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Cual hada madrina lo ungió con 16 letras

Fidel Samaniego | El Universal
Miércoles 26 de julio de 2006

Cual hada madrina, con la vara mágica y poderosa, Elba Esther Gordillo tocó a Felipe Calderón, lo ungió con 16 letras en dos palabras: "¡Presidente electo!".

Después, ella mostró una sonrisa plena. Él enrojeció, parecía turbado.

Así comenzó la maestra Gordillo su mensaje, con Calderón Hinojosa a su izquierda, ante la cúpula del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y del Partido Nueva Alianza. Un acto con todo el significado, toda la intención que ella quiso darle.

Y ella, la que tanto cuida, mide y pesa sus expresiones públicas, repetiría al final de su discurso esas dos palabras: "Presidente electo". Más tarde, a solas con sus colaboradores de confianza, la maestra Gordillo juraría: "¡Fue un lapsus! Sé que me voy a meter en un problema, pero fue un lapsus".

La reunión, en el hotel predilecto de la líder, en Polanco, junto a Chapultepec. En el salón, unas 250 personas. La seguridad, a cargo del Estado Mayor Presidencial, rigurosa, propia de un jefe de Estado. Arcos metálicos para detectar objetos peligrosos. Vallas de hierro para marcar los pasos que tenían que seguir los convocados.

De acuerdo a los preparativos del equipo calderonista, los representantes de los medios de comunicación quedarían afuera, mientras se pronunciaban los mensajes, entrarían hasta el final. Pero llegó ella, otra vez con sus pasos firmes, rodeada de cámaras y micrófonos, diva de la política, entró a la gran sala y se percató de que los reporteros no podían pasar. Regresó. Preguntó. Le explicaron cuáles eran las disposiciones. Sin levantar la voz advirtió: "Pues aquí me quedo con ellos". Juan Molinar, de los cercanos a Calderón, se movilizó de inmediato, hizo las gestiones necesarias, resolvió el problema.

Así, minutos más tarde se pudo ver y escuchar a quienes de pie recibían con una aclamación a Felipe Calderón. Y se observó a Elba Esther Gordillo iniciar el aplauso cuando el secretario general del SNTE, Rafael Ochoa, saludó al invitado de honor como "candidato triunfador".

Ahí estaban. Ella y él juntos otra vez. Ayer en público. Ella vestida de blanco, él de azul. Cada quien con su discurso, su intención.

Una hora antes, de un afrancesado restaurante del hotel salió el perredista Jesús Ortega. Llevaba en la solapa del saco el moño tricolor. Le acompañaba el regiomontano Pedro Pablo Treviño, el que fuera eficaz operador político del equipo de Carlos Salinas de Gortari. Ortega preguntó a los reporteros que a quién esperaban. Cuando le dijeron a quienes, comentó irónico: "Así que otra vez durmiendo con el amigo". Luego expresaría a el cronista de EL UNIVERSAL: "Van a salir bien las cosas, no le vamos a aflojar".

Poco después llegó Elba Esther Gordillo. Saludaba. Se carcajeaba. Dejaba que las cámaras la rodearan, la siguieran. Decidió subir al salón donde se efectuaría la reunión de trabajo. Fue entonces cuando encabezó el simbólico "portazo" que permitió a los periodistas presenciar el evento.

Y ahí estaban. Ella y él. Calderón expresó que propondría algunos puntos en materia educativa. Como aplicada alumna, Elba Esther Gordillo sacó su pluma, tomó nota. Todos los suyos la imitaron.

Un encuentro en la tarde madura. Espléndido el salón. Y con el poder que le da un sindicato de más de un millón 200 mil afiliados, cual hada madrina, ella lo tocaba, y volaban 16 letras, las que formaron las palabras: "¡Presidente electo!".



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