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J. Jaime Hernández Agenda Washington

J. Jaime Hernández| El Universal
07:15WASHINGTON | Lunes 27 de febrero de 2012
Aunque resulta evidente para todo el mundo, el aspirante del partido republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, ha intentado rebajar las expectativas de su posible derrota y, quizá, victoria en las primarias de éste martes en Michigan

Aunque resulta evidente para todo el mundo, el aspirante del partido republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, ha intentado rebajar las expectativas de su posible derrota y, quizá, victoria en las primarias de éste martes en Michigan, el estado que lo vió nacer y que gobernó su padre, George Romney.

Fieles al calendario electoral que determinará el nombre de quien buscará desalojar de la Casa Blanca a Barack Obama, los aspirantes del partido republicano vuelven a medir esta semana sus fuerzas en las elecciones primarias de Arizona y Michigan, donde los resultados darán la medida de Mitt Romney como un candidato que es capaz (o incapaz) de convencer y de ganar o perder en casa.

En caso de una derrota en Michigan, las posibilidades de Romney se verán seriamente comprometidas. Aunque los analistas consideran a Michigan como una variable tan inevitable como poderosa en la carrera de Romney a la Casa Blanca, desde la campaña del ex gobernador de Masasshusetts han comenzado a rebajar las expectativas en caso de una victoria o derrota en ese estado, convencidos de que la contienda por la nominación presidencial será más larga y complicada de lo esperado.

Es decir, desde la campaña de Mitt Romney, lo más importante es hoy convencer a los medios y al electorado de que, la suerte de la contienda, está hoy más allá de Michigan.

Con esto en perspectiva, los operadores de la campaña de Romney, pero también de Rick Santorum, su más inmediato contendiente, han comenzado a llamar a sus patrocinadores con la esperanza de recibir los fondos que les permitan mantenerse competitivos más allá del mes de mayo y hasta el próximo mes de agosto, cuando el nombre del ganador será alzado en hombros durante la convención del partido en Tampa, Florida.

Pero si los aspirantes del partido republicano han querido restar importancia a lo encarnizado de la contienda, otros barones de la tribu republicana han considerado no sólo inútil sino infantil ocultar o tratar de minimizar los implícitos riesgos que conlleva una campaña de primarias que sólo han debilitado a los candidatos en contienda, mientras desde la campaña de Barack Obama se frotan las manos.

Entre los barones del partido que hoy lamentan el espectáculo de unas primarias, que sólo han dejado en evidencia la radicalización y la división del partido, se encuentra el senador por Arizona y ex candidato presidencial, John McCain, quien ayer mismo despotricó contra la decisión de la Suprema Corte --en el caso de Ciudadanos Unidos vs. la Comisión Federal Electoral (FEC) de 2010--, que permitió la apertura de las compuertas a la financiación de las grandes corporaciones a las campañas.

Este factor, que ha permitido la inyección de poderosos recursos, se ha convertido en un elemento tóxico. En una descarada apuesta de quienes cuentan con los recursos necesarios para mantener con vida a su candidato --con la esperanza de defender sus intereses--, mientras el proceso democrático sufre la descomposición de sus tiempos y equilibrios internos.

Al margen de la carrera por la nominación presidencial republicana, que éste martes tendrá como escenarios a Michigan y Arizona, en la semana que inicia la Secretaria de Estado, Hilary Clinton, se prepara para comparecer ante el Congreso para pespuntear su agenda y las prioridades del Departamento de Estado en todo el mundo.

Aunque la comparecencia ante el comité senatorial de relaciones exteriores tendrá un enfoque programático, para defender el presupuesto propuesto por la administración, no cabe duda que la situación en Siria, en Egipto e Irán consumirán gran parte de la audiencia que discurrirá mientras la situación se torna caótica e ingobernable en esos tres países que, hoy por hoy, concentran la atención del Departamento de Estado, la Casa Blanca y el Pentágono.

 



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