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Discurso del Lic. Juan Francisco Ealy Ortiz durante el 91 aniversario de EL UNIVERSAL

Redacción| El Universal
13:06Ciudad de México | Martes 23 de octubre de 2007

El Licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz entregó la estafeta de Director General a su hijo tras 38 años en el cargo. (Foto: Leticia Sánchez/EL UNIVERSAL )

"Me retiro consciente del honor que significó haber servido con pasión y lealtad a mi amado país, desde la gran trinchera que es esta singular empresa", dijo el Presidente del Consejo de Administración de EL UNIVERSAL al anunciar que entrega la estafeta de Director General al Licenciado Juan Francisco Ealy Jr.

Señores miembros del Consejo de Administración de EL UNIVERSAL, Compañía Periodística Nacional, S.A. de C.V.

Compañeras y Compañeros trabajadores;

amigos colaboradores, editorialistas y cartonistas;

amigos jubilados;

señoras y señores, amigos todos:

Siempre he considerado que nuestra reunión anual, al celebrarse un aniversario más del periódico, en esta ocasión el nonagésimo primero, representa la oportunidad de realizar un balance en el que nuestra comunidad, reunida como una familia en torno de una mesa, reflexiona sobre los logros alcanzados y los desafíos por enfrentar.

Reconozco sinceramente el compromiso de todos ustedes, hombres y mujeres, en todas las áreas, desde las más visibles hasta las más modestas. Compañeros que han hecho de LOS UNIVERSALES no sólo una empresa fundamental para la defensa de las libertades de los mexicanos y una compañía de la que dependen miles de familias. También hemos construido, juntos, un segundo hogar, intenso y entrañable.

Hace treinta y ocho años dio comienzo una etapa decisiva de mi vida que, por sus condiciones adversas, me hizo madurar a marchas forzadas.

Fue el 23 de octubre de 1969, imposible olvidarlo, el día que marcó el nacimiento de mi responsabilidad como presidente y director general de un UNIVERSAL que agonizaba a consecuencia de un abandono administrativo injustificable. Iniciaba también la etapa moderna de esta casa editorial.

Con tan sólo un puñado de colaboradores, que con inquebrantable voluntad se sumaron a una causa que muchos daban ya por perdida, enfrentamos resueltamente todo tipo de retos. desde la pugna con seis sindicatos viciados, hasta una ruinosa situación financiera, que asfixiaba la sobrevivencia del diario.

A nuestros compañeros de reciente ingreso puede resultarles natural contar con un espacio de trabajo y condiciones laborales solventes. Pero esto hace 38 años era imposible siquiera de imaginar. Entonces el sueño era cubrir los gastos más urgentes y responder con hechos a la confianza depositada sobre los hombros de un hombre que entonces recorría apenas su tercera década de vida.

Afortunadamente, hoy podemos decir que también hemos sido pioneros en la modernización tecnológica, pero en aquel entonces, en lo único que podíamos pensar era en cómo cubrir la nómina de la semana, en cómo saldar las muchas cuentas pendientes a proveedores; en pocas palabras, en cómo evitar una quiebra vergonzosa y humillante.

En ese cuadro por demás dramático asumí la dirección general de EL GRAN DIARIO DE MÉXICO. Quienes me acompañaron en aquellas circunstancias, saben de las duras jornadas sin horario que hubo que invertir en el empeño de rescatarlo.

Hoy sólo quedamos unos cuantos de aquellos que iniciamos la intrépida aventura de revivir un diario cuya pérdida habría sido lamentable para cada uno de nosotros pero, sobre todo, para la propia sociedad mexicana, tanto por su brillante trayectoria periodística como por el caudal de historia acumulada en sus páginas.

Esta afirmación cobra pleno sentido si revisamos el papel que ha jugado EL UNIVERSAL en la vida moderna de México, desde aquel lejano 1916 en que fue fundado por el legislador constituyente Félix F. Palavicini, quien a través de las páginas del entonces llamado “diario político de la mañana”, abrió camino a un periodismo de corte moderno y plural; abrió camino al debate de ideas y soluciones para un país que se debatía en las sacudidas finales de la revolución.

Desde ese entonces EL UNIVERSAL es un foro marcado por la pluralidad y el compromiso con la democratización de los valores de nuestra cultura política: la democracia y la libertad.

No hace mucho tiempo, la sociedad miraba con indiferencia y frustración la distancia que existía entre el mundo del poder y la realidad cotidiana de la gente; las voces que pugnaban por el cambio eran ignoradas o reducidas a mínimos espacios de manifestación. La censura era un hecho rutinario. En ese panorama, muy pocos medios hacían la diferencia, muy pocos se salían del patrón de sometimiento al poder del periodismo mexicano: eran escasos los medios en los que convergían la inteligencia y la independencia editorial. fueron excepcionales los que defendieron en sus páginas las causas de la democracia, la libertad y la justicia.

Consciente de esa realidad, desde el inicio de mi gestión como presidente y director general de EL UNIVERSAL, las páginas del periódico se convirtieron en refugio para aquellos a quienes les eran negadas las rotativas por no allanarse ante el poder en turno.

Fue así como “Maquío” Clouthier, Heberto Castillo, Pablo Emilio Madero, Arnoldo Martínez Verdugo, Rosario Ibarra, Jorge Eugenio Ortiz Gallegos y Carlos Castillo Peraza, entre una lista interminable de grandes mexicanos, tuvieron un espacio para expresar sus ideas y consolidar su lucha por la democracia.

Así, los medios y quienes trabajaban en ellos pasaron a ser no sólo testigos sino también actores del cambio. a partir de entonces, algunos de los momentos más significativos de la lucha democrática tuvieron lugar en el seno de los propios medios de comunicación; algunos de los personajes más señalados de esa lucha fueron periodistas. En ese camino EL UNIVERSAL abrió brecha, amplió sendas, ayudó a consolidar libertades ciudadanas.

Nuestro país ha cambiado mucho desde entonces, pero la dimensión de esa iniciativa se comprende mejor cuando recordamos aquellos tiempos en que ejercer la libertad de expresión era, no sólo una mera aspiración sino un delito político.

Puedo afirmar por ello que EL UNIVERSAL ha sido un precursor fundamental del progreso social y cultural de nuestro país. Sin hacer apología de nuestros méritos, puedo decir también que tenemos muchas razones para celebrar y estar todos orgullosos de nuestro esfuerzo colectivo.

Después de 38 años como su Presidente y Director General, me siento satisfecho de que una parte esencial de mi gestión sea el que hayamos logrado consolidar a nuestra casa editorial como toda una institución en la vida del país, por su relevancia social, por su aporte profesional, por haber acompañado causas, luchas y anhelos de generaciones completas de mexicanos y mexicanas.

Por 38 años hemos sumado nuestras manos, nuestras fuerzas y nuestros corazones en la construcción de ese México nuevo, con mayor libertad de prensa, con derecho a la información, con un periodismo digno y responsable. Ello ha incluido la tarea de demoler, piedra por piedra, el pasado modelo autoritario que tanto se opuso al surgimiento del actual orden de cosas.

No ha sido tarea fácil. Nadie nos regaló nada. Antes bien, hemos debido encarar presiones, enconos e incluso, ataques y persecuciones, fue necesario el extremo de estar dispuesto a perder nuestra libertad personal, de arriesgar nuestra integridad física, a cambio de que los cambios siguieran adelante.

En el plano material, hoy tenemos las bases más sólidas que hayamos podido imaginar. Nuestro desarrollo tecnológico es similar al mostrado por los periódicos más importantes del mundo. Y contamos con una empresa en sólida forma financiera, que produce diarios y contenidos multimedia con la mayor penetración del país.

Todos tenemos méritos en los logros alcanzados; nada de lo que hoy es motivo legítimo de satisfacción habría sido posible sin la colaboración de cada uno de ustedes. Ha sido posible también gracias al respaldo de nuestros lectores, esos colaboradores invisibles que son, al final, los árbitros irrefutables de nuestro desempeño.

Sin embargo, no son éstos, tiempos para darnos por satisfechos. A nadie escapa que las reglas del juego del periodismo han cambiado radicalmente: nuevas tecnologías y una creciente competencia entre las empresas periodísticas nos obligan a nuevas y mejores prácticas periodísticas, técnicas y administrativas, pero sobre todo actitud de constante transformación e innovación.

Hoy la relación del estado con los medios de comunicación también es diferente. En un contexto de mayor libertad, las relaciones con el gobierno se han vuelto más abiertas y a la vez más complejas; y la relación de la sociedad con los medios de comunicación también ha cambiado.

como en otros momentos decisivos de nuestra historia, necesitamos estar abiertos al cambio y a su tiempo. Ese es el reto fundamental de los nuevos tiempos. todos debemos ser parte de ese cambio. Sin embargo, son los jóvenes, precisamente, cuya formación rigurosa en las aulas no tiene parangón con la de quienes se formaron en la brega cotidiana, los que están mejor preparados para enfrentar los retos formidables del futuro.

Siempre he tenido confianza en la juventud. Yo fui un joven que encaró desafíos colosales y pudo salir adelante. Creo que la juventud lleva en su sangre la urgencia de retos y el anhelo de oportunidades.

Así ha llegado el tiempo del relevo generacional. Es tiempo de que una nueva generación asuma ahora la honrosa responsabilidad que yo cumplí durante 38 años como Director General de nuestra casa editorial. El imperativo del cambio generacional, inexorable, se nos presenta afortunadamente en un momento de estabilidad y liderazgo firme de la empresa.

Por ello, comunico hoy a ustedes la decisión del Consejo de Administración, que me honro en presidir, de designar al Lic. Juan Francisco Ealy Jr. como Director General de nuestra casa editorial.

El Licenciado Ealy Jr., ha recogido en estos años el profundo aprendizaje intergeneracional de nuestra casa editorial; en él convergen conocimientos y experiencias que dan una fuerza singular a nuestra empresa. Durante una intensa década ha servido en diversas áreas.

Como Director General de ELUNIVERSAL.com.mx, su trabajo llevó a la compañía a contar con el portal de información más consultado en el país y uno de los más visitados en el mundo. Los últimos cuatro años, como Vicepresidente Ejecutivo, ha mostrado firmeza y prudencia; visión y talento; pasión y entrega; que le permitirán, sin duda alguna, llevar a más altos niveles los destinos de la empresa.

En este nuevo ciclo mantendré exclusivamente la Presidencia del Consejo de Administración. En consecuencia, a partir de ahora la operación de la empresa será encargo exclusivo de nuestro Director General. Le ofrecemos desde ahora el mayor respeto y apoyo en sus tareas futuras, con la certeza de que este momento marcará la consolidación de una institución más vigorosa y unida.

Hago explícitas estas decisiones en consideración a todos ustedes, para que juntos fortalezcamos el nuevo liderazgo que hoy encabeza la organización. Estoy cierto que el Director General asumirá en términos propios, los retos y la responsabilidad que implica dirigir los destinos de nuestra casa.

Con su designación se abre obligadamente un periodo de cambio para nuestra casa editorial. Orientarla hacia un desarrollo multimedia para conservar al periódico en el lugar de vanguardia de los medios informativos en el país, es la tarea principal de la generación que hoy asume el mando.

No basta con mejorar lo existente. Hay que construir el futuro. Convertirnos en un exitoso grupo multimedia en expansión. El reto radica en una modernización en todos y cada uno de los ámbitos.

La modernización habrá de iniciarse con una revisión profunda de las prácticas editoriales, administrativas y operativas, pues por un lado hay un campo muy amplio para realizar una sinergia de operaciones y, por otro, es obligada una mejoría organizacional para consolidar nuestra eficacia.

Pero las posibilidades de desplegar a plenitud nuestro potencial dependen, sobre todo, del esfuerzo combinado y coordinado de todos nosotros. Ello me lleva a plantear que la divisa de hoy es coordinación, actitud cooperativa y mayor empatía institucional. Es decir, aprender a ver los problemas y sus alternativas de solución desde el punto de vista de todas las áreas involucradas. A las nuevas ideas, habrá que verlas de frente, con apertura, con inteligencia, como lo son: nuevas oportunidades de superación.

Las líneas estratégicas enunciadas son también fundamentales para la nueva cultura laboral, que es imprescindible asentar en la conducción empresarial de nuestra casa editorial, de tal manera que cada miembro de la organización cumpla su responsabilidad con una visión de conjunto.

Cuando las áreas se conducen con una visión fragmentada, desunida, dispersa, como en ocasiones nos ha sucedido, se pierden de vista los objetivos generales de la empresa. La competencia interna puede ser positiva, si el objetivo general se fortalece. pero no lo es si predomina el objetivo individual.

Ya me he extendido más allá de lo que tenía pensado, pero permítaseme compartir con ustedes un par de reflexiones finales:

Como en otros momentos decisivos de su historia, México necesita ahora del oficio periodístico sustentado en el compromiso superior con la nación: plural como la comunidad de la cual busca ser espejo, celoso en la defensa sin cortapisas de la libertad, orientado por un código ético intachable, que es la fuente de legitimidad de todo periodismo que aspira trascender en el tiempo y servir a la sociedad.

En esta era de la información, la libertad de expresión es su más sólido valor. Ejercerla con responsabilidad social es honrarla. A partir de una verdadera cultura de la corresponsabilidad, sin pretensiones restrictivas, podremos alcanzar el nivel de madurez democrática que nuestra sociedad reclama y merece.

En nuestro caso, responsabilidad social significa una apuesta definitiva por la independencia editorial. Esa es la savia de la credibilidad; esa es también la mejor mercadotecnia social para promover la empresa. La independencia económica de la que goza nuestro periódico garantiza las posibilidades de consolidar esa ruta.

En el marco de esa responsabilidad social, me manifiesto por una línea editorial plural, diversa, siempre rigurosa, ajena a los fundamentalismos, distante de los extremos. una línea editorial que crea en el estado de derecho, en el estado laico, en el estado democrático socialmente responsable; en el libre mercado, la globalización y las libertades civiles.

Pero también en los derechos humanos, la solidaridad social y en una ciudadanía fuerte, participativa y tolerante. me pronuncio, pues, por un periódico congruente con las causas sociales en las que cree.

En el proceso de cambio de nuestro país, los medios de comunicación tenemos que dar también un salto cualitativo en los niveles de profesionalización y éticos. No podemos soslayar esa discusión: siempre podemos mejorar, siempre podemos superarnos, servir mejor y realizarnos cada vez más íntegramente.

Amigas y amigos:

Este no puede ser sino un día muy emotivo para mí. Quizá el día más importante de mi vida en EL UNIVERSAL. Lo es porque con la designación de Juan Francisco como Director General, inicia un nuevo ciclo en la vida de nuestra casa. Estoy cierto que será más fructífero y próspero que el que hoy se cierra.

Entre las alegrías y tristezas de estos años, puedo decir que me retiro tranquilo, con la frente en alto, convencido de que cumplí, con sentido del deber, los afanes del trabajo y la responsabilidad en la que me formaron mis queridos padres. Y aquí un sentido agradecimiento a mi familia, especialmente a mi hermana María Teresa, a mi esposa Perla y a mis hijos, cuyo apoyo he tenido siempre y a quienes en muchas ocasiones no he podido darles el tiempo que quisiera y se merecen ampliamente.

Me retiro consciente del honor que significó haber servido con pasión y lealtad a mi amado país, desde la gran trinchera que es esta singular empresa, que los reconocimientos, distinciones, homenajes y cargos los he recibido en nombre de esta gran institución.

Durante estos 38 años hemos vivido por igual, etapas de gloria que tiempos amargos. Debo decir que extrañaré profundamente a esta gran familia de LOS UNIVERSALES.

Los extrañaré porque en este tiempo, todos ustedes fueron extraordinarios compañeros de viaje. Algunos lo fueron por más de tres décadas. Pero más allá del tiempo que hemos caminado juntos, quiero decirles que me siento orgulloso de cada uno de ustedes. Los admiro y les tengo una inmensa gratitud. Por ello, a cada uno de ustedes le digo gracias. Gracias por haberme acompañado en este largo viaje.

Gracias por su comprensión. Mil veces gracias por su apoyo, porque a 38 años de distancia, aquí estamos, y gracias a ustedes puedo decir con orgullo: misión cumplida. Hasta siempre.

Muchas gracias.

JCM



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