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Gil Díaz, un fiscal de hierro que benefició a familiares

CAROLINA ROCHA| El Universal
Lunes 15 de enero de 2007
Durante más de 30 años en el servicio público, el ex secretario se construyó una imagen de incorruptible. Sin embargo, documentos públicos revelan que seis de sus parientes tuvieron gran bonanza en el negocio aduanero, en el periodo en que fue subsecretario y secretario de Hacienda

A lo largo de más de 30 años de trabajo intermitente en el servicio público, el ex secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, construyó una imagen de incorruptible, pero ni la ley ni una moral de acero impidieron que favoreciera a sus familiares.

El fiscal de hierro -como se le conoció en el sexenio de Carlos Salinas cuando fue subsecretario de Ingresos- incumplió los ordenamientos legales en materia aduanal, al incurrir en conflictos de interés: seis parientes (en línea directa e indirecta) se expandieron en el negocio aduanero, de acuerdo con documentos públicos.

A su paso por la Subsecretaría de Ingresos, cuatro familiares obtuvieron permisos para operar como agentes aduanales (patentes aduanales) a pesar de restricciones legales.

En Guadalajara, su tío Rodolfo Gil y Gil, y su prima hermana María Cristina Gil del Rincón, se estrenaron en los 90 en el negocio aduanal.

Y en Nuevo Laredo, la bonanza de la agencia aduanal de Leoncio Fernández Hinojosa, casado con su hermana Alicia Gil, se fincó en la obtención de nuevas patentes y una cartera de clientes privilegiada.

Su hermano Alfonso Gil Díaz es director de la Administración Portuaria Integral (API) de Mazatlán, desde que se privatizó el sector durante los primeros años del salinismo.

Imagen que contrasta con la realidad

La imagen de hombre de hierro, construida golpe a golpe contra evasores, contrasta con el apego familiar del ex funcionario.

Cuando Francisco Gil Díaz era subsecretario de Ingresos y encargado de transformar la aduana nacional -desde 1989- su tío, Rodolfo Ignacio Gil y Gil, obtuvo la patente aduanal número 3122, a pesar de que la Ley Aduanera lo prohibía por el vínculo consanguíneo. Así nació Gil y Gil Agentes Aduanales, SC, el 29 de noviembre de 1990, con sede en Guadalajara y con una segunda oficina en Manzanillo, Colima.

Cuatro años después, la agencia consiguió una segunda patente, la 3790. María Cristina Gil del Rincón, prima del ex secretario, apareció como titular del nuevo permiso.

Ambas patentes fueron autorizadas por Gil Díaz, a pesar del vínculo familiar y en contra del artículo 159 fracción VI de la Ley General de Aduanas que exige "tener título profesional" al aspirante a agente aduanal.

María Cristina, según consta en el oficio 1015/06 de la Dirección General de Profesiones de la SEP, "no cuenta con registro de título profesional que ampare estudios nivel de licenciatura". Aun así, la prima del ex secretario se ostenta como agente aduanal.

En Mazatlán vive Alfonso Gil Díaz, hermano menor del ex funcionario foxista. Ahí encontró su vocación de comercio al frente de la Administración Portuaria de esa ciudad norteña.

Alfonso, que es el cuarto de los hermanos Gil Díaz, representó a la empresa Xerox en Sinaloa hasta 1994, año en el que buscó y tuvo su gran oportunidad en la API de Mazatlán.

Doce años después, el fotocopiador convertido en autoridad de puerto, se encontró rindiendo cuentas al hermano mayor, quien ya era secretario de Hacienda.

"Evidente conflicto de interés"

Francisco Gil Díaz era el primero obligado a someterse a la Ley Aduanera, que en su artículo 159 restringe cualquier vínculo entre los funcionarios y los agentes aduanales: "No tener parentesco por consanguinidad en línea recta sin limitación de grado colateral hasta el cuarto grado, ni por afinidad, con el administrador de la aduana de adscripción de la patente".

El jefe directo de los agentes aduanales, es decir, Gil Díaz -como subsecretario de Ingresos-, estaba impedido de expedir patentes a sus parientes.

"Es evidente que tiene un conflicto de interés, porque la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal le demanda velar por el cumplimiento de esta norma (la aduanal), cuyo sentido es positivo y concierne a los superiores jerárquicos del director de Aduanas", comenta Irma Sandoval Ballesteros, coordinadora del Laboratorio de Documentación y Análisis de la Corrupción y la Transparencia de la UNAM.

Gil Díaz, explica la especialista, no sólo "no observó el cumplimiento de la Ley Aduanera, sino que la violó", porque además el artículo 31, fracción XII de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal establece que de él dependía directamente el despacho aduanal.

La ayuda a cuñado

Alicia, la quinta hija del matrimonio Gil Díaz y hermana del fiscal de hierro, está casada con Leoncio Fernández Hinojosa, quien desde 1982 se desempeña como agente aduanal.

Miembro de una familia de Nuevo Laredo que por cuatro generaciones se ha dedicado al comercio, el cuñado del ex secretario multiplicó su presencia en el ramo mientras Gil Díaz reformaba al sistema aduanero en los 90.

Su agencia pasó de ser un pequeño negocio familiar a uno de los más importantes de Nuevo Laredo, el principal puerto de entrada y salida de mercancías a nivel nacional.

En cosa de 10 años, tiempo en el que Gil fue subsecretario y luego secretario de Hacienda, Grupo Fernández Hinojosa construyó un consorcio integrado por cuatro empresas de alcance transnacional.

Francisco Javier Fernández Hinojosa, concuño del entonces subsecretario Gil, y Alejandro José Hinojosa Aguerrevere, sobrino de Fernández Hinojosa, obtuvieron las patentes 3290 y 3202 en 1992 y 1990, respectivamente, en contravención del artículo 159 de la Ley Aduanera.

Liderado por Francisco Javier en la frontera y Leoncio, su cuñado, en el Distrito Federal, los Fernández Hinojosa e Hinojosa Aguerrevere gozan de cinco patentes aduanales para desarrollar sus actividades en Tamaulipas, el Distrito Federal, Veracruz y Manzanillo.

El abogado Nicolás Ramírez Mendoza, asesor de comercio exterior, afirma que la ley prohíbe los vínculos familiares entre los agentes aduanales y funcionarios fiscales para evitar "beneficios" que van desde la agilización de trámites hasta una mayor proporción de cruces sin revisión (semáforo en verde) a la hora de pasar la aduana.

En Nuevo Laredo, el grupo FH cuenta con 60 empleados (el doble que en 2000) y actualmente maneja 200 operaciones al día.

"Durante los últimos años nos hemos expandido a ofrecer no nada más servicios enfocados en la agencia aduanal, sino transporte internacional de carga tanto doméstica, como terrestre y marítima", explicó Javier Fernández Hinojosa, ahora al frente del emporio familiar en la frontera.

Los Fernández Hinojosa no sólo trabajan con los sectores automotriz, electrónico y metalúrgico, donde se concentra gran parte del negocio aduanal, sino que "su fuerte", como lo llama él mismo, es la petroquímica, donde el cliente último es Petróleos Mexicanos.



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