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Agnes quería un mundo hospitalario y de respeto

Xóchitl Rangel / Corresponsal| El Universal
Jueves 15 de marzo de 2012
Agnes quera un mundo hospitalario y de respeto

APOYADA. Agnes Torres Hernández, quien fue activista por los derechos de los homosexuales y transexuales, siempre contó con la comprensión de su madre, Vinicia Hernández, quien incluso le ayudó en el proceso de transformación de hombre a mujer. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Quien fuera activista por los derechos de los homosexuales y transexuales, siempre tuvo con la comprensión de su madre, Vinicia Hernández, quien incluso le ayudó en el proceso de transformación de hombre a mujer

PUEBLA

“Mi sueño es vivir en una cultura mejor, una donde la hospitalidad y el respeto sean los valores principales, cada mañana me levanto y hago mucho más que escribir para que al siguiente día pueda despertar en mi propio sueño. Sólo falta saber qué harás tú para poder compartirlo”, citaba la frase de perfil de Facebook de Agnes Torres Hernández.

Ella, o él —Abraham—, nació en 1983, y era un varón. Su tierra de origen fue Tehuacán, un municipio ubicado al sureste del estado de Puebla.

Siempre contó que desde chica observaba su delgado cuerpo de niño y tenía esa sensación de no corresponderle. De no estar acorde a sus pensamientos, sentimientos, emociones ni gustos.

“Descubrí, desde muy pequeña que era mujer, como si algo dentro de mí lo gritara”, comentaba en entrevistas y charlas con amigos antes de que terminaran con su vida el pasado viernes.

Quien fuera activista por los derechos de los homosexuales y transexuales, siempre tuvo con la comprensión de su madre, Vinicia Hernández, quien incluso le ayudó en el proceso de transformación de hombre a mujer.

Agresiones desde siempre

La vida de Agnes estuvo marcada por las agresiones y los abusos, ésos que prefirió abandonar con su pasado, cuando oficialmente era Abraham.

Su natal Tehuacán no fue el lugar más amable, ahí sufrió burlas, críticas e incluso fue víctima de algunos jóvenes que intentaron abusarla sexualmente, según ella misma contó.

Luego cambió su residencia muy joven para estudiar Sicología en la Universidad Veracruzana, donde su desempeño académico le valió una mención honorífica, pero su ambigüedad identitaria obstaculizó su titulación.

Decidió volver a Puebla e instalarse en la capital, donde daba terapias sicológicas.

Hace casi una década, se convirtió en activista y defensora de los derechos de la población transexual, aquella que, según sus palabras, no es especialmente mayoritaria pero sí profundamente ignorada. Ella consideraba que los transexuales son las únicas personas capaces de tolerar tres tipos de discriminación: la homofobia, la transfobia y la misoginia.

Con el paso del tiempo perfeccionó su imagen al grado de coincidir plenamente con su identidad sexual. Físicamente era alta, delgada, atractiva y sofisticada. En el plano profesional, aguerrida y dedicada.

Su nivel de preparación le permitió especializarse en temas de neurociencia e identidad sexual.

Participó en varias organizaciones civiles como Humana Nación Trans. Se involucró en proyectos importantes como la promoción de la Ley de Identidad Sexo-Genérica ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

En Puebla promovió el respeto a transexuales y abogó por la creación de leyes que les dieran certeza jurídica.

En 2010 interpuso una queja ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) contra el priísta Javier López Zavala, ex aspirante a la gubernatura, por hacer referencias despectivas sobre “las personas que cambian de sexo” durante un debate electoral.

Impartía talleres, así como conferencias en universidades e instituciones de toda la República, sobre temas relacionados al respeto y tolerancia.

Desde la pasada legislatura, tuvo acercamientos con el Congreso del estado para impulsar leyes que garantizaran respeto y no discriminación a la comunidad lésbica, gay y transexual.

Este mes tenía planeada una visita a la Universidad Veracruzana para insistir en que la expedición de su título profesional coincidiera con su nombre de mujer, ese que legalmente estaba por adquirir en el Distrito Federal. Pero a pocos días de cumplir 29 años, los sueños de Agnes se opacaron.

El sábado su cuerpo apareció en un barranco del municipio de Atlixco, con signos de tortura y una herida en el cuello.

La Procuraduría de Puebla sigue varias líneas de investigación, entre entre ellas que el crimen fue por odio u homofobia, incluyendo a su círculo cercano de amigos y conocidos. El asesinato de Agnes impactó a diversos núcleos sociales.

“Soy necia, sé que un día tendré identidad oficial que corresponda a mi identidad sexual”, decía incansablemente.



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