aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Confianza digital

María Elena Meneses*| El Universal
Jueves 06 de mayo de 2010

marmenes@itesm.mx

Uno de los imperativos de la sociedad digital, que tiene su base en las tecnologías de la información y comunicación para la eficiencia gubernamental, la transparencia, servicios, educación y el entretenimiento, es la confianza, un bien social que promueve el bienestar económico y humano, como lo anticipó en la década de los 90 el politólogo estadounidense de origen japonés Francis Fukuyama.

Los datos personales constituyen el insumo a través del cual se gestionan electrónicamente asuntos gubernamentales y comerciales, disminuyendo costos administrativos e incrementando la eficiencia.

Nuestra información, transformada en gigabytes, es imprescindible para que la sociedad digital funcione, pero el engranaje de esta dinámica no sería posible sin la confianza que acompaña cada vez que escribimos nuestra información personal en una computadora o sistema a cambio de algún servicio o diversión.

De acuerdo con Internet World Statistics, hay más de mil 700 millones de internautas en el mundo, que acceden a unos 200 millones de sitios web de la más diversa índole. En tanto, más de la mitad de los habitantes del planeta (casi 4 mil millones) son usuarios de teléfonos celulares, esta última es la tecnología que más rápido ha crecido en la historia de la humanidad. Si la red social Facebook con sus 300 millones de usuarios fuera un país, sería uno de los más poblados del mundo.

Para que la sociedad digital funcione, nuestro nombre, origen étnico o el estado de salud se convierten en pieza fundamental para el dinamismo económico y social, por ello resultaba inexplicable que México junto con Turquía fueran los únicas naciones de la OCDE sin una ley que garantizara la protección de los datos personales en poder de particulares, necesaria para las transacciones transfronterizas en el mundo global.

Hace unos días, el Senado aprobó la Ley Federal de Protección de Datos Personales en posesión de particulares, con la cual los ciudadanos podrán ejercer su derecho a solicitar, rectificar y cancelar sus datos cuando consideren que no son útiles para los fines con los que fueron entregados, además de que obliga a quien los solicite a hacer un uso responsable.

Es en el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI) en donde recae la facultad de resguardar la privacidad de los datos personales en poder de las instituciones y entidades del sector privado, las cuales tendrán la obligación de contar con procedimientos necesarios para la atención de los ciudadanos.

Es innegable que las leyes de protección de datos nacionales y supranacionales se han convertido en bases sólidas para la protección del honor y la intimidad; sin embargo, hay algunos desafíos por delante. El primero es la agilidad de la respuesta ante denuncias, lo cual contribuirá a fomentar una cultura de protección de datos entre los propios ciudadanos y, paralelamente, desincentivar la corrupción derivada del mal uso.

Un segundo desafío es de largo aliento y tiene que ver con la restitución de la confianza ciudadana en países como el nuestro, toda vez que hemos sido testigos en últimas fechas del mercado negro de datos personales, donde por 12 mil dólares se obtiene el padrón electoral o el registro vehicular.

Los clientes de este mercado favorecido por la corrupción y la impunidad van desde criminales hasta negocios sin escrúpulos, que usan la información personal para ventas y promociones que vulneran sin cortapisas nuestra privacidad. Enterarnos del mal uso de nuestros datos y de la impunidad que rodea a este negocio ilegal erosiona la confianza y con ello la posibilidad de contar con un gobierno y empresas eficientes y transparentes.

La ley es una base sólida, tanto así como las innovaciones tecnológicas para el desarrollo de protocolos de seguridad, como los que ha incorporado el Servicio de Administración Tributaria o el sistema bancario, pero el desafío mayor es la restitución de la confianza ciudadana en un país afectado por los elevados índices de impunidad.

¿Cómo convencer a los ciudadanos que sus datos no acabarán a la venta en Tepito o en una página web?

Como lo señalaron expertos reunidos por la Comisión Europea en la ciudad española de León el pasado mes de febrero, no todo recae en el orden jurídico y en la ingeniería en sistemas computacionales. La confianza ciudadana es el elemento nodal en las sociedades digitales. Sin ella, el riesgo de frenar el desarrollo económico y social de los países es enorme.

Otro aspecto fundamental es la educación digital que permita a los ciudadanos entender la importancia de sus datos y cómo protegerlos.

*Directora de la Cátedra Sociedad de la Información del Tecnológico de Monterrey

 



Ver más @Univ_Cartera
comentarios
0