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La Iglesia condena exclusión de paisanos

María de la Luz González| El Universal
Lunes 11 de mayo de 2009

luz.gonzalez@eluniversal.com.mx

El nuncio apostólico en México, Christophe Pierre, consideró que son condenables los actos de discriminación que han sufrido ciudadanos mexicanos en varios países, pero de manera particular en América Latina, como resultado de las medidas adoptadas para prevenir el contagio de la influenza AH1N1.

Entrevistado tras encabezar la misa por el 300 aniversario de la Basílica de Guadalupe, el representante del Vaticano lamentó que a una emergencia de salud países hermanos reaccionen con señalamientos o descalificaciones.

“Vemos la tragedia de los enfrentamientos de hermanos contra hermanos; me extraña mucho ver que pueblos de América Latina se comportan de tal manera hacia hermanos. ¿Qué significa la fraternidad de los latinoamericanos, cuando frente a un hecho del que no somos responsables, la gente se comporta así?”, cuestionó.

Por ello, respondió: “Claro, desde luego que sí”, al ser consultado sobre si ese tipo de conductas son condenables.

“Yo pienso que hace falta, precisamente, una conversión, para encontrar en el hermano, no solamente en el mexicano, sino en todo el que vive en nuestras tierras, un hermano, y ayudarnos. Una tragedia debe empujarnos a cambiar nuestra mentalidad”, afirmó Christophe Pierre.

El nuncio dijo que la epidemia de influenza es una fuerte prueba para México, pero anticipó que el país saldrá de ella fortalecido con el trabajo y la colaboración de gobierno y sociedad, pues no es la primera ocasión en que se enfrenta un reto de esta magnitud.

La Basílica de Guadalupe reanudó ayer sus misas dominicales con una liturgia especial dedicada a las madres, oficiada por el rector del templo mariano, Diego Monroy Ponce.

En su homilía, el rector pidió a los feligreses honrar a todas las madres, vivas y difuntas, y destacó el papel fundamental y determinante que desempeñan no sólo en la vida de las familias, sino también en los ámbitos social y de la cultura.

La madre, dijo, enriquece la comprensión del mundo con su feminidad y contribuye a la plena verdad de las relaciones humanas, por lo que es necesario salvaguardar siempre su más natural vocación: llevar en sus entrañas la semilla fecunda de la vida, como don irrenunciable y privilegio único y propio.

En su mensaje, hizo votos porque los católicos, permaneciendo fieles en su seguimiento a Jesús, puedan ser también instrumentos de Dios en la transformación de la sociedad que, dijo, está necesitada de cambios profundos, “fundados en la integración y en el amor de la familia”.



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