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La violencia ahuyentó votantes en NL

Ignacio Alvarado ÁlvarezEnviado| El Universal
Lunes 06 de julio de 2009
Políticos acuden a votar acompañados por discretas escoltas. Cifras preliminares señalaban que menos de 40% del electorado fue a las urnas a elegir gobernador, alcaldes y legisladores

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MONTERREY, N.L.— Natividad González Parás arribó a la casilla 416 haciéndose vigilar por una escolta personal de cuatro elementos y un patrullaje policial que pretendió ser discreto, pero que sólo animó la idea de una jornada bajo amenaza del crimen organizado.

Todo indicaba la víspera que el estado se encaminaría a unas elecciones con pinceladas violentas. El gobernador instruyó una vigilancia con más de 5 mil efectivos de sus cuerpos de seguridad, y las acciones quedaron respaldas por elementos federales.

“Hemos estado en permanente comunicación con el señor presidente de la República y con el señor secretario de Gobernación. Los equipos de seguridad están trabajando”, dijo a periodistas tras emitir su voto.

El domingo de elecciones fue, en efecto, tranquilo, salvo esporádicos conflictos partidistas, de acuerdo con la Comisión Estatal Electoral.

Los habitantes de Monterrey y la zona metropolitana, que incluye otros seis municipios, estuvieron sin embargo por debajo de las expectativas de políticos y autoridades. Menos del 40% acudió a las urnas para elegir gobernador, alcaldes y legisladores.

Fernando Elizondo, el candidato del PAN al gobierno de Nuevo León, dijo en rueda de prensa, hacia las 19:30 horas, que la participación fue pobre. Él y su equipo esperaban al menos que votara 60% del electorado de 3.2 millones de ciudadanos nuevoleoneses.

Elizondo condujo una campaña en la que la seguridad fue el tema central. “No dejes a Nuevo León en manos criminales”, decían sus promocionales.

En un estado sacudido por la peor racha violenta de su historia reciente, el fenómeno fue tema compartido por su oponente del Revolucionario Institucional, Rodrigo Medina.

Ambos aspirantes acudieron a sus casillas fuertemente custodiados y reservaron hasta el final la hora exacta en que emitirían su voto.

“Todo esto obedece a razones de seguridad”, dijo la mañana del sábado Juan Manuel Alvarado, operador de comunicaciones del candidato priísta al gobierno del estado.

El énfasis en materia criminal no convenció a muchos de los electores en la entidad, que se reservaron finalmente el derecho a votar.

* * *

María Lazcano tiene 22 años y labora en una nevería de Santa Catarina, un municipio al extremo poniente de Monterrey, atestado de vendedores de droga al menudeo y pandillas violentas. No votó, dijo, por el descrédito de contendientes y partidos políticos.

“No me interesa votar por alguien que miente y que no soluciona las cosas. Yo siempre he escuchado lo mismo: que prometen y no cumplen”.

La familia entera de María , compuesta por sus padres y dos hermanos mayores, eligió la misma ruta del abstencionismo, cansados de promesas y corrupciones, según dijo ella misma.

La mañana del domingo 28 de junio, Martha Hernández Vega, de 26 años, irrumpió en las calles de la colonia Fomerrey 29, junto con otra decena de funcionarios y voluntarios electorales. Iban a colocar mamparas para marcar el sitio en el que abrirían casillas.

“De pronto nos detuvieron en la esquina tres viciosos, tres pushadores. Nos comenzaron a amenazar, a decirnos cosas muy feas, que nos fuéramos, pero por fortuna pasó en ese momento una granadera y pudimos lograr hacer nuestro trabajo”.

Hernández Vega fue auxiliar de información de la Comisión Estatal Electoral. Ayer temprano, dijo, reconsideró su decisión de no presentarse a la casilla, por miedo a una agresión.

“Estamos en plena banqueta, ni siquiera adentro de una escuela, en donde sería más seguro trabajar”, refirió.

La casilla 2052 estuvo bajo vigilancia permanente de un efectivo de la Policía Municipal, pero sin respaldo de fuerzas estatales o del gobierno federal, según dijo el oficial.

La amenaza de grupos criminales fue más allá de calles como las de ese barrio de Santa Catarina.

El sábado, medios locales publicaron que la Sedena patrullaría la zona metropolitana por considerarla “foco rojo” en materia de seguridad.

Pero nadie reportó patrullajes de militares y las pocas caravanas de agentes federales no reportaron intervenciones para desactivar alguna acción delictiva.

* * *

En San Pedro, la realidad de buena parte de la zona metropolitana parecía lejana.

Flamantes automóviles desfilaban por el estacionamiento del American Institute of Monterrey, donde fue colocada la casilla en la que votaron el gobernador y la esposa e hijas del candidato panista Fernando Elizondo.

“Aquí el que no elige no tiene derecho a opinar”, dijo a una reportera de radio Catarina Elizondo, la mayor de las hijas del ex secretario de Energía.

“Alguien tiene que gobernar y la única manera de provocar el cambio es votando” agregó a su respuesta.

Catarina, su madre y su hermana estuvieron siempre vigiladas desde la distancia por una guardia privada, aunque el entorno en ese lugar pareciera todo, menos amenazante.

Mansiones de enormes jardineras están rematadas por el imponente cerro Chipinque, y una comunidad muy distinta a las de los barrios de la cordillera de enfrente, Topo Chico, era igualmente celada por los funcionarios del CEE, que impedían siquiera la aproximación de reporteros.

Ignorante del bajo nivel de votación en la entidad, Natividad González Parás anticipaba escenarios inmejorables para él, como político:

“Me da mucho gusto venir a votar al mismo lugar al que vine hace seis años, en esta calle que se llama Perseverancia”, señaló el gobernador.

En 2003, su referencia a esa misma calle tuvo un motivo mucho más personal. Dijo que tras seis años de batalla, por fin llegaría su hora de gobernar. La amenaza que le hizo ir escoltado, indica que no fue así.



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