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Sarkozy desafía a huelguistas

Enrique F. Molinero| El Universal
Miércoles 21 de noviembre de 2007
El presidente de Francia dice que no cederá en su propósito de reformas

BERLÍN.— Cuando los sindicatos que controlan el transporte público en Francia decidieron, hace una semana, convocar a una huelga nacional para defender sus prestaciones sociales, el presidente Nicolas Sarkozy se encerró en su palacio del Elíseo y guardó un extraño silencio, que rompió finalmente ayer al advertir que no cederá en su intento de poner en marcha su política de reformas sociales.

Ayer, el país entero se hundió en un nuevo caos nacional cuando más de un tercio de los funcionarios públicos decidieron adherirse a la huelga para protestar por la pérdida del poder adquisitivo. El mandatario rompió el silencio y las escuelas cerraron, no hubo periódicos en todo el país, se cancelaron vuelos en los aeropuertos. La Opera también canceló sus funciones de gala y tampoco hubo correo.

Las huelgas que se suceden cada día en Francia ya han causado pérdidas que superan los 300 millones de euros diarios. Los estudiantes han ocupado las facultades para protestar contra una ley que ya ha sido aprobada y los dueños de las tiendas de tabaco se pronuncian contra la ley que prohíbe fumar en lugares cerrados.

Francia era una fiesta cuando Hemingway vivía para contarlo; con Sarkozy, Francia es un país en huelga donde esta germinando una semilla de protesta que puede contagiar a toda la nación, como sucedió hace 12 años, cuando los sindicatos le doblaron la mano al entonces presidente Jacques Chirac, o como la que vivió el país en el inolvidable mayo del 68.

La imagen de una nación sumida en el caos, acabó con el silencio presidencial. Nicolas Sarkozy reapareció ayer para proclamar ante la nación que no cederá, ni tampoco retrocederá a la hora de acometer su política de reformas sociales.

“Francia necesita reformas para afrontar los desafíos que el mundo le impone”, afirmó Sarkozy en un discurso ante un congreso de los alcaldes de Francia. “Estas reformas han tardado demasiado. Después de tantos titubeos, dilaciones y retrocesos, no cedemos ni daremos marcha atrás”, añadió

Pero Sarkozy, un político curtido en mil batallas, sugirió que la discusión entre el gobierno y los sindicatos sólo puede llevarse a cabo después de que llegue a su fin la protesta sindical. “El espíritu de negociación debe imponerse sobre el de la confrontación”, sentenció.

La guerra declarada hace una semana aún no tiene vencedores ni vencidos, pero Sarkozy sabe que no puede ceder a la presión popular como lo hizo hace 12 años su antecesor en el cargo. Una derrota ante los sindicatos del transporte público hipotecaría su mandato y lo convertiría en un presidente devaluado tan sólo seis meses después de haber asumido el cargo.

Por esta razón, Sarkozy advirtió que su mandato le obligaba a procurar que se respete la democracia y el orden público. “Una pequeña minoría no puede imponer su ley a la mayoría. Ni en los servicios públicos ni en las universidades”, dijo Sarkozy.

La democracia y el orden público los haré respetar simplemente porque es mi deber y en una democracia el deber del presidente es ser un hombre de firmeza y diálogo”.



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