aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




El sueño migratorio del niño centroamericano

Gabriela Gutiérrez| El Universal
Lunes 03 de octubre de 2011
El sueo migratorio del nio centroamericano

“MOJADITOS”. Miles de menores centroamericanos atraviesan cada año el Río Suchiate, que divide a Guatemala de México, con la intención de llegar a Estados Unidos. (Foto: )

En los últimos cuatro años y medio, México deportó a 15 mil niños de América Centralque viajaban solos. La mayoría buscaba encontrarse con sus padres en EU

Ver imagen

TAPACHULA, Chis.— Wilmer tiene 13 años de edad y lleva una semana viajando. Viste una playera de Las Chivas, aunque no conoce al equipo de futbol. En una bolsa de plástico, que reemplaza por otra cada vez que puede, guarda el modesto equipaje con el que pretende recorrer los 3 mil kilómetros que lo separan de su punto de partida, Copán —uno de los municipios más pobres de Honduras—, y su destino final, Houston, donde espera encontrarse con su padre.

Su edad le da el entusiasmo para emprender el camino. “Todos me dicen que para llegar (a Estados Unidos) hay que intentarlo 10 veces. No me importa, lo haré las veces que sea necesario”, dice este adolescente en una conversación sostenida con EL UNIVERSAL en una vereda cercana al núcleo urbano de Tapachula.

El sueño americano de este menor no es un empeño aislado. Otros 15 mil niños centroamericanos que viajaban solos intentaron traspasar fronteras en los últimos cuatro años y medio, pero no lo lograron: fueron deportados. Nadie sabe cuántos lograron llegar a Estados Unidos, cuántos trabajan ahora en territorio mexicano o cuántos murieron en el camino, pero la migración de “menores no acompañados” es un fenómeno que inquieta a las autoridades migratorias de México.

“Los padres que se fueron hace algunos años ven con más dificultad la migración circular, que les permitía ir a la boda de sus hermanos, a visitar, a la graduación de sus hijos. Ahora (calculan) lo riesgoso (que es) poder regresar a Estados Unidos. Es un volado con cada vez menos probabilidades de éxito”, dice Rolando García, coordinador de Relaciones Internacionales de Instituto Nacional de Migración (INM).

“La ruta de la muerte” que siguen los más de 400 mil indocumentados que año con año ingresan a México por la frontera sur —la mayoría con el objetivo de llegar a Estados Unidos— se va nutriendo cada vez más de pasos cortos y aventurados, dispuestos a correr el riesgo de caer en manos de las bandas que trafican con personas, con fines de explotación sexual y laboral.

El camino de estos pequeños migrantes está minado de secuestros, violaciones e incluso de la propia muerte.

Bebés son entregados a “polleros”

El INM reporta que de 2007 a julio de 2011, 65% de 23 mil 615 niños centroamericanos que fueron deportados a sus países de origen viajaban por su cuenta, sin la compañía de un adulto.

A esos 15 mil “menores no acompañados” que fueron expatriados por las autoridades mexicanas en los últimos cuatro años y medio hay que sumarle 2 mil —la mayoría centroamericanos— que repatria el gobierno estadounidense en promedio cada año.

Esos miles de pequeños sueños rotos alcanzan a verse en los reportes oficiales de México y Estados Unidos, pero también en los ojos encendidos de Wilmer.

“Dos de mis hermanos mayores (que emigraron siendo niños) ya están allá. Ya no me quiero quedar con mi abuela; me regaña mucho”, dice el migrante primerizo.

El total de niños viajeros deportados por las autoridades migratorias pasó de 4 mil 113, en 2009, a 4 mil 850, en 2010. Es decir, se incrementó 18%.

Sin embargo, es el flujo de los que viajan solos, el de los no acompañados, el que se disparó en 44%, de mil 991 niños a 2 mil 869, en el mismo periodo.

En lo que va de 2011 se han deportado 2 mil 259 niños acompañados y mil 525 menores no acompañados.

Aunque no hay cifras nacionales que reporten los motivos de la migración infantil, Gabriela García Solís, oficial de Protección a la Infancia en Tapachula, Chiapas, establece que, en su experiencia, “60% de los niños buscan la reunificación familiar; 25%, un mejor nivel de vida; 10% huye de situaciones de conflicto —como Los Maras— y 5% va en busca de aventura, sólo por ver qué se siente”.

El INM ha detectado casos en los que niños de apenas unos meses de nacidos son puestos bajo el cuidado de polleros.

Otra de las probables causas de este fenómeno, explican las autoridades migratorias, es el incremento de las medidas de seguridad fronteriza —particularmente después del ataque terrorista a las Torres Gemelas, el 11-S—, así como el aumento de los peligros a los que se enfrentan los migrantes que quieren visitar a sus familiares y luego regresar a Estados Unidos. Por eso, ahora son los menores de edad quienes salen en busca de la reunificación familiar.

México ha repatriado principalmente a menores de edad de Guatemala, Honduras y El Salvador.

Anticonceptivos para viajar

La oficial de Protección a la Infancia en Tapachula explica que las niñas que viajan solas integran el último eslabón de una cadena de ilegalidades y abusos que se nutre de los más débiles dentro del flujo migratorio de Centroamérica a México.

Muchas de ellas ahora optan, antes de dejar sus hogares, por inyectarse anticonceptivos, pues prevén, casi con seguridad, que serán objeto de violaciones en su camino al sueño americano. Así, con esta medida, al menos, no quedan embarazadas.

“Ya vienen con la mentalidad que les puede pasar algo malo. Vienen preparadas para bloquear lo que pase en el camino”, detalla García Solís.

No es para menos. Activistas señalan que las niñas migrantes son presa fácil de una larga lista de agresores potenciales: polleros, compañeros de viaje, agentes de migración, policías municipales y federales, bandas delictivas, pobladores locales.

Alrededor de 18 de cada 100 menores que viajan solos son niñas. De ellas, dos tienen menos de 12 años. De 2009 (año a partir del cual las niñas figuran en las estadísticas) a la fecha, el INM ha repatriado a mil 139 menores del sexo femenino.

Las autoridades estadounidenses reportan que son niñas 24% de los más de 8 mil menores migrantes no acompañados que son captados en su territorio cada año.

Activistas de derechos humanos asentados en Tapachula señalan que los niños migrantes, acompañados o no, corren más riesgos que los adultos en la misma ruta. Provienen, invariablemente, de familias rotas, disfuncionales. Huyen de las casas de los abuelos, los tíos o donde quiera que sus padres los hayan dejado encargados. Se escabullen de las bandas criminales, como Los Maras, que intentan enrolarlos en sus prácticas delictivas.

Rubén Figueroa, del Movimiento Migrante Mesoamericano y uno de los organizadores de la Marcha por la Paz, cuenta que los menores no acompañados centroamericanos son muy vulnerables y pocas veces planean su viaje.

“El migrante adulto generalmente planea su viaje con tiempo, se organiza con otros para irse juntos. El niño muchas veces va huyendo, ya sea de una situación de violencia en casa o por parte de grupos delictivos. Además, no les gusta mucho ir con el flujo migratorio porque temen ser secuestrados, sobre todo, pero tampoco quieren salirse”, dice Figueroa.

Y explica que si desaparecen, pasarán semanas, quizá meses, antes de que alguien se pregunte por su paradero: por un lado, en el país de origen, estará una familia a la que nunca sintieron pertenecer, y del otro, padres migrantes indocumentados, con temor de acercarse a las autoridades. “Nadie los buscará”, lamenta.

Cuando se le enumeran a Wilmer los peligros a los que se enfrentará en su largo viaje, la respuesta aparece en una encogida de hombres, y un simple: “Ya sé”.

El hondureño de 13 años clava la mirada al piso y agrega: “Vale más jugársela y llegar con mi papá y mis hermanos, que quedarme donde estoy”.


 



comentarios
0