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El orgullo de llamarse Juan Pablo

Te presentamos aquí los testimonios de tres mexicanos cuyos padres decidieron que llevaran el nombre del Papa que será beatificado este domingo
Ciudad de México | Sábado 30 de abril de 2011 Redacción | El Universal02:04
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A raíz de las visitas de Juan Pablo II a México, a partir de 1979 hubo muchos ciudadanos que llevaron su nombre. Aquí los testimonios de tres de ellos:

La visita de Juan Pablo II a México motivó que cientos de padres de familia registraran a sus hijos con el nombre del prelado, muchos de ellos en un gesto de simpatía por la preferencia que tuvo el máximo representante de la Iglesia católica al visitar el país en cinco ocasiones, y otros, en agradecimiento por algún milagro recibido.

De acuerdo con el Registro Civil del Distrito Federal,  desde julio de 2002, cuando el Papa Juan Pablo II visitó por última ocasión México, a tres mil 410 niños se les puso el nombre del Sumo Pontífice. Esto, sin contar un centenar de pequeños que fueron registrados con ese nombre más algún otro.

Sin embargo, el nombre de Juan Pablo ya era popular entre los mexicanos y así lo hizo notar el Registro Civil.

Desde que se creó en 1861, se tiene el registro de 14 mil 735 personas con el nombre de Juan Pablo; algunas de ellas recientemente con el nombre de “Juan Pablo II” y otras como “Juan Pablo Segundo”.

Sueño profético

Mi nombre es Juan Pablo Valdez Virgen, vivo en Comala, Colima.

Tengo con 20 años de edad y mi nombre de pila tiene una estrecha relación con el de su santidad Juan Pablo II y  a través de este espacio de EL UNIVERSAL les comparto la historia de mi nombre:

En mayo de 1990, el Papa Juan Pablo II visitaba por segunda vez nuestro país, eran los días previos al Día de la Madre. Mamá me platicó que las visitas de su santidad resultaban muy emotivas porque era un hombre que se dejaba amar y quería mucho a los mexicanos y que por esa razón durante su visita, y posterior a ella estuvo muy sensible. Supongo que así estuvieron muchos mexicanos.

Durante la visita de Juan Pablo II lo que menos imaginaba mi mamá era que pronto estaría esperando un hijo.

El Papa se despidió de los mexicanos y unos dos o tres días después mi mamá se encontraba sumida en un sueño; de repente, según me ha platicado, a su sueño llegó la imagen de Juan Pablo, quien con voz suave, dulce y le tocó el vientre y le dijo: "vas a ser madre".

Tal sensación fue tan fuerte que hizo despertar a mi mamá, quien al abrir los ojos pudo ver una luz blanca que estaba en una esquina de la cama y que se difuminó como un destello; me dijo que apenas la alcanzó a ver, pero de inmediato, entre la conmoción y emoción que le provocó, se lo comunicó a mi papá, Jaime Valdez, quie se encontraba en otra parte de la casa.

Al llegar junio de 1990, un mes después de la visita de Juan Pablo II, el sueño de mi mamá con la imagen de su santidad y su profético mensaje se hicieron realidad.

 9 meses después, el 4 de febrero de 1991 nací. Fui el primogénito y tengo sólo una hermana, Marisol de 14 años.

Para hacer memorable ese acontecimiento, antes de que yo naciera mi papá me hizo una carta y en ella me explica el motivo por el cual me bautizaron como Juan Pablo, además, independientemente del simbolismo que encierra, es un nombre que me gusta mucho.

Saludos a todos los lectores de EL UNIVERSAL.

Ni Gumaro ni Gumersindo, Juan Pablo

Mi nombre es Juan Pablo Aguirre

El Papa llegó a México el 26 de enero de 1979, mi mamá tendría siete meses de embarazo. Cuando mi papá se dirigía al trabajo por casualidad se encontró con el trayecto del papa Juan Pablo II a la catedral metropolitana.

Fue tal el impacto de su sonrisa y carisma que decidieron bautizarme Juan Pablo, en honor a su santidad (originalmente pensaron ponerme Gumaro o Gumersindo, pero la visita del Papa me ayudó).

Tuve oportunidad de ver a Juan Pablo II en 1999, en la cuarta visita que realizó su santidad al país.

Es muy especial llevar el nombre que adoptó uno de los protagonistas de la historia del siglo XX. Un gran líder que será recordado durante mucho tiempo. Un hombre al que admiro por el sufrimiento que vivió en su juventud.

Nací en marzo de 1979 y he conocido a dos personas que se llaman Juan Pablo y que nacieron ese año también. Se puso de moda el nombre en América Latina.

Con fe en Juan Pablo II

Mi hijo se llama Juan Pablo Jesús de Ávila Martínez. Se me enfermó de gravedad cuando tenía casi dos años. Nosotros vivimos en la Colonia Manuel Alvarez 96. Yo me dedico al periodismo y mi esposa es ama de casa. Mi colonia en aquel entonces era de las más marginadas.

En esa ocasión Juan Pablo enfermó, se puso flácido, inerte, sin color en ojos y piel. Yo me sentía morir. Mi esposa escucho el relato de una señora, vecina, que nos invitó a ir a las orillas de la comunidad El Colomo, en Manzanillo, para que una bruja blanca, nos lo atendiera. Fuimos con la intención de que aliviara a mi segundo hijo.

La famila Avila Martínez. Juan Pablo es el segundo de izquierda a derecha

Yo manejaba y mientras pedía a Jesús, a la virgen María, la Candelaria y Juan Pablo II que no me lo dejaran morir, que mejor me llevaran a mí, porque él comenzaba su vida. Al estar con la señora Josefina, nos regaño y nos dijo que siempre le llevaban personas moribundas. Lo atendió, nos dijo que el niño tenía un dulce pegado en el intestino que ninguno de los médicos pediatras que vimos pudo identificar.

Nos mandó a Colima con un médico amigo suyo. No lo encontramos, lo esperamos y cuando ya nos retirábamos apareció y nos mandó a inyectarlo. Al otro día nuestro Juan Pablo reía, se movía, recuperó el color. Nuestras oraciones funcionaron, por eso amo a Juan Pablo II y a Jesús, porque nos ayudaron a que mi hijo se quedara con nosotros.



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