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Realizan ritos precolombinospara la Madre Tierra en Bolivia

Miles de bolivianos acuden en agosto a las explanadas del altiplano andino para pedir a la Madre Tierra, en un ancestral rito precolombino; hacen peticiones sobre lo que esperan para los próximos doce meses
La Paz | Sábado 02 de agosto de 2008 EFE | El Universal09:21

Como si de un gran "supermercado de los deseos" se tratara, miles de bolivianos acuden en agosto a las explanadas del altiplano andino para pedir a la Madre Tierra, en un ancestral rito precolombino, lo que esperan para los próximos doce meses.

Son las denominadas "coachadas" o peticiones a la Pachamama -la Madre Tierra- que se celebran a lo largo de este mes para bendecir el coche, la casa o el negocio y pedir prosperidad, salud, dinero y bienes para toda la familia.

El ritual coincide con el comienzo de la etapa más fértil para los cultivos de la zona. Según la tradición aimara, tras recoger la cosecha en febrero, la tierra descansa y es ahora, a principios de agosto, cuando ésta se despierta con hambre y hay que saciar sus deseos.

Desde el amanecer del 1 de agosto, cientos de coches, furgonetas y camiones decorados con flores se amontonan en los templos sagrados para estos rituales, las "apachetas" (grandes explanadas del altiplano) a la espera de ser bendecidos por un sacerdote que entona un ritual y riega los vehículos con alcoholes.

En familia, con comidas típicas, bastante cerveza y en ocasiones con música, bailes y cantos, los fieles no escatiman en sus ofrendas a la Madre Tierra que incluyen alimentos, alcohol, flores y hasta el sacrificio de animales como gallinas o llamas.

"Mantenemos las tradiciones de nuestros antepasados con este tipo de ceremonias, pero ya muchas de las características originarias se han perdido", aseguró a Efe Antonio Chahua, uno de los asistentes al ritual en la ciudad de El Alto, aledaña a La Paz, mientras celebra con unos amigos que su furgoneta acaba de ser bendecida.

A unos metros, Eli Gutiérrez, una maestra consejera, como le gusta hacerse llamar, dirige una "Wajt`a", otro de los rituales aimaras que se mantiene en vigencia hoy en día y al que, en esta ocasión han acudido 21 familias.

Doña Eli, que goza del respeto de muchos indígenas en esta zona del altiplano boliviano, dirige una ceremonia donde se queman mesas llenas de objetos simbólicos y preparadas de acuerdo a los ruegos de los clientes que, en esta ocasión, piden prosperidad para sus negocios.

"Colocamos una figura de llama para atraer a los clientes, el trabajo y el progreso; las uvas significan oro y dólares; la manzana tiene cuatro corazones, es para tener buen augurio; la papaya y la piña significan movilidad, el coche, el transporte; las lanas blancas son la neblina del cielo y las de colores, el arco iris", explica la sacerdotisa aimara.

Tras rezar un ritual en español que mezcla los deseos que quiere cada familia con nombres de santos, la sacerdotisa sacrifica tres gallos y quema todas las mesas con ofrendas al grito de "hallalla" -viva, en aimara- ante las caras de felicidad de sus devotos.

En otro lugar del mismo descampado, se produce otro ritual, el "wilancha", reservado a las familias más pudientes ya que incluye el sacrificio de una llama que cuesta cerca de 800 bolivianos (unos 110 dólares).

Quien lo dirige es un "amauta" o sabio que se sitúa al lado del hoyo donde más tarde se enterrará a la llama sacrificada como alimento para la tierra.

Mientras las mujeres se afanan en llenar con hojas de coca el hoyo, los hombres de la familia culminan el ritual de sacrificio de la llama y riegan de cerveza a todos los asistentes.

La fiesta se extiende hasta la caída del sol, cuando las familias, cansadas o con algunas dosis de alcohol de más en el cuerpo, regresan satisfechas a sus casas esperando que sus deseos se cumplan.



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