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Ningún producto escapa de “la mafia china”

Óscar Balderas| El Universal
12:00Jueves 04 de abril de 2013
Copias de marcas originales de diversos artculos ofrecen los comerciantes del Centro Histrico a ba

DE TODO. Copias de marcas originales de diversos artículos ofrecen los comerciantes del Centro Histórico a bajo costo; incluso, tienen productos como recetarios de cocina mexicana de origen asiático, aunado a la venta de utensilios para prepararlos, como los molcajetes. (Foto: ALMA RODRIGUEZ EL UNIVERSAL )

La mercancía pirata se vende como pan caliente a precios que van desde cinco pesos

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En el Centro Histórico hay lugares que apenas lucen como territorio nacional. Un paso atrás, la calle República de Guatemala es el típico paisaje capitalino; un paso adelante, dentro del número 7, parece una vivienda china, pero en piso defeño.

En el pasillo de esa vecindad, nada que se venda usa el español: cuelgan de las paredes ocho tipos de "bolsas ecológicas" a la venta en amarillo, rojo, plateado, azul, todas con pictogramas chinos en tonos satinados que resaltan su origen.

"Viene directo de China, ¿eh? Pura calidad", presume Karene, una joven de 20 años, quien oferta su mercancía con alegría. "¡Trajimos como mil en barco y se van a acabar! Más baratas que las nacionales y más aguantadoras ¡por docena te la dejo en ocho pesos!".

Junto a ella, el cuadro se completa: también vende pelotas, moños y telas de origen chino, todas con impresiones en mandarín, por si las bolsas se quieren usar como una envoltura de regalo.

Más adelante, en Correo Mayor número 9, la industria manufacturera china tiene una pequeña representación en un local de cerca de 100 metros cuadrados, donde se da empleo a seis personas.

Por 14 pesos, ahí se puede comprar una imagen "made in China" de "colección especial" de la Virgen de Guadalupe, aunque en lugar de tez morena, la figura es de piel blanca y con ojos azules delineados por pestañas enchinadas; lo mismo un San José y distintas figuras del niño Dios con los ojos ligeramente rasgados.

En la zona de utensilios domésticos, hay molcajetes y sartenes de peltre de origen chino y para que el usuario les saque provecho, por cinco pesos puede adquirir un recetario con platillos mexicanos... de creación asiática.

Cochinita pibil, pico de gallo, tacos al pastor, camarón tatemado, pancita y hasta huitlacoche preparado están en ese libro, que no tiene autor, pero sí una pequeña etiqueta que advierte: "hecho en China".

Al fondo, en el área de juguetes, hay tres modelos distintos de armas falsas, empaquetadas como juguetes infantiles: una AK-47, una 9 milímetros y un revólver, todas prohibidas -aunque sean de plástico- por la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, pero que llegaron al país de manera ilegal.

Todo para equipar una casa

Hay en las paredes, decenas de metros cuadrados con espejos, portarretratos, velas, almohadas, macetas, vajilla, alhajeros y todo lo necesario para equipar una casa, si se necesita comprar decoración a menos de 13 pesos la pieza.

"¡Todo barato, barato! Pásele, compare, es barato, pero sale bueno", arenga David, con un micrófono, mientras disputa la clientela a otros locales especializados en productos extranjeros.

En otra vecindad de Correo Mayor, sin número, se puede completar la decoración con flores plástico de origen chino: rosas, bugambilias, orquídeas, tulipanes, pero a finales de octubre y a principios de noviembre, Irma promete traer desde la municipalidad de Tianjin, China, un cargamento marítimo repleto de reproducciones de cempasúchil.

Nada escapa a lo que los comerciantes mexicanos llaman "la mafia china": sarapes, collares con medallas de Justin Bieber, playeras con la imagen del Che Guevara, parches para pantalones con la figura de El Chapulín Colorado, bolsas del mandado con el logo del PRI, calcomanías con el emblema del PAN, termos con el escudo del PRD.

En Moneda 17-C, Ivonne vende una bandera mexicana satinada de 94 por 155 centímetros a 90 pesos la pieza. Dice que es tela nacional, pero la etiqueta revela otra cosa: "elaborada in China". "Bueno, unas sí son, pero la mayoría son mexicanas", dice, sonrojada, mientras ofrece la docena a 80 pesos por ser mayoreo. "Lo importante es que tengan verde, blanco y rojo ¿o no?"

No sería extraño que la tela de esas banderas se compraran en Justo Sierra 128, donde don Emilio vende su mercancía en dos bandos: de un lado, las telas mexicanas como mezclilla, cachemir y franela y, del otro, las chinas, como nylon, chifón o satín.

En la calle La Academia, la mercancía china se vende en paquete: Rosario, una señora de unos 50 años, veracruzana convertida en capitalina con hijos en Estados Unidos, promete vestir de pies a cabeza a quien le entregue 150 pesos y confíe en su sentido de la moda.

Con voz experta y ojos que revisan el cuerpo del cliente, ordena con un grito dirigido al fondo de la bodega que le traigan lo que necesita para hacer su trabajo: un bóxer en 10 pesos; calcetines a 5; blusa a 30; pantalón a 60; sandalias de plástico a 20; diadema en 5; juego de aretes y collar de fantasía en 20. El outfit está completo.

"¡Ya puesto no se nota que es chino, mija! No ande gastando 400 pesos en otras tiendas", arenga Rosario, quien al hablar de "otras tiendas" se refiere al producto nacional.

Y para darle actitud al atuendo, está Darío toreando sobre la banqueta de Loreto: en una bolsa de plástico guarda unos 50 reproductores de música similares a los de la compañía que fundó Steve Jobs, pero con la leyenda "Jin Li Tai" y un instructivo ilegible para quien no haya estudiado mandarín.

"¡Llévate la competencia del iPod a 100 pesos, a 100 pesos! ¡mil canciones de memoria! De a 10 centavitos por canción, carnal!", grita el joven.

Más adelante de la zona norte del primer cuadro de la ciudad, la gente asegura la existencia de productos inverosímiles de origen oriental: imitación de chile de árbol, pomadas contra la influeza, cremas para eliminar arrugas, piedras para quitar callosidades, lámparas para libros, tenis para adelgazar y hasta vino tinto.

Lo sabe bien Andrea, una comerciante de ropa que asegura trabajar para un grupo llamado "La Unión" -presuntamente ligado al Cártel del Golfo- que le surte mercancía traída ilegalmente desde China por aire o por tierra.

Contrario a varios comerciantes mexicanos, ella agradece a la mercancía oriental por su ascenso económico: dos años de vender playeras, sudaderas y pantalones imitación de marcas estadounidenses, ya se compró casa y un auto nuevo.

"Ya el Centro es como la otra embajada de China en México. Yo creo que nos deberían levantar un monumento, porque si los chinos están tan bien es porque aquí les compramos todo... aunque no creas, luego siento feo por los mexicanos de acá, pero así es el negocio.

"Y vendes ¡muchísimo! La gente ya no compra original, compra algo bueno, bonito y barato. Y te va bien, ¿eh? Mira", y muestra un smartphone de 9 mil pesos que compró cuando viajó a China y apenas usa, porque en la secundaria donde truncó sus estudios nadie le enseñó inglés.

Incluso, la ruta de evacuación de esta pequeña "embajada" china está repleta de mercancía, pues hay que encontrarse con lo que se vende afuera y dentro de los vagones de Metro: juguetes, plumones, fundas para celular, cigarros, labiales y rímeles, entre otros.

Los vagoneros enlistan más productos: lentes, cuadernos, muñecas, masajeadores, pelotas hechas de plastilina, máquinas de coser de manos y hasta las bengalas de las tradicionales pastorelas.

"Usted diga y eso seguro ya existe. Tal vez ni lo sabemos o ni lo hemos visto, pero seguro que ya se está haciendo", dice un vendedor de la línea 2 del Metro.

En algunos lugares del Centro Histórico, a ningún producto mexicano le falta su competencia china.



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