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Un pueblo que sobrevive de empaquetar cohetes

Xóchitl Rangel/ Corresponsal| El Universal
Domingo 09 de enero de 2011
Un pueblo que sobrevive de empaquetar cohetes

RESISTENCIA. Los habitantes que quedan en La Magdalena Tlatlauquitepec, en su mayoría, se dedican a la producción de fuegos artificiales, que fabrican en sus casas . (Foto: )

El pueblo, en los últimos años, poco a poco ha ido desapareciendo. Las casas lucen abandonadas, las plazas públicas completamente vacías y las calles están en silencio

LA MAGDALENA

En la habitación principal de la casa se alberga el peligro, pero también el material que les da para vivir: cientos de bolsitas con juegos pirotécnicos se apilan unas sobre otras; enseguida, a tan sólo unos cuantos centímetros, están la estufa y el tanque de gas.

Es la casa de Eusebia Sánchez Miranda, ubicada en el municipio La Magdalena Tlatlauquitepec, donde empaquetar “brujitas” y “palomas” —tipo de cohete pequeño— es la manera de sobrevivir; por cada millar empaquetado les dan un peso. “No hay de otra”, dice la moradora de la vivienda, localizada en uno de los considerados, por el Consejo Estatal de Población (Coespo), “pueblos fantasma”.

En este hogar con piso de cemento, paredes descarapeladas, escasos muebles y una cobija colgada de cuerdas a manera de cuna para el bebé, viven los siete hijos, Eusebia y su marido.

El pueblo, en los últimos años, poco a poco ha ido desapareciendo. Las casas lucen abandonadas, las plazas públicas completamente vacías y las calles están en silencio.

Según estadísticas del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), La Magdalena Tlatlauquitepec tenía una población de 722 personas en 2000 y cinco años después se redujo a 426, cifra que mantiene en la actualidad. El municipio, ubicado en la Mixteca poblana, en tan sólo un lustro su densidad demográfica bajó más de 40%.

El estudio de evaluación de la pobreza municipal elaborado por la dependencia sostiene que 42% de habitantes en La Magdalena padece pobreza alimentaria, 52.1% de capacidades y 77% de patrimonio, además sólo existe 70% de cobertura de servicios elementales como agua, alcantarillado y electrificación, lo que revela los índices de marginación del lugar.

Un lugar perdido

Para llegar a este municipio hay que recorrer una carretera desde la capital poblana y luego dirigirse hacia unos cerros, donde se encuentra un rústico camino que conduce hacia el lugar; entre más se avanza es necesario preguntar por dónde continuar antes de perderse en medio de la nada.

Tras más de dos horas y media de camino, el oxidado anuncio alerta vuelta a la izquierda con una flecha desdibujada y el nombre casi ilegible de La Magdalena Tlatlauquitepec.

Originalmente, cuenta Eusebia Sánchez, había varios grupos indígenas mixtecos y nahuas que paulatinamente se fueron dispersando.

¿Por qué parece evaporarse esta comunidad? La razón es la pobreza, la falta de oportunidades, la indiferencia gubernamental y la desesperación, dice.

“Aquí no hay nada, no hay trabajo, no tenemos fábricas o maquilas, no hay carretera. Lo que nos hace fuerte es la fabricación de cuetes, pero cuando ya no es temporada sobrevivimos de la pisca”, platica la mujer mientras empaca las “brujitas”.

A la semana logran reunir alrededor de 600 pesos, que son equivalentes a 600 millares, pero si por alguna razón descuidan el ritmo de empacamiento entonces su ganancia apenas si llega a los 400 pesos.

Ella nació hace 36 años en La Magdalena, está consciente que otros le llaman “pueblo fantasma”. “Cómo no, si todos se están yendo”.

Datos de Coespo precisan que alrededor de 8 millones de mexicanos, hombres y mujeres, viven en Estados Unidos, de los cuales 80 mil son de origen poblano.

Los poblanos que han salido del país son 1.4% de la población estatal y se ha comprobado que de cada tres migrantes, dos son de la Mixteca.

Migración incontrolable

Los propios pobladores cuentan que los jóvenes son presionados para viajar a Estados Unidos, trabajar de lo que sea, reunir dólares y enviarlos para que sus familiares edifiquen casas dignas.

Cuatro de los hijos —tres mujeres y un varón— de Catalina Melchor emigraron hacia el país del norte, incluso ya se establecieron allá y mandan continuamente un poco de dinero, que sirve para que otras dos hijas acudan a la primaria y secundaria.

A la señora Catalina le molesta que le digan “pueblo fantasma” a La Magdalena y eso que no es oriunda, pero tiene 12 años radicando ahí.

“Me choca que nos digan ‘ay, el pueblo fantasma’, pues ¿nosotros qué somos?, estamos acá, somos reales, trabajamos, si no ven a la gente es porque está dándole en los polvorines o en el campo, pero si fuéramos fantasmas no tendríamos escuelas desde kínder hasta prepa, una iglesita, un parque, o el tianguis que viene todos los sábados”.

Casas en abandono

En la zona predominan las casas abandonadas, “están seguras porque no hay delincuencia”, dice, aunque completamente vacías. Son el vestigio de lo que familias enteras dejaron tras huir a otros lugares como el estado de México, Veracruz e Hidalgo, donde sí hay trabajo.

Al igual que La Magdalena Tlatlauquitepec, otros municipios del estado de Puebla recibieron la categoría de “fantasmas” debido a que su población es menor a los mil habitantes.

Si se comparan estas demarcaciones incluso son más pequeñas que una colonia popular de cualquier ciudad.

El poblado de San Miguel Ixitlán tiene 574 habitantes, San Martín Totoltepec alcanza un padrón de 770 personas, en Santa Catarina Tlaltempan viven 795 ciudadanos y Axutla alcanza los 935 pobladores.

“Necesitamos que nos miren”

Eusebia y Catalina son distintas físicamente, la primera encarna el rostro indígena de la Mixteca; la segunda tiene piel blanca, el cabello teñido y residuos de maquillaje en los ojos. Pero ambas exigen lo mismo, alguien, no importa quién, tiene que apostar por el crecimiento del pueblo.

“Si no es con una carretera, que venga un comercio o fábrica, alguien tiene que vernos, necesitamos que nos ayuden, que hagan algo por el pueblo, somos pocos, pero igual valemos”, dice Eusebia mientras continúa empaquetando su millar de “brujitas”.



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