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Lunes 11 de abril de 2011 Octavio Islas | El Universal
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Nada como leer a Octavio Paz para amortiguar, un poco, un instante, el profundo dolor que hoy siento por mi atribulado país.

"El espejo indiscreto" fue el título de un formidable texto de Octavio Paz, que inicialmente fue publicado en el último número de la revista Plural, bajo su dirección (1976). En el referido escrito, el ensayista especuló sobre las razones de las profundas diferencias culturales que es posible advertir entre México y Estados Unidos.

Estados Unidos -afirmó Paz- admite ser considerado como nuestro "espejo indiscreto",  pues en su presente muchos mexicanos desearían ver el posible porvenir de nuestra nación.

Por supuesto que en el citado ensayo, el escritor omitió referirse a Colombia. Sin embargo, en nuestros agitados días, este país se proyecta como obligado referente en la perspectiva de nuestro tiempo histórico, un "espejo humeante", y en ese espejo debemos aprender a reconocernos.

A partir de 1964, Colombia ha resentido los efectos de una prolongada guerra civil, que en principio fue justificada con persuasivos argumentos ideológicos (las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo o FARC-EP, un grupo guerrillero, afirman, inspirado en la filosofía marxista-leninista. Por supuesto, los amplios dividendos del narcotráfico desplazaron los nobles propósitos igualitarios que en principio pregonaron las FARC. A la fatalidad de este grupo, se sumaron los paramilitares, quienes en principio combatían a la guerrilla.  

A través de Facebook, principalmente, el pueblo colombiano decidió involucrarse en la marcha del 4 de febrero de 2008, acto conocido como "un millón de voces contra las FARC", cuyo lema fue "Colombia soy yo".

El jueves 6 de marzo, en más de 20 ciudades de Colombia y en algunas de las principales capitales en el mundo, millones de personas se manifestaron por la paz, por las víctimas de la violencia y contra el terrorismo de Estado en Colombia.

El Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado fue uno de los principales promotores de tan ejemplar jornada cívica, en la cual las redes sociales no sólo cumplieron útiles funciones informativas, fueron plataformas fundamentales en la organización de tan comprometido activismo cívico, que denunció la existencia de "parapolíticos" que responden a los intereses de las FARC, los paramilitares o los cárteles colombianos que hoy operan con mucho mayor discreción.

El lunes 28 de marzo del año en curso fueron asesinadas siete personas en el municipio de Temixco, Morelos; Juan Francisco Sicilia, hijo de Javier Sicilia, reconocido poeta y periodista, fue una de las víctimas.

A través de la cuenta @mxhastalamadre, Javier Sicilia exhortó a la ciudadanía a expresar su enérgico rechazo a la violencia imperante en el país y convocó a manifestarse contra ella  el miércoles 6 de abril.

En 32 ciudades de México se registraron manifestaciones contra la violencia. Además se llevaron a cabo diversos actos  en solidaridad con el pueblo mexicano en Barcelona, Buenos Aires, Chicago, Los Ángeles, Nueva York y París, entre otras ciudades.

La exitosa jornada cívica, efectivamente resultaría impensable si la convocatoria hubiese partido de los medios convencionales. El poder de los nuevos medios sociales no radica en la formidable capacidad para informar a la sociedad sobre determinados asuntos de interés público, sino en estimular el activismo ciudadano, particularmente si se trata de objetar el absurdo de la violencia.

*Doctor en Ciencias Sociales, director del Proyecto Internet-Cátedra de Comunicaciones Digitales Estratégicas del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México.

eca



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