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Regresan ambulantes y hay caos en Balderas

Rafael Montes| El Universal
Sábado 12 de febrero de 2011
Eran las sirenas de tres ambulancias a toda velocidad. Llegaron por el carril confinado del Metrobús a la calle de Balderas y casi atropellan a un par de peatones distraídos que no comprendían el porqué de tanta movilización

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Eran las sirenas de tres ambulancias a toda velocidad. Llegaron por el carril confinado del Metrobús a la calle de Balderas y casi atropellan a un par de peatones distraídos que no comprendían el porqué de tanta movilización.

El ulular de las ambulancias despertó a los transeúntes del monótono murmullo de los vendedores ambulantes que, después de cuatro días de ausencia, regresaron a instalarse en las banquetas de la calle de Balderas. El esperado retorno fue justo ayer, el día en que ocurrió el primer choque de uno de los autobuses de la Línea 3 del Metrobús.

Las tres ambulancias llegaron a la esquina de Balderas y Artículo 123. El autobús 413 del Metrobús ya no tenía pasajeros. Algunos sufrieron crisis nerviosas. La defensa delantera tenía un raspón. El operador se veía preocupado, pero tranquilo. José Luis Romero es nuevo en esto de manejar autobuses articulados. Es la primera vez que choca, dijo mientras fumaba.

En su regreso a la calle de Balderas, los vendedores ambulantes fueron los testigos privilegiados del choque. El impacto interrumpió el estruendo de los discos pirata que repetían canciones de moda, para llorar, para bailar.

También se escuchó el murmullo de los taqueros que nunca se cansan de ofrecer suculentos platillos saturados de grasa; y la plática de los oficinistas que salieron a comer a los puestos semifijos de tacos de guisado.

Todo ese ruido habitual de las dos de la tarde en la calle de Balderas fue minimizado por el trancazo entre el Metrobús y la camioneta Honda CRE color arena, seguido del aullar de las ambulancias de la Policía Auxiliar y el escándalo del camión de bomberos.

María del Carmen Martínez buscaba un estacionamiento público mientras circulaba por Balderas. A bordo de su camioneta recordó que en la calle Artículo 123 hay uno y se le hizo fácil girar a la izquierda. No lo hubiera hecho. Un choque con el Metrobús le destrozó el faro izquierdo y a ella la dejó paralizada, con dolor de cabeza y un probable esguince cervical, según el paramédico de la Cruz Roja que la atendió.

Esto, después de la revisión médica a la que la señora prefirió esperar hasta que su agente de seguros llegara.

Es una mujer de 67 años. A pesar del susto, se mantuvo serena. Sabía que su proceder estuvo mal, pero intentó excusarse diciendo que un policía de tránsito le dio el paso. Lo cierto es que en Balderas no hay señales fijas para prohibir virar a la izquierda.

Según la policía capitalina, los cruces de Poniente 128 y Vallejo; Guerrero con los Ejes Norte 1 y 2; Balderas con Juárez, Río de la Loza y Chapultepec, son los más conflictivos.

A pesar de ello, en la zona, que es un lugar escandaloso, inmediatamente del choque regresó el cuchicheo de comerciantes, compradores y peatones que se abrían paso en las banquetas invadidas. “Ya nos dieron permiso de regresar, nos habían ‘descansado’ porque iba a pasar Marcelo Ebrard, pero ahora ya podemos volver a ponernos”, confesó un joven mientras la voz de Javier Solís salía de los discos que el muchachito de cachucha vende afuera de la estación Juárez.

El regreso de los comerciantes a la calle de Balderas es evidente. Las banquetas están recién remodeladas, pero ahora son más estrechas y lucen de diferentes colores. En la zona de La Ciudadela, el color “oficial” de los puestos es el amarillo. Entre ese parque y la avenida Juárez, los puestos son rojos y verdes. Cada banqueta tiene su color. Frente a la Alameda Central, los vendedores tienen sus puestos pintados de color azul.

“Es el primer día que nos dejan trabajar, aunque no querían, pero como ayer fuimos a la delegación, ya nos dieron chance”, dijo una comerciante afuera de la Biblioteca México.

 

 



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