aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Matan a otro mando de la Policía Federal

María de la Luz González| El Universal
Viernes 27 de junio de 2008
Rompió rutina en fonda donde comía; un escolta fallece y hay tres lesionados

luz.gonzalez@eluniversal.com.mx

Momentos después de que un sicario disparara su ametralladora Uzi sobre el comandante de la Policía Federal Igor Labastida Calderón y tres escoltas en una fonda de la calzada México-Tacuba, un hombre que esperaba en el exterior del local con una cámara de video entró para grabar los cuerpos sin vida.

Después de tomar imágenes por unos segundos, salió y, con paso tranquilo, se alejó por las calles de la colonia Argentina Antigua del DF. El hombre de la cámara era alto, delgado y canoso, según el testimonio de un vecino que pidió reservar su nombre.

Labastida fue asesinado en la fonda Cocina Anita —donde comía con frecuencia—, en el número 1150 de la calzada México-Tacuba.

Según las primeras investigaciones, el atentado en el que también falleció uno de los escoltas del jefe policiaco y resultaron lesionados otros dos y una empleada de la Secretaría de Seguridad Pública, fue perpetrado por un agresor solitario, vestido de negro, que huyó en un Volkswagen Bora, color negro.

El sicario utilizó al menos dos armas —una Uzi calibre 9 milímetros, que dispara ráfagas, y otra de calibre .380—, pues los peritos de la Procuraduría de Justicia capitalina hallaron casquillos percutidos de estos dos tipos.

Labastida, ex director de Investigaciones Especiales de la Policía Federal, tenía el grado de inspector general y era muy cercano al ex comisionado de la corporación Édgar Millán, ejecutado el pasado 8 de mayo.

Hasta ayer estaba adscrito a la Coordinación General de Seguridad Regional, en funciones de combate a contrabando y piratería, además de participar en la reestructuración de la extinta Policía Federal de Caminos.

En el atentado falleció el escolta José María Ochoa Martínez, y fueron lesionados otros dos: Álvaro Pérez Mendoza y Humberto Torices Morales, además de Heidi Yezel Cruz Osorio, suboficial administrativa de la PFP.

De acuerdo con vecinos, Labastida era asiduo comensal de la modesta fonda, al parecer es propiedad de un familiar. Apenas el martes pasado varios residentes de la colonia lo vieron comiendo en el pequeño establecimiento de dos entradas, que no tiene más de 10 mesas y sirve comida corrida por 30 pesos.

Varios de los vecinos entrevistados, a quienes las policías federal y capitalina advirtieron que no debían hablar con los medios de comunicación, manifestaron su extrañeza por que el asesino haya tomado por sorpresa al comandante, pues según los testimonios, en todas las visitas a la fonda los escoltas montaban guardia afuera del local.

“Él y la señorita que lo acompañaba entraban a comer y los escoltas se quedaban afuera, uno en cada entrada de la fonda, y otros dos en el edificio de a lado y en la entrada a la gasolinera; era impresionante verlos; daba pena que no comieran”, dijo una vecina.

Labastida tenía toda una rutina en el lugar donde fue asesinado. Con frecuencia también llevaba su auto o patrullas a un taller mecánico cercano a la fonda, donde los empleados lo conocían como “el señor chaparrito”.

“Venía desde hace unos tres años. Era muy amable y daba buenas propinas. Siempre llegaba con sus escoltas, traía mucha seguridad, sólo una o dos veces vino solo”, coincidieron empleados del establecimiento.

Ayer, el comandante cambió su rutina y sentó en la mesa a sus escoltas, quienes no tuvieron tiempo de sacar sus armas para responder al ataque.



comentarios
0