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El amaranto es clave para combatir obesidad infantil

TEXTO SARA PANTOJA [email protected] • FOTOS ALMA RODRÍGUEZ| El Universal
Sábado 20 de marzo de 2010
Preparan programa piloto para vender dulces nutritivos en las escuelas del Distrito Federal

 

 

Al sur de la ciudad de México, en el cerro del Teutli, allá donde los productores dicen que “se tienta el sol con el dedo”, hay al menos 220 hectáreas donde se siembra lo que llaman “el alimento del futuro” y la clave para combatir la obesidad infantil: el amaranto.

En el pueblo de Tulyehualco, en la delegación Xochimilco, se prepara un programa piloto para que las decenas de familias productoras y procesadoras de esta semilla típica de la región, elaboren productos para vender en las escuelas del Distrito Federal.

Con ello se pretende cambiar los altos índices de obesidad infantil entre los estudiantes y que en vez de comer comida “chatarra”, gusten de galletas, barras, dulces, frituras y demás presentaciones de este alimento rico en proteínas y de muy bajo costo de producción.

Por ejemplo, una barra de amaranto tiene las mismas proteínas que un bistec o un vaso con leche.

Rosas Márquez, secretaria de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec), informó que se trabaja en un programa piloto con algunas escuelas de la delegación Gustavo A. Madero, —por sus altos índices de marginalidad— para que el próximo ciclo escolar se empiece a vender productos de amaranto en las cooperativas.

“Hay una decisión del gobierno del Distrito Federal de entrarle en serio al problema de obesidad en los niños y con el amaranto lo vamos a hacer”, dijo en entrevista la funcionaria.

Para ello, comentó que ya hay un grupo de productores que tienen la capacidad material y humana para surtir la demanda de estos dulces milenarios.

Margarita García, responsable de Proyectos Especiales y Vinculación Comercial de la Sederec, explicó que ellos y la Secretaría de Desarrollo Social ya tienen pláticas con las mesas directivas de varias escuelas para que, a través de los padres de familia, se convenza a las autoridades escolares de introducir este alimento y que los niños lo puedan comer durante el recreo.

Se incluye también a la miel, el maíz, la fruta seca, los nopales, los dulces cristalizados y el piloncillo, entre otros productos originarios de las zonas rurales del Distrito Federal.

 

Alimento de dioses y hombres

El amaranto es una planta prehispánica que los habitantes del Valle de México usaban en ofrendas religiosas como símbolo de inmortalidad.

Estudios explican que las semillas se molían y se mezclaban con sangre humana para hacer figuras que ofrecían a los sacerdotes en las ceremonias de consagración de los muertos.

Además, junto con el maíz y el frijol, era parte de la base nutritiva de los antepasados. Cuando llegaron los españoles, disminuyó su uso por la prohibición católica de los rituales.

Al paso de los siglos, la riqueza de este alimento retomó su importancia y ahora científicos mexicanos y extranjeros le han puesto el ojo como “el alimento del futuro”. Baste recordar que en las misiones espaciales, el amaranto es esencial en la dieta de astronautas.

Con esos antecedentes, las autoridades capitalinas quieren enderezar el camino alimenticio de los menores estudiantes en la capital.

Su confianza se basa en la experiencia de haber incluido 500 gramos de este alimento en las despensas que la Secretaría de Salud entregó a mujeres embarazadas de escasos recursos en 2009.

 

Riqueza doméstica

El pueblo de Tulyehualco, en Xochimilco, es el principal productor de amaranto en la ciudad. Su clima y relieve son el escenario perfecto para su siembra que inicia a principios de mayo de cada año.

Actualmente son 220 hectáreas las que producen año con año, pero la Sederec, junto con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) planean llegar a las 300 con el aprovechamiento de terrenos “ociosos” que ya tienen detectados, dijo Rosa Márquez.

De la mano de este proyecto, la Sederec tiene ubicados a decenas de talleres caseros, donde la austeridad y el ingenio de los capitalinos generan los dulces que vemos en diferentes presentaciones en las calles, los mercados públicos y hasta en el Metro.

En un recorrido por varios talleres se observó que dedicarse a hacer dulces de amaranto es una herencia familiar que a duras penas sobrevive.

Hornos viejos y oxidados, moldes de madera hechizos, mesas antiguas y canastos usados son los instrumentos de trabajo que se encuentran en muchos talleres caseros en Tulyehualco.

Los amaranteros pidieron apoyo económico a la funcionaria para poder sembrar o comprar la semilla —que a veces traen de Puebla, Tlaxcala y Morelos— además para poder mejorar las condiciones de sus talleres.

El Programa Integral del Amaranto incluye esa ayuda, bajo la condición de que las mejoras involucren la capacitación de los productores en materia de sanidad y comercialización para que puedan tener la capacidad de crear la “marca Tulyehualco” del amaranto, además cumplir con todas las normas oficiales que den seguridad al consumidor.

“Que la gente tenga un mejor nivel de vida de sembrar y transformar y se contribuya a la buena alimentación de los niños”, expresó Rosa Márquez.

 

 



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