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Mario Vargas Llosa critica la “civilización del espectáculo”

El Universal
Martes 07 de octubre de 2008

MADRID.— John Galliano, Woody Allen y la revista Hola fueron señalados por el escritor Mario Vargas Llosa como adláteres (subordinados) de lo que él llama la “civilización del espectáculo”, es decir, la que han construido las democracias en Occidente para huir de la reflexión y todo lo que no sea divertido.

Vargas Llosa fue el protagonista de una conferencia organizada por la SIP con motivo de su 64 Asamblea, una intervención presentada por el director de El País, Javier Moreno, para quien el periodismo vive “un momento difícil” y de transición cuyos perfiles no están aún definidos.

El autor de Pantaleón y las visitadoras repasó las “consecuencias” que ha tenido la “civilización del espectáculo” en la literatura, las artes plásticas, la crítica, el cine, la política, el sexo y el periodismo, desaparecidos en su esencia más pura o en trámite de ello.

Eso ocurre, dijo, porque hay un total “desdén” por todo lo que recuerda que “la vida no sólo es diversión, también drama, dolor, misterio y frustración. El primer lugar de los valores, de las prioridades, lo ocupa el entretenimiento. Divertirse, escapar del aburrimiento es la pasión universal”, argumenta.

En el periodismo, aseveró, la frontera entre lo amarillo y lo serio se ha llenado de agujeros y “los mayores casos de conquista de público” los protagonizan las revistas del corazón, ya que “la forma más eficaz de entretener es alimentar las bajas pasiones”.

La revista Hola y sus “congéneres”, precisó, son “los productos más genuinos de la civilización del espectáculo” porque dan “respetabilidad” a lo que antes era “producto marginal y casi clandestino: el escándalo, el chisme e incluso el libelo y la calumnia”.

No le extraña que la literatura más representativa sea “leve, ligera, fácil”, aquella que “sin el menor rubor se propone ante todo y sobre todo divertir”.

Aseguró que no condena a esos autores porque hay entre ellos, “a pesar de la levedad de sus textos, verdaderos talentos” como Julian Barnes, Paul Auster y Milan Kundera, pero lamenta que ya no se emprendan aventuras literarias como las de Joyce o Proust.

Han desaparecido los intelectuales y “prácticamente” los críticos, pero la cocina y la moda ocupan buena parte de las secciones dedicadas a la cultura, un mundo controlado por la publicidad que da carta de “ciudadano honorario” a John Galliano y a sus “esperpentos indumentarios”.

En el cine se privilegia el ingenio sobre la inteligencia, “y ya no produce creadores como Bergman, Visconti o Buñuel. ¿A quién corona icono? A Woody Allen, que es a un David Lynch o a un Orson Wells lo que Andy Warhol a Gauguin”. (EFE)



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