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"Oh, darling, they are closed"

Wilbert Torre| El Universal
Martes 02 de mayo de 2006

N UEVA YORK.- En la parte central de Nueva York, donde palpita con mayor intensidad el Manhattan de los corporativos, los bancos y oficinas diplomáticas, el boicot inmigrante hizo estornudar ayer a los neoyorquinos desde temprano: "Oh, oh, darling, they are closed" (querido, está cerrado), dijo a su marido una neoyorquina elegante, de cabello blanco y abrigo, a pesar del sol, cuando encontró cerradas las puertas del BLT, uno de los restaurantes más sofisticados de la isla.

"La mayoría de los cocineros y algunos meseros anunciaron que no asistirían a trabajar, así que decidimos cerrar para que fueran a la marcha y abrir por la noche", dijo Bruno Soubirous, administrador de uno de los dos restaurantes propiedad del chef Laurent Toroundel.

A 15 calles del BLT, en The Pershing Square, una afamada cafetería ubicada debajo del puente donde se unen la calle 42 y Park Avenue, un poco más temprano otro episodio daba contexto al boicot y a la forma en que afectó a la siempre poderosa y glamorosa Nueva York.

Minutos después de las siete de la mañana, los hermanos Víctor y Julio Hernández Fuentes, de Oaxaca, llegaron como todos los días a The Pershing Square y saludaron a una docena de paisanos guerrerenses y defeños con los que trabajan. La administradora, les dijo que dos de sus compañeros que no habían ido a trabajar estaban despedidos.

Ya se habían puesto el uniforme, cuando Julio dijo a sus compañeros: "Si cae uno, caemos todos. Vámonos". Y los 15 mexicanos abandonaron el restaurante. "Dejamos más de diez charolas servidas en la barra", recordaba Julio.

A las cuatro de la tarde, en Union Square, una de las plazas más emblemáticas de Nueva York, una marea humana llenó el parque. Aquello era lo más parecido a una asamblea monumental de la ONU, sólo que al aire libre: sobre la plancha coreaban consignas miles de mexicanos con banderitas en las manos y sobre las cabezas; africanos con túnicas anaranjadas y rojas; paquistaníes en trajes de manta; ecuatorianos, salvadoreños y guatemaltecos en jeans y camisetas blancas y tres mujeres indias con círculos rojos en la frente.

Fue una concentración emotiva y pacífica, sin violencia.

"Hemos despertado", exclamó Juana Elizabeth Guadalupe, de la Asociación Tepeyac. Y su declaración no era una metáfora. Porque cuando ayer amaneció en Nueva York, el gigante dormido, el descomunal cuerpo multicolor de los inmigrantes, por fin estaba ahí, visible, en las calles de la Gran Manzana.



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