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Mazatlán, ese viejo renovado

Estas calles antiguas se han ido restaurando con los años. No muchos lo saben, pero el centro histórico del puerto es culto, carismático y teatrero
Domingo 13 de diciembre de 2009 GRETEL ZANELLA [email protected] | El Universal
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MAZATLÁN, Sin.–  Ignoré el Señor Frog’s  y sus margaritas desabridas. En vez de la zona dorada elegí en el extremo del puerto,  un hotel boutique al final del malecón, frente a la estatua en bronce de Pedro Infante arriba de una moto.

Un fin de semana caminé el viejo Mazatlán, me lo devoré con los ojos y tomé cuanta foto pude:  puertas,  ventanas,  fachadas de arquitectura neoclásica tropical:     rojas, naranjas encendidas, verdes pistache, azules y amarillas canario. La pintura en algunas se mantiene descarapelada, desde quién sabe cuándo.  Por mi podrían dejar tal cual los tabiques  a la vista  de varias paredes derruidas. Los aficionados a la foto  seguro se darán vuelo.

A Mazatlán me lo bebí en cerveza  al mediodía, frente al malecón, con unos callitos bañados en limón y salsa, de esa que te hace sufrir por un   rato, pero que sigues embarrando en un  pedacito de tostada.

También me lo saboreé hasta hartarme y darme cuenta en la báscula de mi habitación que había aumentado un kilo  400 gramos. Eso fue el domingo, antes de volar  al DF, melancólica y enamorada de todo lo que vi. 

La vida culta

Al centro histórico le comenzó a latir de nuevo el corazón en 1987, con el trabajo de recuperación del teatro Ángela Peralta. Por  cierto, ya cumplió 130 años de presentar ópera, conciertos sinfónicos y  de  música barroca.

Luego siguió la plaza Machado, el núcleo de la parte antigua. Alrededor de ella se abrieron bares y restaurantes como Pedro y Lola y Domitila en el edificio Juárez. 

En contraesquina está el Centro Municipal de las Artes y, al lado, el teatro, los motores de la vida cultural de todo Mazatlán, sin contar sus   museos de Arte y el Arqueológico, más sus  galerías y talleres.

Déjenme decirles que, además de martinis y coctelitos, cenas gourmet acompañadas de buenos vinos y el ambiente hip de sus bares, todo el año hay conciertos de música clásica y de jazz, exposiciones  y ballet clásico.

Además del carnaval, se organizan festivales de cine y poesía. Precisamente, ahora y hasta el 20 de diciembre se está llevando a cabo el Festival Cultural Mazatlán 2009, el más importante de todo el estado.

En cuanto a alojamiento,   viejas casonas se han convertido en  bed & breakfast, como el Casa de Leyendas, o en hoteles boutique como el Melville y el Casa Lucila de sólo ocho habitaciones y un pequeño spa.

Me cuenta Ricardo Urquijo, director de Turismo Cultura de la Secretaría de Turismo de Sinaloa, que de todo el viejo Mazatlán sólo falta   25% por  restaurar.

Ya verán, si lo caminan bien, también encontrarán graffitis de fotografía  y placas en las fachadas que dan cuenta de que alguna vez pasaron por ahí personajes como Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Pablo Neruda, Amado Nervo y otros. Para mi, la mejor es la del hotel La Siesta, en Olas Altas, dedicadas al autor de On the Road.

Los atardeceres

El escenario podría ser el cerro del Vigía o el Paseo Centario, aunque muchos prefieren contemplar la puesta de sol desde un bar del Paseo Olas Altas. Otros prefieren sentarse en la barda del malecón, a solas.

Mazatlán estaría incompleto sin sus atardeceres y sus rayos verdes que pocos tienen el privilegio de ver. La tarde tiene que estar despejada, no hay que parpadear ni distraerse en el último segundo de vida del astro. Entonces, con mucha suerte, se nos puede cumplir este deseo.



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