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El fuero no los salvó de reproches

Ricardo Gómez| El Universal
Viernes 29 de julio de 2011
El fuero no los salv de reproches

LUCHA. Familiares de quienes han desaparecido o muerto a manos del crimen organizado exigen justicia. (Foto: Miguel Espinosa / EL UNIVERSAL )


ricardo.gomez@eluniversal.com.mx

El heroico Castillo de Chapultepec testificó ayer el dolor de los deudos de las víctimas fallecidas a manos de la delincuencia, y a partir del cual se alzaron las voces, ahora para acusar a senadores y a diputados federales de ser omisos y olvidarse de los ciudadanos.

Con lágrimas, el grito de justicia se dejó escuchar en todo lo alto del alcázar, donde ni el fuero salvó a la clase política de una avalancha de reclamos.

Los versos de María Rivera, recitados por el escritor Javier Sicilia, sintetizaron el dolor de quienes han tenido que enterrar a los suyos.

“Allá vienen los descabezados, los mancos, los descuartizados, a los que les partieron el coxis, a los que les aplastaron la cabeza; los pequeños llorando. Allí vienen los que duermen en edificios de tumbas clandestinas, vienen con los ojos vendados, atadas las manos, baleados entre las sienes. Allí vienen los muertos tan solitos, tan mudos, tan nuestros, engarzados bajo el cielo de Anáhuac a reclamarnos”, entonó el líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y pidió un minuto de silencio que todos cumplieron.

A lo largo de la mesa de diálogo se colocaron fotos de las víctimas, mientras las cifras danzaban en el aire: 50 mil muertos por la guerra al crimen, más de 10 mil desaparecidos, más de 120 mil desplazados por la inseguridad.

Diálogo de casi seis horas, en que se recordó a los muertos, incluidos los de la guardería ABC de Sonora; los de Creel y Galeana, en Chihuahua, entre muchos.

Pero también hubo recriminaciones. Los deudos de familiares caídos fustigaron la actividad de los legisladores.

Les dijeron de todo. Que se aíslan en sus búnkers, dijo Sicilia, y le dan la espalda a la ciudadanía para contemplarse en el espejo de sus ambiciones, lo que se traduce en parálisis legislativa.

En el alcázar donde los Niños Héroes del Colegio Militar defendieron el territorio, vino la acusación más grave, el señalamiento a senadores y diputados de ser corresponsables de la guerra, de los muertos, dijo el poeta, mientras al fondo cárteles pedían la aparición de los hijos perdidos, con una bandera manchada de sangre, símbolo del movimiento.

Siempre al lado de Sicilia, el ex ombudsman capitalino Emilio Álvarez Icaza también fue testigo de expresiones irreverentes, como la de Yuriana Armendáriz, quien al relatar la muerte de su único hermano llamó “bola de grasa” al gobernador de Chihuahua, César Duarte, y “pequeño presidente” a Felipe Calderón.

Ante la crítica, del otro lado de la gran mesa los rostros de los legisladores fueron uno solo: adustos, aguantaron la estocada y las que vendrían después.

Otros pidieron perdón, como Arturo Escobar (PVEM); Armando Ríos Piter, del PRD, y los panistas José González Morfín y Josefina Vázquez Mota.

Para muchos fue una reunión histórica, pero también jornada de recuerdos. Gabriela Cadena de Alejos, compartió el dolor con Sicilia. Ambos perdieron un hijo el 28 de marzo a manos del crimen. Y con las historias, entonces vino la catarsis, el llanto del poeta.

Al final Sicilia les dijo que aunque eran “un chingo” les enviaba un beso, uno más en la mano, y un abrazo.



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