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Banqueros dudaron de la ola de rumores

JUAN ARVIZU | El Universal
Jueves 30 de agosto de 2007
Manuel Espinosa Yglesias, accionista mayoritario de Bancomer, no quiso retirar sus acciones de la bóveda un día antes. Acabaron con su imagen, asegura su hija

Corría el rumor de que el gobierno nacionalizaría los bancos al día siguiente. Manuel Espinosa Yglesias, el dueño del banco más grande, movido por las dudas fue a la bóveda donde guardaba sus acciones. “No, no puede ser... no puede ser...”. Vaciló y luego decidió dejar los títulos, dio la media vuelta sin saber que nunca volvería a estar allí, en Bancomer.

Al amanecer, las instalaciones de los bancos privados están bloqueadas por el Ejército, y frente a la casa de Espinosa Yglesias, como de sus colegas, “teníamos a los judiciales”.

—Como no viví la Revolución, nunca había tenido miedo. Y ese día, la verdad, por primera vez en mi vida tuve miedo —dice Amparo Espinosa Rugarcía, hija del banquero.

Han transcurrido 25 años de esa nacionalización, anunciada en el sexto informe de José López Portillo, en la cual culpó a la banca privada de una fuga de capitales, que calculó en 60 mil millones de dólares, como detonador de una crisis financiera.

—Hoy ya casi nadie recuerda la expropiación ni en qué día se llevó a cabo, ¡ni siquiera saben quién lo hizo! Ni el nombre del presidente que gobernaba este país de poca memoria —expone Espinosa Rugarcía.

Se basa en datos que arrojó una encuesta de la Fundación Espinosa Rugarcía, que ella preside, en la cual despliega esfuerzos para reivindicar a su padre, un banquero que —dice— reaccionó con una cauda de propuestas constructivas que chocaron con el espectro destructor de la expropiación.

—Recuerdo que hizo muchas propuestas al presidente, pero una tras otra las desecharon.

“Ya nos saquearon”, había dicho López Portillo en el Informe, al culpar a los banqueros de la crisis “financiera y de caja”.

Cinco lustros después, la hija de Espinosa Yglesias reconstruye los hechos:

—Dos o tres semanas antes de la nacionalización, el presidente se reunió con los banqueros. Hubo opiniones diversas. Fue un diálogo con diferentes enfoques, pero diálogo, no distanciamiento.

López Portillo anotó el 6 de agosto, en sus memorias, Mis tiempos:

“Los banqueros están agazapados. Que no me fastidien, porque también sigo adelante con la nacionalización. Me tenían apergollado con la amenaza de la fuga de capitales. Ya se fugaron muchos dólares, llegamos al tope”, revela.

—Alguien me habló por teléfono y me dijo: “Van a nacionalizar la banca”. Y mi papá no creyó y yo tampoco. No había nada que lo indicara —relata ella.

La tarde del día del Informe, Espinosa Yglesias saldría de viaje con el secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, a una reunión en la sede del Fondo Monetario Internacional (FMI). El funcionario estaba fuera de la operación.

—El viaje seguía en pie. “Vamos todos al FMI”, le confirmó Silva Herzog. Era impensable que el propio secretario de Hacienda no lo supiera, plantea Amparo Espinosa Rugarcía.

La confusión invadió al banquero, descrito por su hija como un hombre cauto. López Portillo asegura en sus memorias:

“Lo que ayudó a guardar el secreto de la medida fue la ola de rumores. (Este) fue uno más y ni siquiera lo creyeron”.

—Mi papá me dijo: “Vamos a la caja”. Bajé con él a la caja de seguridad de las acciones. Se paró enfrente y me dijo: “Qué hago?”.

Manuel Espinosa Yglesias era “muy legalista”. Y dijo: “Si algo pasa, yo tengo las acciones”.

—Decidió finalmente dejar las acciones en la caja. Estuvo dudando, pero al final de cuentas dijo: “No, no puede ser”. Era impensable, sobre todo porque nunca dejó de haber comunicación con las autoridades.

Ni el presidente electo Miguel de la Madrid esperaba la decisión. “Quedó sorprendido”, comenta López Portillo. Es que eso “fue como un rayo”.

El accionista mayoritario de Bancomer “vio que la expropiación no tenía remedio, que era un hecho consumado y como decía: “De lo perdido lo que aparezca”, se dedicó en los días siguientes a formular propuestas al presidente”. El mismo López Portillo relata que “Espinosa Yglesias quiere transar activos por capital”.

La Fundación Espinosa Rugarcía levantó una encuesta en la que la mayoría de las personas consultadas “dice que les gustaría (que otra nacionalización) no la decretara directamente sólo el Poder Ejecutivo, sino que pasara por el Congreso”.

Para López Portillo, aquel “fue un hermoso primero de septiembre”, en el cual escribió:

La banca es un “agente encubridor, consejero y beneficiario de la riqueza monetaria del país, y vehículo fundamental de la dolarización de la economía y la fuga de capitales”. Al final apuntó: “Los banqueros expropiados están llenos de rencor”.

Amparo Espinosa, quien pugna aún por un desagravio público a su padre, establece:

—Lo más destructivo de la nacionalización es que acabó con la imagen de los banqueros. Siento que en el país necesitamos de personas serias, responsables, insertadas en la legalidad, que podamos admirar.

Argumenta que a niños en Michoacán les preguntaron como quién querían ser. “Su deseo es ser como las personas que usan pistolas, relojes de oro, coches blindados”.

—Mi propuesta es que personas que valen la pena en este país sean reconocidas, que tengamos figuras honorables, hacia dónde ver.



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