de esta forma. Ella apenas recorre dos pequeñas hileras de autos, pues el tiempo que tarda en colocarse la esponja con gasolina y meterla a su boca le resta los minutos del alto del semáforo.

Dolores Fuentes ya sacó su credencial de elector, pues alguna vez se lo pidieron las autoridades para ayudarla. Después se olvidaron de ella y como de plano vio que nadie podía auxiliarla, mejor decidió, desde hace tres años, meterse a este oficio.

“Yo aprendí solita”, dice orgullosa y muestra cómo mete la estopa de fuego a su boca. Su lengua se recorre hacia atrás, mientras sus pocos dientes están llenos de tizne. Saca la pequeña bola de fuego y suelta la llama.

“Todos me dicen ‘pobrecita’, me miran, pero nadie me da alternativas para poder subsistir mis últimos años”, comenta mortificada.

 



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