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Cambian navajas y piedras por pistolas

Saúl Hernández| El Universal
04:40Miércoles 28 de enero de 2015

EL DATO. De los 10 mil 875 menores de edad que fueron asesinados entre 2004 y 2013, según datos del Inegi, 5 mil 470 perdieron la vida porque alguien les disparó con un arma. (Foto: YADIN XOLALPA. EL UNIVERSAL )

Tres cuartas partes de los menores de edad asesinados con un arma de fuego entre 2004 y 2013 tenían entre 15 y 17 años

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El homicidio infantil no sólo creció en la última década, también lo hizo la violencia con la que éstos se cometen. Diez años atrás uno de cada tres menores asesinados moría por una agresión con arma de fuego; hoy fallece de esta forma poco más de la mitad. La población de 15 a 17 años es la más castigada. De los 10 mil 875 menores de edad que fueron asesinados entre 2004 y 2013, según datos del Inegi, 5 mil 470 perdieron la vida porque alguien les disparó con un arma. Tres cuartas partes eran adolescentes.

Hay muchas causas para este fenómeno. Sin pretender generalizar, esta investigación se centra en una: el vínculo entre las pandillas de los barrios pobres y el crimen organizado.

En el marco de la lucha contra y entre los cárteles de la droga, éstos han encontrado en las pandillas una fuente para suplir sus bajas.

Son las organizaciones criminales las que ponen en manos de los pandilleros —cada vez más jóvenes— un arma de fuego. En muchos lugares las riñas entre pandillas dejaron de ser sólo por identidad o territorio para disputarse ahora el control del mercado de la droga.

Atrás también quedaron las peleas con piedras, cadenas, palos o armas blancas. Hoy las luchas se libran con balas. Los miembros de las pandillas aumentaron su capacidad de fuego y con ello pasaron también a ser la parte más vulnerable de las organizaciones criminales.

Combinación mortal

Rubén Castañeda, director del Centro de Desarrollo y Atención Terapéutica (Cedat), una asociación civil que trabaja con pandillas juveniles en la Zona Metropolitana de Guadalajara, narró a este medio cómo se articulan las bandas con el crimen organizado.

“En los territorios donde trabajamos, que están catalogados oficialmente como los de mayor índice delictivo o de mayor violencia, las pandillas existen allí y es el narcotráfico el que llega y negocia con la pandilla. La pandilla rara vez se vuelve parte del crimen organizado y en algunos casos sí se vuelve pero como subcontratista… entonces se vuelven halcones o sicarios”, señaló el director del Cedat.

Cuando un cártel subcontrata a la pandilla provee a sus miembros de armas. Como explica Castañeda, en las pandillas “hay mucha violencia de arma blanca… Una pandilla, aunque sea un fenómeno que es violento, es pobre y no tiene 20 mil pesos para comprar un arma larga… Pero cuando son contratados para el narcotráfico todos traen armas largas y armas cortas”.

Lo que sucede en la capital tapatía no es un caso aislado. Diversos estudios encuentran fenómenos similares en otras regiones del país. El reporte Acción colectiva e identidad de las pandillas juveniles en la colonia Santa Martha Acatitla indica que “determinados pandilleros se están vinculando con las organizaciones delictivas” en la delegación Iztapalapa.

En una encuesta hecha a miembros de las pandillas, los Warners y los Escorpions se encontró que 83% de sus miembros portan armas de fuego, más de los que tienen armas blancas (62%). “El primer roce directo con las organizaciones delictivas es a partir de la adquisición de armas de fuego”, sostiene la investigación.

Por otra parte, el estudio Violencia y jóvenes: pandilla e identidad masculina en Ciudad Juárez señala que “al insertarse las bandas criminales en los barrios y tras el asesinato de varios de los integrantes de las pandillas barriales… la disputa de los jóvenes ahora es por los espacios para la distribución y el control de drogas”.

Los datos también confirman lo señalado por Castañeda. Mientras más armas de fuego circulan de manera ilegal en el país [las cuales terminan en manos de los cárteles o las pandillas], también son más las muertes de jóvenes ocasionadas por éstas, como se ve en la segunda gráfica de la infografía.

Municipios más violentos

Diez municipios concentraron la tercera parte de los homicidios de niños y adolescentes con arma de fuego en la última década: Ciudad Juárez, Acapulco, Monterrey, Chihuahua, Torreón, Culiacán, Tijuana, Ecatepec, Nuevo Laredo y Guadalajara. Se trata de zonas con presencia de pandillas vinculadas al crimen organizado y contrabando de armas de fuego.

A manera de contexto, Culiacán es el municipio con más armas aseguradas en la última década: 6 mil 961, según datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). En Nuevo Laredo se decomisaron 2 mil 959; en Ciudad Juárez, mil 992, y en Tijuana, mil 868.

Respecto de la presencia de pandillas, en 2010 la extinta Secretaría de Seguridad Pública (SSP) identificó en Ciudad Juárez alrededor de 490 grupos con casi 12 mil integrantes, 9 mil 400 de ellos eran menores de edad. Grupos como Los Mexicles, Los Aztecas y Pura Raza Mexicana tenían nexos con el crimen organizado.

En Acapulco advirtió la presencia de pandillas en las colonias Renacimiento, Zapata y Coloso. En Monterrey identificó más de mil 600 grupos conformados por jóvenes de 10 a 25 años, unos 20 ligados a Los Zetas.

El reporte también da cuenta de 60 bandas en la capital de Chihuahua conformadas por mil adolescentes de entre 12 y 18 años, así como de otras 16 pandillas en Torreón.


jram



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