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Estudiantes en EU, con el futuro hipotecado

J. Jaime Hernández / Corresponsal| El Universal
Martes 31 de enero de 2012
Estudiantes en EU, con el futuro hipotecado

ATENTA. Una joven escucha el discurso de Barack Obama sobre el costo y valor de la educación superior en la Universidad de Michigan. (Foto: ERIC SEALSXINHUA )

En medio de una de las peores recesiones de que se tenga memoria, muchos jóvenes contraen deudas millonarias por terminar una carrera

WASHINGTON.— Su condición de indigente no impidió que Samantha Garvey, de 17 años y finalista del prestigioso concurso nacional de ciencias Intel, se haya mantenido como una alumna de excelencia en el condado de Suffolk, a las afueras de Nueva York, y como un símbolo de una generación que hoy lucha en medio de la peor crisis para mantener a flote el sueño americano.

El pasado martes, Samantha llamó la atención de los medios cuando el congresista Steve Israel decidió invitarla al mensaje del presidente Barack Obama sobre el Estado de la Unión. Con su sonrisa y un impresionante récord académico, Samantha conquistó a un puñado de congresistas y miembros de la administración Obama que se han empeñado en rescatar a esta prometedora estudiante y a su familia de su infortunio.

Los padres de Samantha perdieron sus empleos después de un trágico accidente automovilístico.

Desde entonces, la familia inició un lento y doloroso descenso al submundo de la pobreza. Después de perder su casa, los Garvey lucharon para salvar el futuro de Samantha, mientras ella hacía lo imposible para mantenerse como una estudiante de excelencia académica.

Su esfuerzo le ha valido el reconocimiento de decenas de congresistas, y la joven ha aprovechado la oportunidad para elevar su voz en nombre de millones de estudiantes que hoy forman parte de la llamada “generación endeudada” por los programas de préstamos que han hipotecado su futuro y socavado uno de los más ambiciosos programas de superación académica desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

“Ha sido un honor representar a mis compañeros en el informe del Estado de la Unión y he querido aprovechar la oportunidad para discutir la importancia de las buenas escuelas y programas científicos con nuestros congresistas en Washington”, aseguró Samantha que, a pesar de su corta edad —17 años—, se ha convertido en la interlocutora de una generación que está a punto de perderlo todo.

En momentos en que la peor recesión desde la década de los 30 sigue dando sus últimos coletazos, muchas familias libran una difícil batalla para asegurar la educación y el futuro de sus hijos como parte de una inacabada lucha por la democratización de la educación en EU.

Un camino sinuoso

Aunque los esfuerzos por apuntalar la formación universitaria se remontan a la Segunda Guerra Mundial, el camino recorrido para fomentar la formación de nuevos cuadros en las más importantes universidades del país no ha estado exento de dificultades, especialmente entre quienes hoy luchan a brazo partido para que las becas y subsidios que fueron impulsados especialmente durante la era Kennedy —al fragor de la lucha por los derechos civiles— no sucumban en medio de un ambiente de recesión que amenaza con hipotecar el futuro de millones.

“La clase media, que ha sido la más afectada por la recesión, es de las que más han perdido en el terreno de la educación. Sin una clase media fuerte, la educación de calidad se convierte en una misión casi imposible”, aseguró Heahter Boushey, del Center For American Progress (CAP), al hablar de las enormes dificultades que enfrentan millones de familias para garantizarles una carrera universitaria a sus hijos.

De acuerdo con las cifras de la Reserva Federal, al finalizar el 2011 la deuda total de estudiantes en el sistema universitario del país rebasó el billón de dólares, una cifra estratosférica que ha superado por primera vez la deuda total en tarjetas de crédito, que asciende a poco más de 700 mil millones de dólares.

Según los cálculos de organizaciones no lucrativas como FinAid.org, entre los años 2000 y 2011 la deuda total contraída por estudiantes se quintuplicó. Y, con base en los estudios del Centro Nacional de Estadísticas Educativas, el costo de las colegiaturas en instituciones de nivel universitario se multiplicó en un 40% entre 1999 y el 2009.

Más revelador todavía es el hecho de que el porcentaje de estudiantes que culminan sus carreras con una montaña de deudas sobre sus hombros supera el 50%.

El fenómeno de egresados que se ven obligados a hipotecar su futuro, mientras luchan por encontrar un empleo en un mercado laboral deprimido, ha convertido a millones de estudiantes en una legión de profesionistas, empleados o desempleados, que coquetean con la indigencia.

Un sistema caótico

“Yo he estado pagando mi crédito desde 1997, un año después de haberme graduado. Han pasado ya 14 años y sigo hipotecada por ese préstamo. He tratado de renegociar los términos del préstamo pero sigo sin salir de la deuda. Parece que nunca terminaré de pagarla y mi salario de profesora no me alcanza. El sistema es hoy un caos”, comentó Sunne Thomas, una egresada de la Universidad de Nueva York que sigue sin poder soltar el lastre de su deuda, como le sucede a millones de profesionistas en este país.

Desde que en 1944 el Congreso de Estados Unidos autorizó el Acta GI —un mecanismo que permitió enrolarse en el sistema universitario a millones de ex combatientes de la Segunda Guerra Mundial—, un lento y gradual proceso de privatización ha ido engolfando al sistema educativo que concedió a las generaciones pasadas la oportunidad de hacerse con un título universitario.

En 1958, en medio de la carrera con Rusia por la conquista del espacio, el Congreso autorizó, en nombre de la seguridad nacional, el Acta para la Defensa de la Educación, un programa por el que se financiaron decenas de miles de préstamos a bajo interés y becas y permitió la cancelación de deudas a todos aquellos que se dedicaran a la enseñanza.

Casi una década más tarde, en 1965, el presidente John F. Kennedy autorizó uno de los más ambiciosos programas para financiar préstamos y becas, principalmente a estudiantes de familias de bajos ingresos.

“Hoy, estos esfuerzos por reforzar la educación y democratizar el sistema educativo se han visto comprometidos por la voracidad de las instituciones que han elevado sus colegiaturas, por bancos que han hecho de este tipo de préstamos una oportunidad para hacer dinero y por un sistema que lucha a duras penas por salir de la recesión”, opinó José Calderón, del Colegio Pitzer, en California, evidenciando el hundimiento de un modelo de créditos que ha endeudado a toda una generación.



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