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Familiares de internos viven horas de angustia

Redacción| El Universal
Lunes 20 de febrero de 2012

MONTERREY

A las ocho de la mañana de ayer, dentro del Centro de Readaptación Social (Cereso) de Apodaca había ya tendidos en el llamado Ambulatorio Delta los cuerpos de 44 reos, y afuera del penal al menos 300 familiares esperaban con angustia ser informados sobre la situación de sus parientes internos. Era una situación de histeria colectiva.

Autobuses repletos con parientes de los presos ya habían arribado a las instalaciones del centro penitenciario. Por todos lados se observaban rostros de preocupación o cubiertos de lágrimas escurriendo por las mejillas.

“Queremos saber qué pasó… Díganos, por amor de Dios en qué ambulatorio fue; dígame señor’’, exigía a gritos doña Juanita, al tiempo que sacudía con las manos tensas la malla ciclónica que impedía el paso al penal.

Ante la falta de información, muchas mujeres caían desmayadas al suelo; otras se mordían las uñas o se tronaban los dedos. Adentro del penal, su director Gilberto Ceceña, trepado sobre un vehículo les tranquilizaba: “Ahorita les damos más detalles”.

“Pero cómo, no puede ser… Es mucho tiempo sin saber nada. Por favor, que sea más rápido; cómo es posible que no tengan sensibilidad”’, insistía doña Juanita.

“’No sabemos nada de nuestros familiares; estamos angustiados. Sólo algunas mujeres que estaban en la visita conyugal se pudieron comunicar con sus familiares”.

En efecto, unas 40 mujeres en visita conyugal del sábado, debieron haber salido a las tres de la mañana, pero el personal del penal se lo impidió.



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