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México 68: Cuando las arengas políticas se convirtieron en gritos de auxilio

Recorre el ex líder estudiantil Jesús Martín del Campo, en compañía de su hijo Edmundo, el escenario de los sangrientos hechos de 1968
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Video: Las imágenes perdidas del 2 de Octubre.

Ciudad de México | Jueves 02 de octubre de 2008 Samuel Mesinas | El Universal08:01

El recuerdo de aquella tarde aún socava sus emociones. Para Jesús Martín del Campo parece no haber transcurrido cuatro décadas desde aquella oscura noche del 2 de octubre del paradigmático 68, cuando las arengas políticas se convirtieron en gritos de auxilio y, el espíritu festivo de toda una generación, en momentos de dolor que nadie logra olvidar.

Al momento de reconstruir el pasado su respiración se agita y el pulso parece acelerarse a la velocidad del tráfico en Eje Central y Ricardo Flores Magón, donde él y su hijo inician un viaje por el tiempo con destino en la Plaza de las Tres Culturas.

La ciudad ha cambiado tanto o igual que él. En el pasado fue un apasionado militante cheguevarista, estudiante de la preparatoria 7 y miembro del Consejo Nacional de Huelga; ahora es ex diputado y miembro emérito del Partido de la Revolución Democrática, así como padre de dos hijos, Libertad y Edmundo.

"El Eje Central se llamaba Prolongación de Niño Perdido. Los trolebuses eran tomados por estudiantes para difundir el movimiento. Así que el traslado de la Agrícola Oriental donde vivía, al centro de la ciudad, se convertía en un acto político", recuerda.

Se esfuerza mínimamente al evocar las porras contra el gobierno, la prensa y la policía; pero sobre todo el ferroso olor a sangre habita en su memoria como un fantasma que aún lo espanta.

"No somos uno, no somos cien, prensa vendida cuéntanos bien... ¡Sal al balcón, pinche hocicón!, !Che, che, che Guevara, Díaz Ordaz a la chingada!.. Ho, ho, ho chi min, Diaz Ordaz chin, chin, chin... en un par de meses vivimos toda una vida; en ese lapso fue un movimiento libertario con deseos de un mundo nuevo para expresar ideas creativas", relata mientras avanza al lado de su hijo.

"Todo lo que apareció fue muy emocionante, estar compartiendo esas grandes emociones. El movimiento fue un fermento de cambios de actitud en los aspectos más conservadores de la vida cotidiana", rememora.

Señala que los años sesenta el ser estudiante era una figura ligada al progreso y parte de un mecanismo de movilidad social, "era un orgullo acceder a la preparatoria donde se encontraban a otros jóvenes con gustos musicales e ideas revolucionarias parecidas a las tuyas".

La herencia militante

Martín del Campo es también conocido por ser quien demandó al presidente Luis Echeverría por genocidio en el llamado "halconazo" del 10 de junio, donde su hermano Edmundo murió. De ahí el nombre de su hijo.

"Mi primer recuerdo de este lugar es una marcha. La política estuvo en mi infancia de tal manera que jugaba con mi hermana a la ¡huelga de hambre! (risas). Tlatelolco para mí es un lugar con una gran carga simbólica. Mucho de lo que vivimos ahora no hubiera sido posible sin este movimiento estudiantil", asienta Edmundo, de 34 años, historiador, militante perredista y coordinador cultural en la delegación Coyoacán.

"Mi esposa y yo nos conocimos en el 68, así que nuestra vida familiar estuvo siempre ligada a enseñar a luchar por la democracia y la justicia, ellos iban a manifestaciones en donde jugaban y se divertían", acota el patriarca de los Martín del Campo.

"Estudié historia influido por lo que escuché. Crecí en una familia que estuvo completamente involucrada y les agradezco lo que me han enseñado, sólo que mi acercamiento al legado socio-artístico del 68 es a través la memoria histórica, por eso me interesa su divulgación", acota Edmundo, quien también dirige un cineclub de documentales.

"La primera vez que vine solo fue en el CCH. Claro, en un ambiente de jóvenes, poco dogmática", recuerda las marchas estudiantiles realizadas anualmente a este especie de santuario citadino.

"Yo respeto la figura de mi padre, pero soy independiente, cada quien tiene su camino, mi hermana es dentista, y sólo a mí me interesó el tema político. Creo que es importante no olvidar este gran movimiento juvenil que hasta el momento no creo se genere uno parecido".

Tarde luctuosa

A unos metros de la plaza de las Tres Culturas, el relato de Jesús Martín del Campo tiñe el ambiente de un olor a muerte y terror. Podría señalar con los ojos cerrados los lugares donde se encontraban apostados los granaderos.
Patrullas, macanas, intimidación, resuena, también el susurro de estudiantes desplazándose por el crucero que conecta la Unidad Nonoalco con el museo de sitio.

"En dos horas se llenó la explanada, unas 15 mil almas; también mucha gente extraña, ahora sabemos que formaban parte del operativo. Debieron estar escondidos porque nunca nos percatamos de su presencia, pero fue un operativo militar perfectamente planeado. Todos esos elementos festivos, esa cara del pensamiento libertario, se acabó cuando llegó esa tarde luctuosa", sentencia.

Al llegar al costado de la iglesia, los recuerdos ya son un torrencial de imágenes: lluvia de balas, coro de lamentos que hacen eco en las paredes de los edificios; vejaciones, jóvenes agonizando, muertos apilados y subidos a camiones con destino al olvido.

"En el centro de la plaza de pronto se levanta un hombre y grita: déjenme ir a mi casa, yo vivo aquí! Y de repente cae. Después, una mujer le secunda: ¡yo soy vecina vengo con mi niña!, pedían piedad pero nadie se las tuvo", subraya.

"Todos estábamos tirados, algunos corrimos a tocar la puerta de la iglesia pero nadie nos abrió, ¡abran, abran, gritábamos, por favor, ¡nos están matando!, pero nadie lo hizo", acusa.

"Agáchense cabrones nos decían mientras nos pegaban con la culata. Se oía el rebote de la balas en las piedras, unas eran disparadas de manera rasante sobre la multitud. Veíamos de reojo a gente arriba de la iglesia, pensamos que era campaneros pero no, eran del operativo. Me toca ver a uno que cae, grita, se está desangrando, nosotros pedíamos un médico y la respuesta sólo era ¡agáchense cabrones!, mientras la hemorragia me llenaba las manos de sangre...eso nunca lo olvidaré".

cgb



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