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El Nobel le da la espalda a las mujeres

Entre las 357 personas reconocidas con el codiciado premio en las áreas de física, química y medicina entre 1901 y 2012 sólo figuran 16 investigadoras

Su participación aún es escasa en numerosas actividades. (Foto: Especial )

Lunes 07 de octubre de 2013 Guillermo Cárdenas Guzmán | El Universal00:10

Hacia los años 30 del siglo pasado las mujeres no podían entrar al observatorio de Monte Wilson, en California (EU). Por eso, la astrónoma Vera Rubin tenía que buscar una forma ingeniosa para acceder a las mismas instalaciones donde Edwin Hubble detectó la expansión del universo.

Rubin, enfocada a estudiar el movimiento de las galaxias, solicitaba horas de uso del telescopio a nombre de su marido Robert. Y como el edificio no tenía sanitarios para mujeres -razón alegada para negarles el paso- ella simplemente recortaba un papel con la silueta femenina y lo colocaba en la entrada.

Vera Rubin estaba convencida de que -según lo cuenta el divulgador Pere Estupinyá en su libro El ladrón de cerebros, de Editorial Debate- "cuando se jubilaran los científicos machistas de la época, la nueva generación de jóvenes ya acostumbrados a trabajar con mujeres sería muy diferente".

El panorama no ha cambiado mucho: pese a los indudables avances sociales de las mujeres en décadas recientes y a que representan aproximadamente la mitad de la población, su participación aún es escasa en numerosas actividades, incluida la ciencia. Esto puede apreciarse en diversos indicadores, como los premios Nobel.

Hasta el año 2012 un total de 862 personas u organizaciones habían sido laureados con el premio; de ellos, 44 se otorgaron a mujeres. En los campos de la ciencia el número es aun menor: sólo 10 galardonadas en Medicina; cuatro en Química y dos en Física. Marie Curie es una notable excepción: lo recibió dos veces.

Si se considera también el Premio en Ciencias Económicas -instituido por el Banco Nacional de Suecia en 1969, que técnicamente no se considera un Nobel- la cuenta no cambia mucho: sólo una mujer ha recibido esta distinción, la estadounidense Elinor Ostrom, en 2009.

Reflejo de la realidad

"No creo que haya una discriminación como tal en la selección de los Premios Nobel. Eso sólo refleja los números totales de mujeres y hombres que hay en la ciencia en todo el mundo", comenta la investigadora Susana López Charretón, del Instituto de Biotecnología de la UNAM en Cuernavaca.

La viróloga, quien recibió el Premio L'Oréal-UNESCO La mujer en la ciencia 2012 por sus estudios sobre rotavirus, recuerda que hay muchas menos líderes de grupos de investigación (frente a los varones) y en consecuencia, los premios sólo son un reflejo de tal situación. 

"Esperemos que eso cambie". 

En efecto: la inequidad y la discriminación han obligado a muchas investigadoras a buscar formas ingeniosas para superar reglas o situaciones limitantes, como lo documenta Sharon Bertsch McGrayne en su libro Mujeres galardonas con el Nobel en ciencia: sus vidas, luchas y hallazgos impetuosos.

Un ejemplo citado por McGrayne es la batalla que libró la bioquímica Gerty Cori en Estados Unidos, que en 1947 se convirtió en la primera mujer en obtener el galardón en el área de Fisiología o Medicina, mismo que compartió con su esposo, el médico y bioquímico Carl Ferdinand Cori y con el fisiólogo argentino Bernardo Houssay.

En contraste con su marido, Gerty enfrentó grandes dificultades para conseguir puestos de investigación y los pocos que obtenía eran mal remunerados. Al final, sin embargo, su trabajo en el hallazgo del proceso por el cual el glucógeno se convierte en ácido láctico en los músculos fue reconocido.

Muchas otras mujeres científicas -advierte McGrayne- permanecieron solteras, pero se les asignó una carga tan pesada con las labores de docencia que no pudieron realizar estudios originales. La situación no era muy diferente en Europa, al menos en la primera mitad del siglo XX, según narra el historiador Robert Marc Friedman.

En su libro La política de excelencia: detrás del Premio Nobel en Ciencia, Friedman recuerda que las mujeres han enfrentado grandes barreras para acceder a la educación superior, sobre todo a las instituciones con la infraestructura necesaria para desarrollar ciencia de vanguardia.

Franklin: omisión histórica

En otros casos menos afortunados las mujeres han sido borradas de la lista de colaboradores dentro de grandes proyectos de investigación. Así sucedió con la biofísica británica Rosalind Franklin, quien con la técnica de difracción de rayos X logró visualizar la estructura molecular del ADN, el código de todos los seres vivos.

La imagen de una fibra vegetal que tomó Franklin (conocida como la fotografía 51) tras revelar la placa sometida a rayos X fue un elemento decisivo para fundamentar la hipótesis de la estructura en forma de doble hélice del ADN, que luego sustentaron James Watson y Francis Crick en un artículo difundido en la revista Nature en 1953.

Maurice Wilkins, un físico que también participó en el descubrimiento del ADN, había trabajado con Franklin en la descripción de esta molécula con apoyo en imágenes obtenidas mediante difracción de rayos X. Sin el permiso de ella, el científico mostró ese material a Watson y Crick, quienes pudieron fundamentar su hipótesis.

Wilkins, Watson y Crick fueron distinguidos con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962, mientras Rosalind Franklin -quien había fallecido cuatro años antes, aquejada por cáncer, tras su regreso a Inglaterra para trabajar como investigadora asociada en el King's College- quedó relegada de las páginas de gloria de la ciencia.

FAMILIA DE ESTIRPE NOBEL

Si alguna familia puede presumir de tener títulos nobiliarios por mérito propio es sin duda la que formaron los físicos franceses Marie y Pierre Curie, pioneros en el estudio de la radiactividad.

Su colaboración los condujo a la descripción de dos nuevos elementos químicos, el polonio y el radio, similares en sus propiedades analíticas al bismuto y al bario, respectivamente.

Encontraron que un mineral conocido como pletchblenda era más radioactivo que el uranio y, por tanto, debía contener otros elementos con dicha propiedad.

En 1903 ambos fueron reconocidos con el Nobel de Física por sus hallazgos sobre el fenómeno de la radiación descubierto por Henri Becquerel, con quien compartieron el galardón.

En 1911, Marie -que entonces había quedado viuda, tras de que Pierre sufrió un accidente- recibió en solitario otro Nobel, el de Química. Se convirtió así en la primera mujer en obtener el galardón y en hacerlo dos veces.

Iréne Joliot-Curie, hija de aquel matrimonio, también conquistó este mismo galardón en 1935, junto con su esposo Frédéric Joliot, por sus trabajos para obtener nuevos elementos radiactivos.

En 1937 se convirtió en profesora de la Facultad de Ciencias de París y directora del Instituto del Radio, en 1946.

En 1938, su investigación acerca de la acción de los neutrones sobre núcleos de átomos pesados fue un paso decisivo para conseguir la fisión del uranio.

Además de ser defensora de las causas femeninas (fue integrante del Comité Nacional de la Unión de Mujeres Francesas) participó en el diseño y construcción del primer reactor atómico francés.

kal 



 

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