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Usan la violencia para socializar en la “secu”

Cinthya Sánchez| El Universal
Lunes 05 de octubre de 2009
Usan la violencia para socializar en la secu

PELIGRO. Aunque alumnos consideran su escuela como un lugar inseguro, la mayoría indica que es su refugio, pues recurren a agresiones para imponerse a los compañeros . (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Especialistas trabajan con estudiantes de “El reclu”, quienes beben y se drogan. Sin atención adecuada, las riñas aumentan

cinthya.sanchez@eluniversal.com.mx

Entre cinco mataron a golpes a una niña de primero. Fue en una fiesta en Iztapalapa. Les caía gorda por bonita. Siempre le envidiaron sus zapatos y los pasadores de estrellas rosas que sostenían su fleco. Estaban borrachas, violentas, ardidas. Nunca fueron castigadas. Hoy cursan tercero de secundaria, comparten pupitre con compañeros recién salidos del Tutelar para Menores o con hijos de padres que forman parte de la población del reclusorio de la zona.

Estudian juntos en una secundaria de la colonia Iztapalapa, la conocen como “El Reclu”, así le llaman vecinos, maestros, alumnos y autoridades de la delegación. Un micromundo que refleja a la sociedad en una escuela deteriorada, con pintura rasgada y bancas oxidadas.

 

En “El Reclu” estudian 200 alumnos, 90% de ellos consume inhalantes y solventes, sus primeras drogas no las consiguieron con dealers, las tomaron prestadas a sus padres, tíos, al negocito de la abuela o se las regaló un vecino.

 

Viven en colonias donde la violencia sirve para socializar. Dos de cada 10 de las estudiantes han sido abusadas sexualmente por sus familiares. A la mayoría los han corrido de otras secundarias. Son más grandes que la media, rondan los 16 años. Aún así, la escuela es su refugio, su lugar, aquí en “El Reclu” se sienten seguros. Conviven a sapes, con agresiones verbales y a “madrazos”, para ellos es normal, son sus formas.

 

A este escenario, como parte de una investigación, llegaron 20 especialistas en psiquiatría, trabajo social, violencia de género y derechos humanos, fueron comandados por Rus Sounk, un estadounidense especialista en violencia de género. El objetivo fue intervenir para bajar los índices de violencia que preocupaban a la delegación Iztapalapa y la Comisión de Derechos Humanos del DF.

 

El día que llegaron, una maestra lloraba de coraje, le habían orinado su banca. No era la primera vez. “Fue impactante, la primer mañana que llegamos a las instalaciones los especialistas salimos deprimidos, la escuela estaba deteriorada, con vidrios rotos, pintura desgastada, los alumnos eran irrespetuosos, los maestros estaban frustrados”, dice Luciana Ramos, coordinadora del proyecto de intervención e investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría.

 

Cuenta que los profesores estaban incrédulos de que el equipo pudiera hacer algo “¿En serio si nos van a ayudar?”, preguntaban. El equipo comenzó con una encuesta, los resultados fueron reveladores, 17% de las chicas y 4% de los hombres habían sido abusados sexualmente por sus familiares, 100% consume alcohol y por lo menos 90% algún tipo de droga; 50% dijo que conseguir drogas era fácil en la cuadra.

 

El poder lo tenían los de tercer año, ellos controlaban a los demás. “Lo sorprendente es que los niños de primer año anhelaban llegar al grado para ser los líderes y dejar se sentirse vulnerables”, señala la especialista.

 

 

 

Problema poco atendido

Para Luciana Ramos, esta escuela sólo es una pequeña parte de un problema nacional. “La violencia en las escuelas es un terreno poco explorado, no está investigado, apenas existen un par de encuestas a nivel nacional, pero no hay políticas públicas que intervengan de forma adecuada en las secundarias”, dice.

La violencia en las secundarias tiene sus propias cifras, pues cuatro de cada 10 jóvenes señalan burlas y apodos; tres de cada 10 golpes y abusos y cuatro de cada 10 consideran que las intimidaciones también vienen de las y los profesores, esto según el Estudio Cualitativo Deserción en Secundarias del Distrito Federal, Problemas de Derechos Humanos, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en México.

 

Es más, uno de cada tres estudiantes considera a la secundaria un lugar inseguro; uno de cada tres dice que sus compañeros son peligrosos y cuatro de cada 10 que la colonia donde vive n no es segura, esto de acuerdo con otra investigación: Panorama de la Educación Secundaria en el Distrito Federal, Bases para la Acción, de la Administración Federal de Servicios Educativos de la SEP.

 

A nivel internacional también se ha documentado el problema.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha reportado a México como el país con el ambiente escolar más violento en secundarias, pues en seis de cada 10 hay abusos, intimidación y agresión verbal; en 47% de ellas las y los alumnos agraden a los profesores y 51% de las y los maestros entrevistados aseguró que en las y los estudiantes había posesión de drogas o alcohol.

 

 

Las peleas, todo un show

La violencia también se documenta en Internet. A las encuestas se le suman los más de dos mil videos que aparecen en YouTube con títulos como “Putazos en el recreo”, “Vicky vs Itza”, “Madrazos a la salida”. Son escenas que se repiten, chicos o chicas con uniforme de secundaria diurna o técnica, arrancándose el cabello, arrastrándose, rodeados de mirones con celular que graban la pelea.

Es por eso que para Luciana Ramos y su equipo de especialistas, “El Reclu” no está lejos de la realidad escolar del país. indica que la violencia también se da de los profesores y sobre todo de los prefectos que ejercen violencia institucional.

 

Según un informe sobre violencia, disciplina y consumo de sustancias nocivas en los planteles educativos, elaborado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), 25% de los alumnos participa en actos de violencia.

 

Los agresores repiten el perfil: Son de tercer y segundo grado, en su mayoría hombres, tienen bajas calificaciones y han cambiado de escuela, otra característica es que la mayoría van en el turno vespertino, han vivido violencia en casa y sus familias son disfuncionales.

Ya en 2000 se consideraba que 15.1% de los adolescentes y 10.7% de las adolescentes de 6 mil 225 estudiantes de secundaria en el Distrito Federal, había participado en peleas en la escuela, según la Encuesta denominada “La Evolución del Consumo de Drogas en Estudiantes del Distrito Federal”, realizada por el Instituto Nacional de Psiquiatría y la Secretaría de Educación Pública.

 

Ocho años después se calcula que 25% ha participado en actos violentos y 60% reporta abusos verbales como burlas o lo que se conoce como bullying.

Tal vez por eso uno de cada tres estudiantes considera a la secundaria un lugar inseguro y también que sus compañeros son peligrosos.

 

 

Programas inútiles

El Programa Escuela Segura se creó con la finalidad de generar un ambiente que favorezca el desarrollo integral de los alumnos de primaria y secundaria. Colocaron cámaras de video y comenzaron a revisar las mochilas en busca de drogas y armas. No funciona; la violencia y el acceso a las drogas sigue tomando fuerza en las secundarias del país.

Para la doctora Luciana Ramos, no hay nada más equivocado que dicho programa. “Tratan a los alumnos como delincuentes, no sirve de nada colocar cámaras y revisar mochilas cuando la violencia la ejercen fuera de la escuela. La droga la consiguen en casa y las peleas se hacen a 50 metros de la puerta”, dice.

 

Explica que es un sistema represivo contra los estudiantes y al mismo tiempo violento, es lo que podríamos llamar violencia institucional. “Hay que dejarlos de ver como la basura de la sociedad e impartir talleres a profesores de sensibilización, trabajar con los jóvenes, canalizarlos a terapias psicológicas”, dice.

Tan no funciona Escuela Segura, dice, que a pesar de que en el programa está implementado, nada detiene la ola de violencia que se ha desatado en el país y que se ha introducido aun a las aulas.

 

 

La ayuda

Sin embargo, hay programas que funcionan, como el de la Comisión de Derechos Humanos del DF; una red de apoyo de psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y especialistas en justicia, tratan de dar un apoyo a jóvenes que viven en zonas de riesgo por la violencia.

“El programa se ha implementado en delegaciones como Iztapalapa, de por si complicada, y ha funcionado, es mejor que revisar mochilas”, dice Ramos.

 

Asegura que las escuelas son espacios donde está ocurriendo mucha violencia, por eso “tenemos la oportunidad de hacer intervenciones oportunas para frenarla. La experiencia internacional nos dice que ahí es donde se puede hacer un trabajo de prevención”, señala.

 

En “El Reclu” se intentó. Por dos meses, los especialistas sensibilizaron a profesores y alumnos, les hicieron ver que lo que para ellos es una relación normal se trata de violencia. “Los hicimos conscientes, falta mucho, pues para echar atrás está cultura necesitamos trabajar con los 200 niños por tres años”, explica.

 

Ramos afirma que hay mucho por hacer y también esperanza: “Nos dimos cuenta a que los chavos les gusta la escuela, la mayoría ve a los profesores con cariño, a pesar de que son violentos con ellos”.

 

 

 



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