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“Nos enseñó a vivir, a creer y a morir”

TEXTO ANA ANABITARTE•ENVIADA| El Universal
Viernes 29 de abril de 2011
“Nos ense a vivir, a creer y a morir”

DE VIAJE. La reportera Paloma Gómez Borrero con el papa Juan Pablo II. (Foto: ESPECIAL )

Periodista española recuerda las vivencias durante los viajes del Pontífice

ROMA.— Paloma Gómez Borrero es una de las periodistas que mejor conoció a Juan Pablo II. En 1971 fue nombrada corresponsal de RTVE (Radio Televisión Española) en Roma, y tras la muerte, primero de Pablo VI y luego de Juan Pablo I víctima de un infarto tras 33 días de pontificado, se convirtió en la sombra de Karol Wojtyla. Durante 27 años le acompañó en los 104 viajes que realizó por 129 países, estuvo en la Plaza de San Pedro del Vaticano el día que el terrorista turco Ali Agca disparó al Pontífice, y hace seis años pudo velarle en la intimidad el día de su muerte. Ahora, a sus 74 años y con una vitalidad desbordante, Gómez Borrero sigue cubriendo la actualidad vaticana para la Cadena Cope.

“Juan Pablo II fue un Papa con un gran carisma, con una sintonía especial con los jóvenes y que rompió moldes”, dijo a EL UNIVERSAL. “Nos enseñó a vivir, a creer y también a morir. Pero lo que yo destacaría de él sería su capacidad de ensimismarse y de rezar. Después de jornadas interminables y largas horas de trabajo se iba a la capilla a rezar. Y delante de la Virgen de Guadalupe había que avisarle, porque se quedaba rezando durante horas. Recuerdo que en su dormitorio en el Vaticano tenía una imagen de ella”, relata.

El 26 de enero de 1979 la periodista viajó con Juan Pablo II en el primero de los cinco viajes que hizo a nuestro país.

“México le llegó al alma como ningún otro lugar”, cuenta. “Se quedó asombrado por la calurosa y multitudinaria acogida. La gente, se volcó allí por donde íbamos. Durante todo el viaje le cantaron “Juan Pablo, hermano, ya eres mexicano, ya eres guadalupano”, “Juan Pablo amigo, México está contigo”, y cada mañana le despertaban con el “Cielito lindo”.

Él siempre decía con gracia: “¡pero este pueblo no duerme nunca¡”, recuerda. Probablemente uno de los momentos más emocionantes de aquel viaje fue la despedida. “Todo el mundo estaba en las calles, en las terrazas, en los balcones esperando para verle pasar. Y cuando el avión despegó la gente sacó unos espejitos que con la luz del sol se reflejaron en el cielo como estrellas abrazando el avión”, recuerda.

“El profesor de español del Papa, monseñor Santos Abril, me contó que estaba leyendo el breviario y que cuando vio la imagen por la ventanilla del avión se le humedecieron los ojos y dijo ¡qué pueblo! Fue impactante y algo muy bello. Luego lo han repetido en otros viajes pero aquella vez fue inolvidable”, añade la periodista.

De aquella estancia en México la periodista también recuerda una divertida anécdota. “El Papa iba a dar una misa en la Basílica de Guadalupe así que desde el día anterior la explanada se llenó de gente. Y entre todas las personas que había estaba una señora embarazada que esa misma noche dio a luz”.

“De repente la gente empezó a gritar: ¡ha nacido Juan Pablo¡ ¡ha nacido Juan Pablo! Y es que el bebé nació en la misma plaza, fue niño y le pusieron Juan Pablo”. Aquel viaje, según Gómez Borrero sirvió para que México y el Vaticano acercaran posturas. “A un gobierno como era el del PRI no le podía hacía mucha gracia ni que estuviera el Papa ni lo que decía, pero fue muy respetuoso. Fue un viaje que tendió puentes”. La reportera fue una de las pocas periodistas a las que a la muerte de Juan Pablo II se le permitió entrar a la Sala Clementina a dar el último adiós al Pontífice. “Me impresionó mucho verle muerto (el 2 de abril de 2005) porque de haberle conocido joven, fuerte, deportista y lleno de vida, me encontré con un hombre consumido, chiquitito, muy delgado (había perdido 16 kilos en una semana) y demacrado”, relata.



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