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Los katu tallaron sus ataúdes en madera hasta que llegó el cambio climático

EFE| El Universal
05:03 Pakse (Laos) | Viernes 08 de mayo de 2009
Los miembros de la etnia katu, que puebla las montañas del sur de Laos, tallaron durante siglos en madera sus propios sarcófagos y los guardaron debajo de la casa para estrenarlos cuando muriesen, hasta que el Gobierno les prohibió talar árboles para proteger los bosques

Los miembros de la etnia katu, que puebla las montañas del sur de Laos, tallaron durante siglos en madera sus propios sarcófagos y los guardaron debajo de la casa para estrenarlos cuando muriesen, hasta que el Gobierno les prohibió talar árboles para proteger los bosques.

En poblados como Bane Kokpheung, situado en la meseta de Bolaven, se pueden contemplar todavía algunas de estas cajas trabajadas según los cánones de la tradición katu y que acaban enterradas en la jungla, la fuente de subsistencia de esta tribu que cuenta con unas 15.000 personas en todo el país.

"Ahora tienen que hacerse los ataúdes con cemento", manifestó Dong, uno de los guías que a diario pasean los cada vez más numerosos turistas que se internan por esa parte de la antigua nación indochina.

El cambio por razones medioambientales, de acuerdo con el régimen comunista que gobierna Laos desde hace más de tres décadas, atenta contra la cultura katu y supone un problema económico adicional para sus miembros, porque cada persona debe desembolsar 500.000 kip (44 euros) para costear el nuevo modelo de féretro oficial.

"Parecen pobres pero tienen dinero porque cultivan y venden café", añadió Dong para quitarle importancia a la nueva carga sobre la etnia minoritaria.

La presunta comodidad económica de los katu tiene cierta validez sólo si se compara su modo de vida con la austeridad en la que viven los laosianos de otras regiones.

Los que no pueden pagar el cemento que impone la directiva gubernamental recurren al bambú como materia prima, cuya tala no está prohibida.

Los katu, como los alak o los ngae, mantienen un estilo de vida tradicional apreciable en la indumentaria y en rituales ancestrales, como el sacrificio anual de un búfalo para mantener contentos a los espíritus que velan por la comunidad.

Estas comunidades conservan también la afición por fumar, actividad que practican incluso los niños, quienes combaten el tedio compartiendo en grupo unas pipas de bambú con agua de azúcar por la que se filtra el humo del tabaco.

La mayoría de los poblados conserva la estructura determinada por la tradición milenaria y las grandes viviendas, en las que duermen hasta 65 miembros de una misma familia, se levantan en torno a la casa comunal, el lugar donde se tratan los asuntos que afectan a toda la comunidad.

Otra característica común de estos asentamientos es la precariedad y lejanía de servicios básicos del mundo moderno, como los ambulatorios, lo que obliga a los aborígenes a apañarse con los ungüentos, pócimas y remedios tradicionales.

Contrasta en medio de la vida prehistórica que llevan la presencia de antenas parabólicas en todas y cada una de las residencias.

El cultivo del café, introducido a principios del siglo XX por los franceses, inició el cambio en la manera de ganarse la vida de estas tribus que habían vivido hasta entonces de la explotación de los bosques, ríos y lagunas.

El capítulo bélico de la Guerra de Vietnam y los intensos bombardeos de Estados Unidos fueron, como en toda la región, una época de penuria que ha dado paso, tres décadas después, al comercio y el turismo.

Unos pocos katu al principio, después más por imitación, envidia o convencimiento, comenzaron a destinar parte de su producción de telas y artesanía a satisfacer la creciente demanda de "souvenires".

En el mercado de Paksong, el principal de Bolaven, ofrecen sus tejidos, utensilios y los frutos de sus cosechas al lado de comerciantes vietnamitas cargados con todo tipo de baratijas "made in" China o Thailand.
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