aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Periodismo de investigación. Cárteles mexicanos "seducen" a españoles

Ana Anabitarte / Corresponsal| El Universal
Jueves 27 de febrero de 2014
<b>Periodismo de investigacin.</b> Crteles mexicanos

RÉCORD. En 2010, el Grupo de Estupefacientes de la policía española realizó el decomiso de droga más grande de la historia reciente de ese país: 143 kilogramos de cocaína que eran transportados por tres empleados de la empresa Aeroméxico. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Policía ibérica detecta que capos pagan hasta 10 mil euros para que trabajadores del aeropuerto de Madrid dejen pasar droga; la crisis ha facilitado el negocio del crimen

[email protected] 

MADRID.— Es la una de la tarde y en la sala del aeropuerto de Barajas, donde opera el Grupo de Estupefacientes de la policía nacional, empieza el ajetreo. En pocos minutos llegará un vuelo de los llamados “calientes”. Es decir, uno en el que, se sospecha, viajan muleros o correos de la droga.

En cuanto los viajeros llegan al control de pasaportes, varios policías se dirigen a ellos, y a quienes les parecen sospechosos les piden la documentación [billete y pasaporte], les hacen algunas preguntas y a varios los llevan a una sala para interrogarlos. Cada día descubren por lo menos a un mulero.

Manuel Méndez, jefe del Grupo de Estupefacientes del Aeropuerto de Madrid-Barajas, comenta que a raíz de la crisis muchos desempleados o incluso gente con bajos salarios dentro del propio aeropuerto se han vuelto presas fáciles de los cárteles de la droga, entre ellos los mexicanos, que han ganado terreno en España.

“Ten en cuenta que las cosas en España están muy difíciles, que hay 6 millones de personas que no tienen trabajo, que han bajado los salarios y que muchas familias la están pasando muy mal. Por eso muchos narcotraficantes mexicanos igual van a las filas del Instituto Nacional de Empleo [donde se inscriben las personas que no tienen trabajo] a captar muleros españoles que acepten viajar a México; también se ponen en contacto con trabajadores del aeropuerto, a quienes les ofrecen sacarse unos 5 mil o 10 mil euros por un ‘trabajo’ de ocho o 10 kilos de cocaína. Y lo peor es que muchos aceptan. Ahora, por la crisis, hay mucha gente dispuesta a jugársela”, lamenta Méndez.

El aeropuerto de Barajas es uno de los más grandes de Europa por el tráfico de pasajeros. Tiene mil 300 vuelos al día, cada año lo utilizan al menos 5o millones de personas [30 millones en vuelos internacionales], y por él pasan 20 millones de maletas. Pero además tiene unos 50 mil trabajadores: personas que laboran como meseros, señoras de la limpieza, personal de mantenimiento, de seguridad, de ayuda al pasajero y maleteros. Desde 2007, cuando empezó la crisis económica en España, muchos empleados han sido detenidos.

“Con la llegada de la crisis ahora es más fácil corromper a muchos de estos trabajadores para que dejen pasar maletas con droga”, explica el inspector Méndez. “En estos últimos años nosotros hemos detenido todo tipo de personas que trabajan aquí, desde maleteros hasta trabajadores que se encargan de atender a los discapacitados, a personal de mantenimiento y hasta señoras de la limpieza”, relata.

En 2012 fueron aprehendidos 418 muleros, y en 2013 un total de 370. Pero la mayor incautación de droga se realizó en 2010.

Pablo (nombre ficticio por seguridad) fue uno de los agentes del Grupo de Estupefacientes que descubrió a los tres trabajadores de la compañía Aeroméxico que intentaban introducir a España 143 kilogramos de cocaína en tres maletas. “No sabría decirte qué fue lo que me hizo sospechar”, relata a EL UNIVERSAL desde la pequeña sala del aeropuerto en la que trabaja su equipo. “Los vi y en seguida me di cuenta de que eran sospechosos y acerté”, cuenta con humildad frente a una gran foto pegada en la pared, en la que aparece todo el equipo de policías posando con el histórico cargamento de cocaína.

Un “vuelo caliente”

Al Aeropuerto de Madrid-Barajas llega uno de los llamados “vuelos calientes”, en los que se sospecha pueden venir muleros.

Hoy le ha tocado a Joao, un portugués —de unos 35 años— que lleva 18 “bolas” de cocaína en su estómago. Le han tomado una radiografía en la que se ven perfectamente las pepas, que es como se nombra aquí a las “bolas”. Después de hacerle la ficha policial, un miembro del Grupo de Estupefacientes avisa a una patrulla del aeropuerto para trasladarlo a un hospital. Si le explota una pepa en el estómago se moriría en cinco minutos, así que no se puede perder tiempo.

Mientras esperan la patrulla, Joao permanece sentado con la mirada hacia el suelo. Sabe que le espera una condena de entre seis y ocho años de cárcel, que puede bajar a cuatro si colabora con la justicia. Seguramente le habrán ofrecido unos mil dólares por cada kilogramo ingerido. Una cantidad irrisoria si se tiene en cuenta que, por cada kilogramo de cocaína, en el mercado español se pueden obtener unos 40 mil euros, y más si la droga se mezcla y es de menor pureza.

Manuel Méndez tiene a su cargo un grupo de 29 policías cuyo trabajo es detectar a las llamadas mulas. Durante la entrevista reconoce que en estos últimos años su equipo ha capturado a menos “boleros”, pero en cambio han aumentado las incautaciones de droga en los equipajes. También explica que las rutas elegidas por los cárteles mexicanos y colombianos han variado.

Si antes los muleros venían de México, ahora lo hacen de otros países latinoamericanos. Por eso hoy en día los vuelos procedentes de nuestro país ya casi no se consideran “calientes”, porque los controles de salida en los aeropuertos mexicanos han mejorado mucho. Pero no ocurre lo mismo en otros países, donde es fácil meter droga en las maletas sin que pase nada.

“En México, desde hace unos años hay controles policiales en las fronteras muy efectivos y han mejorado mucho. Lo que no quiere decir que no pase droga. Pero no es como ocurre en otros países, que son verdaderas ‘coladeras’ porque hay mucha corrupción en sus aeropuertos”, asegura Méndez. Cita a Perú, Brasil, República Dominicana y Bolivia como las naciones de procedencia de la mayoría de los ciudadanos detenidos en Madrid.

Reclutas, cada vez más jóvenes

En estos últimos años ha descendido el número de mulas mexicanas detenidas: 38 en 2007, frente a las nueve del año pasado, de acuerdo con datos del Ministerio del Interior. Y éstas cada vez utilizan medios de ocultamiento de la droga más sofisticados. “Normalmente los cárteles mexicanos transportan la cocaína en pasta de droga, no líquida”, explica Méndez. “Y para que no sea detectada en los escáneres, la ocultan en botes de comida o de champú y los untan con café y mostaza para que los perros-policía no la detecten”, añade.

De acuerdo con datos del Ministerio del Interior, el año pasado hubo 370 detenidos en el aeropuerto de Barajas y se incautó una tonelada de droga. Nueve de los aprehendidos eran mexicanos: cinco hombres y cuatro mujeres. La gran mayoría [129] eran españoles, pero con doble nacionalidad [República Dominicana, Colombia y Perú, principalmente], debido a que en países como Colombia, Bolivia, República Dominicana o Perú se necesita visa para viajar a España, por lo que la mayoría pide la nacionalidad española para evitarse trámites.

Alfonso (nombre ficticio) es un policía que lleva 12 años en el aeropuerto, y en todo ese tiempo reconoce que ha visto muleros de todo tipo: hombres, mujeres y hasta niños ocultando droga en sus juguetes; también ancianos y personas disfrazadas de sacerdotes.

Una de las historias que más le impresionó fue la de una pareja paraguaya con una niña enferma, que contó que el traslado de droga lo hacía para pagar la operación de su hija. “Cuando nos enseñó a la niña vimos que estaba enferma de verdad, que tenía un problema respiratorio y tenía que comer con una jeringuilla a través de un catéter”, relata.

Méndez comenta que lo que le sorprende es que los detenidos son cada vez más jóvenes: “Son chicos de 20 años y no vienen engañados. Saben que llevan droga e incluso la pena de cárcel que pueden recibir si son detenidos, pero normalmente los narcotraficantes los engañan con las cantidades que transportan, les dicen que llevan menos de lo que en realidad portan”.

Erika Cervantes, agregada de la PGR en España rehusó entrevistarse con este medio para el reportaje.



comentarios
0