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Marginación y violencia, campo fértil para el narco

CRISTINA-PÉREZ STADELMANNpolitica@eluniversal.com.mx| El Universal
Sábado 01 de mayo de 2010
Niños y niñas que crecen entre pandillas son observados con fines de reclutamiento criminal

Amelia tiene 12 años. Se describe como una niña buena que no hace daño. Es la mayor de cuatro hijos. Sus familiares venden droga, constantemente buscan a dos de sus tíos; ella se enfrenta a balaceras, se esconde debajo de la cama o adentro de un clóset para que las balas no la alcancen. La zona donde vive es la más peligrosa del barrio; se llama El Tramo y está en la colonia Gabriel Hernández. Sus tíos le han dicho que tendrá todo cuanto necesite si se va con ellos y los ayuda; ellos se dedican a la delincuencia organizada.

Sus padres trabajan y ella pasa la mayor parte del tiempo entre la escuela y el Centro Cultural Comunitario La Roca, del Colectivo Independiente Marabunta, organización ubicada en el Distrito Federal, que inició sus actividades en 2007, y cuya consigna es participar en la reconstrucción del tejido social de los barrios, donde la drogadicción y la violencia son los principales agentes perturbadores del entorno.

Miguel Barrera, director y fundador del Colectivo Marabunta, un hombre que participó en pandillas, comenta que es posible que crezca una flor en el basurero... y trabaja diariamente para que Amelia tenga un mejor presente. “Los niños con quienes trabajamos, principalmente viven en la parte alta de la colonia, en las faldas del cerro, y esta ubicación los hace vulnerables y los pone en riesgo por ser zonas de alta marginalidad en situación de drogas y violencia”.

“Nací; mi papá decía que yo no era su hija, porque mi mamá andaba con otro señor. Mi papá se fue de la casa, me dejó abandonada con mi tía y con mi mamá... ahorita ya está con nosotros otra vez... y me llevo regular con él porque no me gusta cómo me habla... mi mamá se fue a Estados Unidos, me dejó con mi tía, ella me pega... y ahora mis tíos venden droga y han matado a mucha gente...”

 

“Donde vivo hay muchos chavos que trafican droga, y me siento muy expuesta a esos riesgos porque no falta que en cualquier momento llegue un señor que me diga: ‘quieres o ten droga y ponte a vender esto’... El otro día estábamos en la calle, de repente mis tíos llegaron borrachísimos, traían una bolsita, sacaron una pistola y empezaron a tirar balazos al aire ... luego, la otra vez, iba pasando y un señor aventó un balazo cuando yo iba pasando... yo me eché a correr y hasta dejé a mi hermano atrás...”

Amelia dice que sí ha visto la droga ahí en su casa, pero no la ha probado...

“Mis tíos tienen camionetas, tienen muchas casas”, dice. A su corta edad, maneja y conoce los términos vinculados a la droga, mundo que tiene su propio lenguaje, el cual Amelia domina.

 

Mientras tanto Araceli, de 10 años... está asustada porque en la sala de su casa hay un charco de sangre que no se quita y...que ahí mataron a un señor que ella conocía. Dice que su tío lo mató en la sala y ella lo vio. Que su tío la agarra de la cintura, la aprieta mucho y que cuando se lo cuenta a su mamá ella le contesta que no tiene nada de malo... que no ande inventado cosas contra su tío.... “Siento como si me hiciera algo cuando me toca...”

 

En su familia son cuatro personas, estudia la primaria, su madre se dedica al hogar, y su padre trabaja en un taller. “Cuando estoy en la calle veo como mi tío consume droga , luego nos tenemos que pasar corriendo para que el olor de la droga no nos afecte mucho... mi tío estaba en la cárcel, ya salió y vive en la parte de debajo de la casa, mi mamá le ordena que salga de la casa cuando está consumiendo... ellos se pelean ... vivo con mi mamá, mi papá, y cinco de mis tíos... en mi casa mi tío va armado, la lleva en el pantalón... siento miedo porque pienso que si mi tío tiene un problema allá en la calle, se van a ir contra nosotros su familia; porque saben dónde vivimos, y saben que es lo que él más quiere”.

 

Un joven que vende estupefacientes, comenta, en entrevista con EL UNIVERSAL, que prefiere vivir bien tres años a vivir pobre toda su vida. Explica que conoce a otros de la banda que se alquilan por 500 pesos para matar.

“Lo que reciben fluctúa entre 500 y 4 mil pesos; la banda que mata tiene entre 14 y 16 años”, comenta Carlos Cruz, presidente desde 2005 de Cauce Ciudadano; pandillero desde los 13, dejó el mundo de la violencia en 2001, cuando muchos de sus compañeros ya habían sido heridos o asesinados.

 

“Actualmente 38% de los jóvenes han tomado la decisión de no continuar con su vida académica, debido a un mal diseño educativo para las poblaciones adolescentes y juveniles.

Para los pandilleros no existe un programa de desarrollo para la vida; con hábitos de vida saludables, capacidad para decir “no”; soportar la presión de pares, buscar la solución de problemas y conflictos, promover conocimiento de sí mismos... lograr que los chavos logren decir “yo no consumo” de manera asertiva. Lo negativo en las pandillas es la resolución violenta de los problemas”.

 

¿Cómo elige el crimen organizado?.

El crimen organizado identifica quiénes son los más violentos de una banda y los recluta para el sicariato: observan quiénes tienen vehículo para poder trasladar la droga. A las niñas de entre 12 y 16 años las utilizan como distribuidoras de casa en casa... tal es el caso de Paulina y María, de 15 y 16 años, respectivamente, que se encargaban de entregar armas a domicilio. Fueron descubiertas por la policía, que comenzó a extorsionarlas; ellas, a cambio, “los retribuían” con servicios sexuales hasta que Cauce Ciudadano empezó a apoyarlas, y ahora ya no deambulan por las calles de la ciudad.

 

Mario, de 13 años, mató a su hermano menor porque le robó un bolillo; salió del reclusorio y ahora cuida una bodega de drogas y cobra 8 mil pesos al mes. Cauce Ciudadano tiene esperanzas de rescatarlo. De igual manera, Juan Martín Pérez García , director de la Red por los Derechos de la Infancia, que realiza su labor en el DF, dice que su objetivo es promover un movimiento social y cultural para que niñas, niños y adolescentes conozcan, ejerzan y disfruten sus derechos.

 

“Hemos detectado que los jóvenes están cada vez más relacionados y a temprana edad al robo de autos; tráfico de armas; prostitución infantil; trata de personas; secuestro; sicariato; venta de drogas; traslado de drogas; robo a transporte público; distribución y manejo de autopartes; extorsión a comercio; piratería, es decir, todo aquello que conforma la delincuencia organizada”, dice en entrevista Pérez García. “A su vez, a las mujeres y niñas se les considera parte estratégica de la operación, toda vez que pueden tener mayor operatividad que los varones, pues las acciones policiacas se dirigen mayormente hacia los hombres”.

 

Pobreza; desempleo; deserción escolar; incremento de abusos sexuales; mayor consumo de sustancias; desesperanza; falta de confianza en las autoridades; menor acceso a la salud; mayor número de embarazos no deseados; disfunción familiar; incapacidad del gobierno para hacer justicia, son, según Cauce Ciudadano, campo fértil para que los jóvenes se incorporen al crimen organizado.

 

“Allí, en las familias del crimen organizado, los jóvenes reciben ‘el crédito’ que en sus casas y en la sociedad no tienen. Ante tu pobreza te ofrezco 6 mil pesos al mes, parece decir el crimen organizado... ante la ausencia de un adulto que te quiera, yo te abrazo todos los días y te digo que eres muy ‘chido’ conmigo... ante la desconfianza de la gente yo te doy un arma y te digo que confío en ti; ante las instituciones que no te quieren, yo sí te quiero, perteneces a mi grupo y te digo: “¡Eres zetita!”

 



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