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Gabo, según los recuerdos de Plinio Apuleyo

Yanet Aguilar Sosa| El Universal
00:15Lunes 18 de febrero de 2013

Hace diez años se publicó en Colombia un libro llamado Aquellos tiempos con Gabo, ahora llega a México la reedición titulada Gabo, cartas y recuerdos Archivo/ELUNIVERSAL

El escritor y periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza (d), viejo amigo del Premio Nobel de Literatura 1982, es autor de "Gabo, cartas y recuerdos". Cortesía El Tiempo de Colombia

Contiene cartas inéditas escritas por García Márquez en las que da cuenta de sus avances literarios y de la escritura de obras fundamentales como El otoño del patriarca, Los funerales de la mamá grande y Cien años de soledad Archivo/ELUNIVERSAL

Plinio considera que las misivas son importantes porque revelan todo lo que es el trabajo de un escritor, la aventura en que se ha metido, lo que intenta dar, lo que logra finalmente, sin saber si va a fracasar o a triunfar Archivo/ELUNIVERSAL

Compartimos muchas aventuras, muchas experiencias increíbles, en medio de todo ese tráfago de acontecimientos, la llegada de Castro a la Cuba, la caída de Pérez Jiménez, relató Plinio Archivo/ELUNIVERSAL

En el volumen también se recoge una carta en la que se da cuenta de lo que significó Cien años de Soledad para García Márquez y el Nobel. "Siempre pensó escribir esa historia que era la historia de su infancia, detalló Plinio. Archivo/ELUNIVERSAL

El escritor y periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza (d), viejo amigo del Premio Nobel de Lite

AQUELLOS TIEMPOS CON GABO. El escritor y periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza (d), viejo amigo del Premio Nobel de Literatura 1982, es autor de "Gabo, cartas y recuerdos". (Foto: Cortesía El Tiempo de Colombia )

"Gabo, cartas y recuerdos", el libro que relata la amistad y el crecimiento literario; llegará a México en unos días

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En unos días, Ediciones B hará circular en México el libro "Gabo, cartas y recuerdos", que es una reedición revisada y aumentada de un libro que se publicó en Colombia hace diez años con el título "Aquellos tiempos con Gabo". A propósito de esta nueva edición que contiene cartas inéditas escritas por Gabriel García Márquez en las que da cuenta de sus avances literarios y de la escritura de obras fundamentales de su narrativa como "El otoño del patriarca", "Los funerales de la mama grande" y "Cien años de soledad", EL UNIVERSAL conversó con el escritor y periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, viejo amigo del Premio Nobel de Literatura 1982 y autor de "Gabo, cartas y recuerdos".

¿Cuándo decidió poner en el papel todas estas historias?

De eso hace varios años, lo que pasa es que el primer libro que salió en Colombia pasó un poquito desapercibido, ahora fue editado en España y la editorial descubrió que había unas cartas que podían insertarse, yo le pedí permiso a mi ahijado, Rodrigo, y él me dijo que sí, que si eran cosas de carácter puramente literario, no personal, que sí, entonces yo escogí cartas que tenían que ver con la obra de Gabo y salió ahora en España como un libro nuevo aunque ya se había escrito hacía 10 años, con otro título y quizás con otra construcción.

¿Es una continuidad a "El olor de la guayaba"?

No, "El olor de la guayaba" fue un libro que hicimos hace mucho tiempo y a mí no se me había ocurrido, lo que pasa es que un día dije ¡caramba! esta historia de Gabo es tan interesante, la viví tan de cerca que vale la pena escribirla, es un perfil que vale la pena; a mí me han interesado siempre los perfiles humanos, yo escribí perfiles de presidentes colombianos del siglo XX desde Carlos Lleras hasta Virgilio Barco y entonces dije este perfil sí que me interesa contarlo y entonces me puse a escribir.

¿Este libro es más personal, más íntimo, la historia de una amistad?

Yo era compañero de Gabo, pasamos muchos apuros allá en París, luego cuando fuimos a conocer el mundo comunista, y después yo le hice venir a Venezuela porque vi que no tenía ninguna posibilidad de nada, estaba en París en una situación muy difícil, después cuando me nombraron director de Prensa Latina en Bogotá lo llevé para allá, tuvimos todas esas experiencias comunes como amigos y colegas, porque trabajábamos en la prensa ambos, y entonces me pareció que esa historia había que contarla porque después lo que menos esperábamos es que fuera conocer Gabo la celebridad con la aparición de "Cien años de soledad", libro sobre el cual me iba informando constante; no sabía si iba a ser una catástrofe o de pronto un éxito y entonces todas esas cartas revelan sus inquietudes y sus alarmas.

Tenía unos cuatro, cinco o seis amigos que recibíamos sus manuscritos y él esperaba siempre primero nuestra opinión antes de conocer la de sus editores, recuerdo que a mí me mando el libro y me dijo "yo no sé qué piensas de esto", yo lo leí y le dije: "diste el golpe que querías dar, este es un libro maravilloso"; y entonces me escribió una carta diciendo: "por primera vez pude dormir tranquilo después de 15 días de alarma porque yo no sabía finalmente lo que yo había hecho".

Son cosas muy personales que valen la pena que sean contadas, porque revelan todo lo que es el trabajo de un escritor, la aventura en que se ha metido, lo que intenta dar, lo que logra finalmente, sin saben si va a fracasar o a triunfar, y logra el triunfo inesperadamente y finalmente su vida cambia ya con la celebridad.

¿Qué representa a la distancia ver estos años de amistad, de compartir la vida?

Compartimos muchas aventuras, muchas experiencias increíbles, en medio de todo ese tráfago de acontecimientos, la llegada de Castro a la Cuba, la caída de Pérez Jiménez, yo me daba cuenta que él no perdía nunca su rumbo de escritor, a él le interesaba todo eso como periodista y lo cubríamos muy bien, pero llegaba siempre un momento en que en vez de irse a dormir a las diez de la noche se ponía a escribir hasta las tres o cuatro de la mañana el cuento o la novela que estaba escribiendo y después de eso se lo contaba a uno, lo iba manteniendo informado de lo que estaba escribiendo; esa es una experiencia sumamente curiosa e interesante porque es ver cómo se compaginan dos vidas distintas, la del periodista que está trabajando sobre lo inmediato y la del escritor que quiere recuperar recuerdos y darle forma a sus vivencias más profundas.

¿Se conocieron leyéndose?

Él esperaba siempre los conceptos de uno sobre sus libros. A él le pareció muy interesante cuando a mí y a dos o tres amigos nos hablaba de "La hojarasca" en París, yo le dije ahí tienes un capítulo que está de sobra, la de los tres muchachos que van al río, una experiencia que tu pudiste recuperar pero que no se compagina dentro de la trama de la novela, y él me miro y dijo "eso no me lo habían dicho nunca en Colombia"; al final no era una crítica era un elogio. Compartir las devociones por escritores como Faulkner, por Virginia Woolf, etcétera era muy importante, de modo que eso iba creando un lazo de amistad muy profundo en torno a su propia creación literaria porque uno la compartía, la escuchaba y apreciaba lo que estaba haciendo.

¿Cuándo se reencuentran en París hay un Gabo distinto?

El éxito y la fama naturalmente que le cambia completamente la vida, pero uno de los secretos de la amistad nuestra y la amistad con otros amigos es que nosotros no tomamos en cuenta ese cambio para nada, seguimos hablándole con la misma desenvoltura, con la misma ligereza, la misma facilidad con que hablamos con el escritor cuando no era conocido, y eso le daba un margen de confianza muy grande, porque sabía que era una cosa sincera, que era confiable esa relación de amistad, sin duda.

¿En qué sustentaron la amistad, porque había divergencias de pensamiento?

La amistad prevalece por encima de todo, nosotros habíamos compartido muchas vivencias con Cuba, no solamente cuando trabajamos allá en La Habana, sino después, vivíamos vigilando un poco el proceso cubano, con alguna inquietud, él me presentó a Carlos Franqui en Barcelona, que ya era un primer disidente de cierta importancia de la Revolución y nunca volvería a su país; yo compartía eso con él, esas inquietudes y de pronto todo eso se quebró hasta cierto punto esa identidad que teníamos cuando no quiso firmar la carta de Heberto Padilla, y yo le puse su firma porque no lo encontraba por ninguna parte pensé que estaba de acuerdo, y no esperaba que me llegara una carta de él diciendo "mira yo no quería firmar esto, ya te explicaré por qué, pero yo no quería firmar esto".

Entonces yo me sentí obligado a hacer la rectificación del caso, entonces me fui a Prensa Latina de París para decirles, miren yo puse la firma de Gabo pero Gabo no firmo realmente esa carta, no le echen la culpa a Mario Vargas Llosa ni a Juan Goytisolo, échenmela a mí porque yo cometí ese error, porque pensaba que estaba interpretando exactamente su pensamiento, que no lo había encontrado por problemas de circunstancia; y discutimos y hablamos mucho, pero pelearnos no, no nos peleamos nunca por eso, jamás en la vida. "Hombre yo no estoy de acuerdo", "creo que tú estás equivocado", "yo creo que este sistema se va a derrumbar", "creo que no hay que creer en el socialismo", "ya nosotros vivimos una experiencia muy mala y esa experiencia se extiende a Cuba", "no Cuba es distinto". Esas eran las discusiones, pero sin que dejáramos de ser amigos.

Después descubrimos una cosa que nos unió mucho en relación con el tema cubano, que fue pedirle ayuda para sacar a amigos cubanos intelectuales presos y realmente cumplió la labor de una manera maravillosa, sacamos a muchos amigos cubanos presos, ya era tan obvio que cuando había un detenido de cierta importancia me buscaban a mí para que hablara con él y yo lo hacía: "hombre Gabo ayúdame"; el último fue Raúl Rivero, recuerdo que me llamaron parientes de él porque sabían que había intervenido en otros casos, y yo me puse a llamar a Gabo: "ayuda con Raúl que está preso porque tiene una agencia de prensa, está preso a 400 kilómetros de La Habana, ayuda". Y él: "sí espérate, ya estoy haciendo algunas gestiones, no sé si lo conseguimos, pero no te preocupes"; la última vez que lo llame me dijo "te doy una gran noticia, tenemos un gran aliado", y le dije cuál es el gran aliado que tenemos, "el Rey de España" me dijo; y el Rey de España habló a favor de ellos y Raúl salió. .

Eso cambia también la perspectiva, porque uno se da cuenta que sí es un gran aliado de Castro, pero también es un aliado de estas causas y ha cumplido esa labor muy muy muy bien, eso no hay que olvidarlo jamás.

Aun después del viaje por el mundo comunista, Gabo no cambia su postura sobre Cuba
Nosotros no tuvimos ninguna duda sobre lo que era la realidad del mundo comunista de esa época, en tanto que un día viajando por la Alemania oriental, él se durmió cuando íbamos rumbo a Leipzig buscando a un amigo para que nos explicara esa cosa tan fea que estábamos viendo, me baje del automóvil para tomar un poco de aire, él se despertó, vino detrás de mí y me dijo "maestro, soñé una cosa horrible", qué soñaste Gabo, "soñé que el socialismo no funcionaba".

Lo que pasa es que nosotros quedamos desencantados de ese mundo, lo vimos muy de cerca, él escribió un libro que no se ha vuelto a reeditar, "Viaje por los países socialistas", en el que yo aparezco como un periodista italiano llamado Franco, me puso otro nombre para que no tuviera problemas en Colombia porque todavía estaba la dictadura y no convenía que supieran que estaba viajando por esos países. No había la menor duda sobre cuál era la realidad el mundo socialista, nunca dejó de ser una realidad porque incluso cuando él ya era famoso apoyó a Walesa en Polonia, cuando Walesa era un opositor, lo que pasa es que siempre llegamos a pensar que Cuba era una cosa distinta, yo termine por darme cuenta que no era distinta, que iba por el mismo camino; pero él se resistió a pensar en eso, porque de todas maneras su amistad con Fidel fue muy grande, lo hizo su amigo y se convirtió en una especie de aliado, se sintió muy comprometido con Fidel y sigue siendo muy amigo de Fidel, yo desde luego nada de eso.

¿La amistad prevaleció a partir de siempre decirse la verdad?

En un momento dado puede acepar que hay una diferencia, pero eso no lo puede llevar a hacerle una crítica injusta, uno sabe que es un hombre honrado, que tenía esa amistad con Fidel, que aceptaba que había problemas dentro del régimen pero tenía una visión distinta. Cuando salió "El olor de la guayaba", Gabo me contó que Fidel lo había leído y le había dicho "oye ese amigo tuyo, ese Apuleyo, no nos quiere, no nos quiere".

Ha sido testigo de cómo va surgiendo el novelista, en sus cartas Gabo le da detalles de cómo va

Es una experiencia humana extraordinaria ver como una persona amiga, que uno la conoció cuando era pobre, desconocido, sin ninguna seguridad en lo que estaba haciendo, de pronto logra llegar a una celebridad perfectamente legítima porque tiene una obra extraordinaria; es una experiencia personal que pocas veces uno tiene la oportunidad de vivir; tener la cercanía con una persona que va a ser famosa, y que uno conoce sus inquietudes, sus incertidumbres, sus problemas, su inseguridad misma y luego el susto mismo que le produce la fama, si el final del libro es muy cierto, dijo Gabo "yo vivía muerto de susto por lo que podría ocurrirme y ahora vivo muerto de susto por lo que me ha ocurrido".

Siempre está el compadre, es compadre de a de veras

La historia del compadre es muy linda y divertida, él estaba trabajando conmigo en Venezuela me dijo "¡caramba, mira me tengo que ir a Colombia durante ocho días nada menos porque me tengo que casar, tengo una novia que me está esperando desde hace no sé cuántos años!", y volvió con Mercedes. Salimos a recibirlo al aeropuerto con mi familia, que toda vivía en Venezuela; y Mercedes no decía nada, era una chicha delgadita, morenita, bonita, con los ojos rasgados, nos miraba y todo, pero nunca había salido de su tierra y se sentía extraña en medio de esa familia mía, ruidosa que la rodeaba.

Durante tres días Mercedes no había dicho nada tanto que mis hermanas decían "ese Gabito se casó con una muda"; resulta que el domingo, tres días después de la llegada, los invité a la playa, y ahí por decir algo, les dije: "bueno por lo menos estarán dedicados a fabricar un niño" y por primera vez habló Mercedes y dijo "Sí y tú vas a ser el padrino". Y yo fui el padrino de Rodrigo, pero lo que fue más divertido es que por poco no puedo serlo, porque lo iba a bautizar el cura Camilo Torres, el famoso cura que poco después se metió a la guerrilla, que era muy amigo de Gabo y muy amigo mío, había sido mi condiscípulo en el colegio, y entonces tenía yo el niñito en mis rodillas cuando Gabo lo miró y dijo "este tiene la contextura de un policía, este lo que va a ser es un policía por allá de Magangué o de un pueblo de la costa"; y entonces yo que era muy de izquierda en esa época levante el brazo del niño y dije "no, policía no, en ese caso guerrillero"; y el cura Camilo dijo "no puedo aceptar a Plinio como padrino, un padrino tiene que cumplir una misión espiritual y él o la va a cumplir porque ya está queriendo que ese niño un día sea guerrillero". Tuvimos que convencerlo que había sido un chiste, que me dejará, quién iba a imaginar que ese señor terminaría de guerrillero y moriría en la guerrilla. Cuando se murió yo recibí la noticia en un periódico me entristeció y me puse a llorar porque yo quería mucho a Camilo, tanto que mi hija menor, que acababa de nacer ese momento se llama Camila, pero después la guerrilla Unión Camilista LN me manda un libro bomba que afortunadamente no me estalló a mi si no al pobre cartero. La Unión Camilista le manda bombas al amigo de Camilo, esa es la locura de un país como el nuestro.

Habla de Mercedes en el pasado pero la mira desde la Mercedes de hoy

Esto sí es muy típico de la Costa. En la Costa, el costeño es borracho, juerguero tremendo y la mujer siempre es dócil cuando es recién casada; pero con el tiempo, cuando llega la vejez, esa mujer tímida, asustadiza se convierte en una mujer sumamente fuerte y el hombre termina siendo muy dependiente de ella; eso no es solamente un problema de Gabo, es de la gente de la costa que yo la conozco bien; yo digo que el costeño como hay un elemento negro también dentro de esa cultura, es muy hedonista, muy alegre, vive muy feliz de la vida, pero cuando llega la vejez y llega la sombra de la muerte se asusta; no es como el indígena del altiplano que es mucho más estoico porque tiene otra cultura; y resulta que yo digo Mercedes claro, es la típica mujer de la costa, le arregla las cosas a Gabo, le maneja todo y el Gabo vive muy despistado, la última vez que lo vi le dijo: "oye, cuanto paga nuestro hijo Gonzalo por su departamento en París", y Mercedes dice: "cómo qué paga, si el departamento es nuestro". Y él le dice "ah, yo no sabía que era nuestro".

Dice que ella es el eje de Gabo, ella protege la Piscis desamparado,

Claro que lo protege y con sus problemas típicos de la vejez que son problemas muy fregados, ella lo cuida mucho, lo protege, es mujer sólida, muy fuerte, realmente sí Gabo la necesitaba indudablemente, necesitaba esa especie de protección al lado suyo, siempre lo tuvo, siempre.
¿Pero ella está lejos de la fama?

De pronto, de pronto conmigo se pone malvada, a mí me da risa porque yo no la tomo muy en serio, cuando un día nos encontramos en Madrid en algún evento y ahí estaba Mercedes con Gabo y ella me dice "y tú qué viniste a hacer a España" -yo estaba viviendo en París- y le dije, porque me invitó Carlos Alberto Montaner para la creación de su partido liberal del exilio, el cubano Montaner, y me dice Mercedes "y cuánto te pagaron por eso", no Mercedes a mí no me pagan por eso, "bien idiota al menos deberías recibir la plata"; y Gabo se asusta mucho y yo no la tomo en serio y suelto la risa, y él me dice "no se vaya a poner bravo por eso"; no Gabo cómo usted va a decir eso. Ella sí es castrista furibunda. Feroz

¿Se imaginaba una amistad tan larga cuando lo conoció en ese café de Bogotá, sobre todo viniendo de mundos tan distintos?

No, yo era un niño triste de lentes que escribía unas prosas líricas, tenía amores platónicos por actrices como Vivien Leigh e Ingrid Bergman, mientras Gabo estaba haciéndole propuestas a la camarera, lo más divertido es que ese primer párrafo creo que lo publicaron en un periódico de Portugal y entonces una periodista famosa de la televisión portuguesa me entrevistó y me pidió que contara cómo lo conocí y yo le dije que Gabo le estaba haciendo propuestas a la camarera y ella dice: propuesta a la camarera no, puso su mano en el trasero de la camarera -con acento portugués-, ¿cómo? Le dije y ella me respondió si usted lo escribió, ah tal vez así fue. Para mí era aterrador un tipo que hacía eso tranquilamente, eso era contrario a toda la formación que uno había tenido.

Usted era un niño de familia acomodada

Yo era un niño que vivía con unas tías muy serias vestidas de negro, en casas heladas, que leía mucho, a Baudelaire, a escritores franceses, qué me iba a atrever jamás de la vida, a una camarera lo más que se me ocurría era pedirle muy respetuosamente que me trajera un café y no más, pero Gabo iba mucho más lejos.

¿Qué representó "Cien años de soledad" para Gabo, qué representó el Nobel?

Hay una carta muy linda que yo recogí en el libro en la que él explica cómo fue esa creación, él siempre pensó escribir esa historia que era la historia de su infancia, él vivió en un mundo mágico, el mundo de Macondo era mágico. Es que su propia mamá, Doña Luisa, que yo conocí y la estimaba mucho, me echaba unos cuentos que me dejaban helado, me decía: "allá en Cartagena tengo una muchacha muy bonita, sobrina mía, que todas las noches en el patio se peina con un vestido blanco, y es una maravilla la niña"; pero después como cosa natural agregaba: "claro que ella se murió hace diez años". Y cómo habla con usted ahora, "sí ella me habla, hablamos toda la noche".

Es el mundo de Gabo, es decir, él iba manejando para Acapulco cuando se le ocurrió contar el mundo como se lo contaba su mamá, no como él lo había visto, con los tíos que hablaban con la muerte, con todas esas cosas que salen en "Cien años de soledad", ese libro trató de escribirlo a los 17 años, se llamaba "La Casa", pero no pudo y siguió pensando y pensando hasta que lo logró, y cuenta en la carta como duró quien sabe cuánto tiempo para escribir el primer párrafo. Él dice que el primer párrafo de una novela da la clave de toda la novela, y no solamente en una novela, sino en un artículo y a mí me hace padecer con esa indicación de él porque yo realmente sufro, no escribiendo una columna para el periódico colombiano en el que escribo sino encontrando las tres primeras frases del primer párrafo, y eso es lo que él me enseñó y efectivamente ahí está el secreto de todas las cosas porque ahí da el tono de todo lo que quería escribir.

¿Fue un cambio brutal "Cien años de soledad" y luego el Nobel?

"Cien años de soledad" fue el cambio extraordinario, pensar que lo terminó, que estaban debiendo dinero en la tienda, que no pudieron mandar el manuscrito completo porque no tenían dinero para pagar el porte de correo, tuvieron que mandar solamente la mitad del libro a Buenos Aires, pensar que han pasado todo eso para que estallara eso éxito, se hubieran muerto de susto también con el éxito porque no esperaba eso

¿Usted estuvo en la ceremonia del Nobel?

Claro que estuve en la ceremonia del Nobel con él, muy alegre porque llegaron amigos colombianos, músicos colombianos, el único momento donde él ya se asustó fue en el momento en que bajó la escalera conmigo y con los demás colombianos que estaban para ir al sitio donde se iba a desarrollar la ceremonia y de pronto cuando el vio eso lleno de flores por todos lados, lleno de gente vestidos de frac negro y cámaras de televisión, flashes, yo me acuerdo que le escuche a él su reflexión, no me lo dijo a mí se lo dijo a él mismo: "¡Mierda, esto es como asistir uno a su propio entierro!"

Un último cuento de eso, que nunca lo olvido. Él es muy supersticioso, porque eso es típico de la Costa y de su tierra; allí tienen supersticiones; en Venezuela, donde vivimos, encontró que los venezolanos tenían razón porque llaman "pavoso" a aquello que asocia el mal gusto con la mala suerte, una cosa de mal gusto trae mala suerte, él llegó a sutilezas tan grandes en el tema de la pava que decía "fumar desnudo no es pavoso, pero fumar desnudo y paseándose si lo es, trae mala suerte". Y un día me dijo que el frac era pavoso, y le dije "y si te ganas el Nobel, mucho antes de que lo ganara, si te ganas el Nobel qué haces?" y él me dijo: "ya buscaré, ya buscaré la solución", y efectivamente se vistió de blanco con el liqui liqui, que es un traje que así se conoce en Venezuela, un traje banco, tropical, cerrado hasta el cuello, que no se conoce en Colombia, él dice que sí que lo usaban los abuelos; yo no creo; y le decía y nosotros tus amigos qué si vamos con frac, "ah, ya sé, Mercedes les va a colocar una rosa amarilla en la solapa porque la rosa amarilla trae buena suerte".

Lo que no se esperaba es que cuando yo volví a Colombia, las señoras bogotanas que son completamente contrarias al mundo de la costa me preguntaban con todo su acento típico "Plinio, tú que eres tan amigo de Gabito, por qué se vistió de cocinero para recibir el Nobel". Eso es típico de nuestros dos mundos

El liqui liqui es muy famoso en Venezuela, es hasta un traje elegante, pero tropical, blanco cerrado hasta el cuello, entonces él se vistió con su liqui liqui. Lo mando hacer.

Es supersticioso, ¿pero también tiene premoniciones?

Él adivina cosas, es todo un personaje, para mi es una fascinación, tiene el encanto de dos mundos, sale de un mundo completamente distinto y mira el otro. A mí me asustaba cuando yo veía que adivinaba cosas, él decía "ese vaso que lleva ese camarero

 



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