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Historia. Corrió tras ellos para evitar que escaparan

Cristina Pérez- Stadelmann| El Universal
Domingo 06 de abril de 2014

Video. Los acontecimientos se fueron encadenando hasta llevarlo a ser testigo, en primera fila, de todo lo ocurrido la noche en que Daniel, de 25 años, murió al ser arrojado a las vías del Metro en la estación Copilco

<b>Historia.</b> Corri tras ellos para evitar que escaparan

JUEGO MACABRO. Daniel Derek, de 25 años, murió el 2 de abril cuando un "amigo" lo empujó a las vías del Metro en la estación Copilco. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )


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Mario, de la Facultad de Filosofía y Letras, corrió tras ellos cuando vio que escapaban. Minutos antes, él lo había visto todo desde que ingresó al Metro.

Como una cadena de hechos, primero vio cómo cuatro jóvenes se saltaban el torniquete para acceder; vio cómo venían abrazados y tambaléandose; vio cómo se venían empujando; y vio sobretodo, cómo arrojaron a uno de sus compañeros a las vías para después huir.

Vio el cuerpo de un joven caer hacia las vías al tiempo que el vagón pasaba.

Recuerda que el vagón traía una sola luz. Le faltaba un faro. Fue un instante.

Recuerda también que el joven que cayó cargaba una maleta; lo vio extender las manos al caer.

Escuchó como alguien se quejaba de que llegaría tarde a su casa porque había un muerto en las vías.

En tanto, y en contraste, Mario tomó conciencia y corrió atrás de ellos para evitar que escaparan. Tomó a uno de sudadera gris, le hizo una llave y lo apresó.

Gritar pidiendo ayuda y correr para atraparlos fue una acción, a su decir, instintiva, consecuencia de lo que venía observando desde que los cuatro jóvenes entraron a la estación del Metro Copilco, la noche del miércoles 2 de abril.

“Me acuerdo sobretodo de un pelón, porque mi novia y yo hacemos una broma de los pelones. Los cuatro se venían empujando, incluyendo al chavo que arrojaron, era un juego macabro y muy violento pues se empujaban hacia las vías, un juego muy pendejo, sólo que esta vez a uno de ellos le tocó perder”, advierte.

Mario no los conocía. Sólo supuso que se trataba de cuatro estudiantes de la UNAM —igual que él— no sólo por la edad promedio de todos, sino porque a esa hora la estación de la Línea 3 se llena de jóvenes que van saliendo del turno vespertino.

Lugar correcto

Los acontecimientos se fueron encadenando hasta llevarlo a ser testigo, en primera fila, de todo lo ocurrido la noche en que Daniel Derek, de 25 años, murió al ser arrojado a las vías.

Mario y su novia se situaron cerca de los cuatro jóvenes, mientras estos seguían jugando a empujarse, y ellos esperaban el tren.

“Se empujaban muy rudo. Pensé en decirles que le bajaran, pero mi novia me pidió que no me metiera, no había policías en el andén, sólo uno de espaldas. Pensé en acercarme a él para decirle lo que estaba pasando, los empujones eran cada vez más violentos, más bien ya parecía una pelea entre los cuatro”, explica.

Pero, antes de poder avisarle a algún policía bancario de la bronca que traían “lo que vi fue cómo arrojaban a uno de ellos al andén con un empujón”.

Después Mario sabría que todos eran estudiantes de la Facultad de Derecho.

Reacción instintiva

Podría decirse, aunque Mario no lo vea así, que sin su participación este homicidio hubiera quedado impune, pues en el momento del accidente no había policías en el andén y por lo tanto, nadie que aprehendiera a los jóvenes que, después de empujar a su compañero, salieron huyendo quitándose las playeras para no ser identificados.

“Intentaron perderse entre la gente. Yo vi cómo el de la playera negra, el pelón, se la quitó para no ser identificado, corrí tras él. Mientras tanto mi novia me pedía que nos fuéramos, pero mientras lo hacíamos nos encontramos a otros policías”.

Fue Mario quien primero avisó a un policía que estaba en la salida del Metro, “y ante la no acción pronta del policía bancario, pues decidí correr para agarrarlos. No lo pensé, solo sabía que no se podían escapar, mi novia gritaba asustada; le pedí que me esperara en el anden y salí tras ellos. Eran casi las 22:30 de la noche”.

Para Mario, los tres jóvenes son igualmente responsables de lo ocurrido, pues todos se empujaban entre sí. Y quiere aclarar que le parece injusto que sólo se hubiera consignado a uno.

Finalmente y después de cerciorarse de que todos están en las patrullas, Mario regresa por su novia a la estación. ¿Qué por qué lo hizo? “Fue porque mis padres me han enseñado a ser un buen ciudadano. Fue un juego bastante estúpido, estaban muy alcoholizados como para tener reflejos”.

“El alcohol nos está destruyendo a los jóvenes; siento que hay una total desesperanza y cada vez se consume más alcohol entre nosotros; y por como yo los vi, esos chavos ya llevaban un buen rato tomando”, lamenta.

Desde el miércoles, Mario no logra dormir y ha evitado pisar la estación Copilco a pesar de que es su camino hacia la Facultad.

“Dicen que ahí hay una mancha con cal; cierro los ojos y veo cada noche el convoy venir hacia mí, quizá estuve ahí para ayudar, no lo sé”, concluye.



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