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Un adiós que supo a muerte

El romance entre el visionario Nicolas Ghesquière y la venerable casa Balenciaga llega a su fin tras 15 años

. (Foto: Especial )

Sábado 10 de noviembre de 2012 Bernardo Hernández | El Universal00:39

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El Fashion System no podría sobrevivir sin las necesarias vueltas de tuerca que, en ocasiones, se convierten en verdaderos tsunamis mediáticos. Tal es el caso de la noticia que hace unos días inundó las redes sociales e Internet con notas en las cuales parecía que, en vez de separase de su cargo como director artístico de la casa Balenciaga, Nicolas Ghesquière había muerto. Algo semejante a lo que ocurrió cuando John Galliano fue despedido de Dior o Carine Roitfeld decidió ponerle punto final a su estadía en el Vogue francés.

Sin embargo, en el caso de Ghesquière llama la atención que los adoradores de la contemporaneidad y los Freaks & Weirdos del glamour se hayan rasgado las vestiduras con una vehemencia sólo equiparable a la psicótica atracción que las estrellas del rock o las luminarias del séptimo arte ejercen en sus fanáticos. Esto confirma el estatus de celebridad que han adquirido los diseñadores.

Mediante un comunicado de prensa tan cálido como un trozo de hielo, se informó que la firma Balenciaga y Ghesquière habían decidido "de mutuo acuerdo poner fin a su colaboración", iniciada en 1997. La separación (¿divorcio?) será efectiva a partir del 30 de noviembre, precisó la empresa fundada por el modisto español Cristóbal Balenciaga (1895-1972), que el grupo de lujo francés PPR adquirió en 2001. En el comunicado, el Presidente y Director General de PPR, François-Henri Pinault, alabó al couturier y celebró "su raro talento creador", con el que "supo hacer una contribución artística esencial a la casa Balenciaga para lograr el posicionamiento único que tiene la marca".

 

¿Raro talento creador? Esta frase tiene muchas aristas, pero analizándola desde el lado más amable, se puede concluir que tal vez lo que Pinault quiso decir es que Ghesquière es todo menos predecible, como cualquier genio que se precie de serlo, ¿no es así?

EL CHICO QUE RESCATÓ UNA LEYENDA

Desde su trinchera en el Herald Tribune, Suzy Menkes definió a Ghesquière como el "diseñador más interesante y original de su generación", un halago que ayudó a catapultar la trayectoria de un chico que en 1997, a sus 26 años de edad y siendo aún relativamente desconocido, fue nombrado estilista de la Maison Balenciaga, tras la partida de Josephus Thimister.

Ghesquière tenía un año de edad cuando, en 1972, falleció Cristóbal Balenciaga, el creador descrito por Christian Dior como "el maestro de todos nosotros".

Al joven diseñador le esperaba una ardua tarea, misma que ejecutó admirablemente, consolidándose en la última década como el talento contemporáneo más aplaudido de la capital francesa. Pese a no haber recibido una formación profesional, Ghesquière se interesó por la moda a una edad precoz, laborando al lado de Agnès B y Corinne Cobson, mientras estudiaba en el instituto de Loudon, en el centro de Francia.

A los 19 años trabajó como diseñador adjunto de Jean Paul Gaultier, y a partir de 1995, además de trabajar esporádicamente junto a Mugler y Kelian, y de desempeñar el cargo de estilista en Trussardi, Ghesquière participó como diseñador independiente para las franquicias de la marca.

Fue entonces cuando se reconoció su talento y fue contratado para crear la línea principal de la casa.

 

SE CIERRA UN CICLO

"En su trabajo, Ghesquière utiliza con frecuencia un diálogo de extremos, combinando y contrastando con habilidad un estilo cerebral y arquitectónico con una forma de ornamentación más bien sobrecargada", apuntan Terry Jones y Avril Mair en el libro Fashion Now. Sin embargo, cabe la interpretación de que sus colecciones juegan con las contraposiciones binarias que han forjado la historia de la casa Balenciaga: las diferencias entre el pasado y el presente, la Haute Couture y el Prêt-à-Porter, la austeridad y el exceso.

Todas ellas indican, según los analistas, su interés por el pasado sin copiarlo ni recrearse nostálgicamente en él, así como la idea de una conciencia colectiva. Y la industria lo ha sabido reconocer, como lo demuestra el galardón Avant Garde Designer of The Year, que recibió en 2000, por parte de la revista Vogue y la cadena televisiva VH1.

No obstante, el mayor logro de Ghesquière es haber rescatado del olvido una firma que durante varios años careció del lustre y la trascendencia que merecía. Fue él quien gracias a su dedicación, talento y visión de la moda puso nuevamente en el mapa internacional el nombre de Balenciaga, dejando el listón muy alto a su predecesor, y cerrando su ciclo con la colección primavera/verano 2013, presentada el septiembre pasado en París.

En 1968, renuente a producir una línea Ready to Wear, el maestro Cristóbal Balenciaga cerró su atelier de Alta Costura y dijo: "No queda nadie a quien valga la pena vestir". Esta frase -demoledora, temeraria, inmortal- parece flotar de nuevo por los pasillos de la legendaria Maison, donde los vientos del cambio, tan inciertos como irrefrenables, amenazan con desdibujar tres lustros firmados con el sello de un creador de excepción: Nicolas Ghesquière.



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