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Adultos que viven una segunda adolescencia

Cinthya Sánchez| El Universal
Domingo 15 de julio de 2007
Tienen entre 25 y 35 años de edad, buscan experiencias extremas para extender su juventud, pero con permiso y dinero propios. Son adultescentes, un fenómeno que se extiende en México

Viernes de quincena. En la larga fila del Pata Negra están formadas Ana Laura de 29 años y Valentina de 25, ambas esperan que los numeritos rojos marquen el turno 133 para entrar. Antes de ellas, con el 132 se coló un grupo de menores de edad alcahueteadas por minifaldas, maquillaje y botas largas. El 134 le tocará a un cuarteto de “treintones”. Aunque en plena fila del antro más popular de la Condesa la edad ni se nota. Si se notara tampoco importa, porque todos utilizan ropa deportiva como urbana, cargan los mismos gadgets y sus Ipods almacenan la misma música. No hay generaciones divididas. Todos son jóvenes, porque todos consumen para serlo.

Aunque no sólo ahí las fronteras entre una generación y otra se han borrado, sino en casi todos los productos que pueden consumir los adultescentes quienes a sus 25 o 35 años viven su segunda adolescencia, sólo que esta vez no les duele nada, al contrario, andan en busca de diversión con la tarjeta de crédito disponible y con permiso propio. Son el target más buscado de la publicidad en México. El resultado de la mezcla perfecta para el mercado: alma de niño y cartera de adulto.

Gastan más de 80% de lo que ganan en ellos mismos. Muchos son profesionistas, tienen trabajo y, en algunos casos, también pareja estable. En España se popularizaron como el síndrome de Peter Pan. En algunos países de América Latina se les bautizó adultescentes, en Estados Unidos se les llama kidults —por la unión de las palabras en inglés de kid y adult. Se trata de un fenómeno social que, con distintas denominaciones, echa raíces y se extiende en México.

Rey es el ejemplo perfecto de esa masa de jóvenes, principalmente urbanos, tiene 32 años y dice disfrutar los beneficios de crecer sin compromisos. “Tengo claro que soy un adultescente”.

Para él todo es más fácil a los 30. “Tengo más dinero, más experiencia. La crisis de los 30 me duró un día. Se esfumó cuando me vi al espejo y el reflejo me enseñó a un personaje de pelos largos, delgado y que realmente lucía joven”, dice.

A Rey le pasó lo que muchos de los adultescentes que hoy siguen de fiesta. Hasta hace 10 años siempre convivió con gente mayor que él, después de cinco años, el asunto de edad se emparejó y ahora la gente con la que se divierte tiene en promedio cinco años menos que él.

Según un estudio antropológico realizado por el equipo de Planning de la agencia de publicidad JWT, en México los adultescentes marcan una nueva tendencia que tiene que ver con el individualismo, postergar el matrimonio y gastarse el dinero en ellos mismos. “Están pendientes de la moda, de los nuevos modelos de automóviles, buscan experiencias extremas para extender su juventud. Viajan y se divierten en grupo sin que necesariamente sean vagos y tienen independencia económica”, dice Mariana Hernández, directora de Planning de JWT.

En 2005, por ejemplo, los mexicanos jóvenes gastaron 80 millones 296 mil pesos en servicios y artículos de educación y esparcimiento, incluyendo paquetes turísticos, según la Encuesta de Gasto del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). Para la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), los adultescentes gastan 16% de su ingreso total en gadgets, entre de 8 y 45 mil pesos.

En términos de mercadotecnia son adultescentes, en sociología se les conoce como “fenómeno de la adultez”, así lo afirma Héctor Castillo Barthier investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Pues a pesar de que el Banco Mundial considera población joven hasta los 25 años y en México el Instituto Nacional de la Juventud hasta los 29 años, “finalmente los rangos de edad joven se alargan junto con la expectativa de vida”, dice.

Para Castillo Barthier estamos viendo un envejecimiento de la población y el concepto joven representa toda una serie de cuestiones ligadas al consumo. “Se están llevando a cabo procesos de juvenilización a través del consumo que pueden verse fácilmente con el boom de la liposucción, la venta de fajas que te reducen las tallas, los usos de gimnasios y tecnología”, explica.

La única diferencia entre los ricos y pobres es el consumo. Y entre jóvenes y adultos lo que los ha unificado es lo que consumen. Es una tendencia global y es parte de uno de los fenómenos de globalización.

Según el estudio “Cambios en el mercado mexicano” de Nielsen, empresa dedicada a estudios de mercado, hay más televidentes entre 18 y 39 años viendo Cartoon Network que CNN; los clientes objetivo de las consolas de videojuegos no son los menores, sino los adultos hasta de 37 años.

El usuario adulto está produciendo fuertes transformaciones en el mercado de los videojuegos. En Estados Unidos, donde 47% de la población consume videojuegos, la media de edad de los usuarios ronda los treinta años.

Un estilo de vida

La única responsabilidad que tiene Ana Laura de 29 años es con su perro Hans. De su sueldo, 85% lo invierte en su diversión, ropa y viajes. Vive con sus padres y todos los viernes baila al ritmo del reguetón de “calle 13”, lo mismo a lado de jóvenes de 15 años que de 40.

“Yo nunca he creído que acercarse a los 30 sea el final de la juventud de una persona. Tampoco que el matrimonio y los hijos sean lo máximo en la vida”, dice. Para ella lo que consume le ayuda a que los demás no piensen “que soy una señora”.

Dice que a la hora de salir a divertirse nota cada vez más que la barrera generacional esta rota, “aunque a veces si me aburro que haya gente más joven que yo, se que me voy a divertir pues lo único que busco es bailar”.

Óscar y Marcela más que marido y mujer son compañeros de juego, viajes y diversión. Tienen 25 años y viven juntos desde hace meses. Los hijos serían un obstáculo para ellos, pues quieren hacer otras cosas.

No son una pareja convencional. Del dinero que ganan invierten 40% en su casa y el resto lo ocupan en tecnología, diversión y cultura. Para Óscar, Marcela es su novia.

“Somos novios, vivimos juntos, pero no es tan formal. La pasmos bien, como si cada quien viviera en su propia casa, pero al final del día dormimos juntos.”

Los especialistas coinciden en que el periodo de juventud se ha extendido. Para José Antonio Islas, investigador social de la UNAM, la juventud termina hasta los 35 años y es el periodo más largo en la vida de un ser humano porque comienza a los 11, así que dura 24 años. “Ahora vez a un joven de 30 o 35 años que se comporta como adolescente tardío, que sigue en fiestas, que no tiene hijos y no se ha casado y que además sigue viviendo con su familia”.

Islas asegura que las familias se han adaptado a vivir con treintones en casa. En México, la Encuesta Nacional del Instituto Mexicano de la Juventud revela que 50.7% de los jóvenes no han pensado en salir de la casa paterna y la razón fundamental es que se sienten a gusto con sus papás. Mientras que 36.7 % que sale del hogar paterno regresa a vivir de nueva cuenta dando como razones principales: la terminación del periodo de estudios o trabajo, seguidos por el divorcio o la separación de pareja, la imposibilidad de mantenerse económicamente o por sentirse solos.



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