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Toca el turno a la lucha de ideas

Justino Miranda / Corresponsal| El Universal
Sábado 20 de noviembre de 2010
Toca el turno a la lucha de ideas

. (Foto: )

Sin mayor alternativa, los herederos del lema “Tierra y Libertad” se han sumado a la ruta de la migración, otros han terminado en la cárcel por deudas bancarias, el resto se aferra a sobrevivir del campo

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ANENECUILCO

La gruesa voz de Jorge Zapata González, nieto del Caudillo del Sur, sacude los plantíos de frijol. “¿Los homenajes del Centenario de la Revolución son realmente para quienes combatieron por la tierra y libertad? Yo digo que no, porque a 91 años de la muerte del general Emiliano Zapata no he visto que sus ideales del Plan de Ayala se cumplan”.

De su pantalón saca un paliacate para limpiar el sudor de su frente y reclamar: “Claro que sirvió de mucho la Revolución que mi abuelo encabezó, porque se consiguieron en su momento mejores condiciones agrarias, pero en la actualidad los campesinos deberían gozar de mejores prerrogativas y apoyos para el campo.

“Eso no sucede, ya que los recursos se los reparten entre las secretarías (de Estado) y las organizaciones”.

Lamenta que algunos descendientes de los ex combatientes zapatistas prescindan de tierras para el cultivo de subsistencia, precisamente el motivo de lucha de sus padres, madres y abuelos. Varios sucesores de los revolucionarios perdieron sus parcelas con los bancos porque no pudieron pagar los créditos agropecuarios.

Sumidos en la pobreza, decenas de ellos, herederos del lema “Tierra y Libertad”, trastocaron el nacionalismo zapatista y en la década de los 80 tomaron la ruta hacia el país del norte para emplearse como campesinos, albañiles o ayudantes en general.

Uno de ellos fue Jorge Zapata, hijo de Nicolás Zapata, joven cuyo rostro quedó grabado en las fotos tomadas a Emiliano Zapata y Pancho Villa sentados en Palacio de Gobierno.

La cara de su padre sobresale al lado del hombro izquierdo del general Emiliano Zapata, detrás de la silla. Una primera foto lo muestra con los ojos cerrados y en la otra sonríe y se aprecia con un rostro de líneas finas, blanco y con el pelo corto.

“Mi padre era de tez blanca porque mi abuela Inés Aguilar Alfaro era güera, de ojos azules, alta, venida de Michoacán y radicada en Cuautla, Morelos”, evoca Jorge Zapata.

Zapata en Estados Unidos

Aquí en Anenecuilco, la cuna que vio nacer al general Zapata, se conservan huellas de la Revolución Mexicana. Sus calles, casas y haciendas atrapan la nostalgia del zapatismo.

Amplios sembradíos de frijol, calabaza y caña de azúcar flanquean la carretera que conecta la ruta zapatista: Cuautla-Ayala-Tlaltizapán. Entre éstos se erige orgulloso Anenecuilco con sus mujeres, niños, ancianos y hombres, aunque muchos de éstos eligieron el “sueño americano” para trabajar, ganar dinero y comprar tierras e instalar pequeños negocios.

Así sucedió con Jorge Zapata, cuyo padre heredó las tierras a su medio hermano Tiburcio Zapata. Jorge decidió partir a Estados Unidos y trabajar en los campos y la construcción de casas. En ese país, dice el heredero zapatista, conviene trabajar “porque aunque te matas pero ganas bien”.

Durante 12 años el hombre de bigotes abultados cultivó tierras y edificó casas en las ciudades de Nueva York, California, Houston y Oregon hasta que decidió regresar a su pueblo en el año de 1994.

De vuelta a Morelos compró tierras y sembró frijol, maíz, calabaza y caña de azúcar, pero hasta ahora no han llegado las ganancias.

“El año pasado coseché 170 bultos de elote, los llevé a vender a la central de abastos, en el Distrito Federal, y me traje 2 mil 300 pesos. No saqué ni lo de la semilla, abono y trabajo. La verdad es que ya no pude destinarla para comida, porque la familia ya estaba empachada de tanto elote que habíamos comido”, recuerda.

Pero Estados Unidos todavía conserva a un heredero del general Emiliano Zapata, porque allá se quedó Gabriel Zapata González, un cantante que tiene como nombre artístico Emiliano Zapata. Canta de todo, desde ópera hasta rancheras, dice orgulloso su hermano Jorge.

Injusticia social

Con estudios hasta secundaria, Jorge Zapata es un crítico nato de la situación política, económica y social del país. Ante el Centenario de la Revolución afirma que los campesinos guardan respeto a la imagen del general Emiliano Zapata, en cambio el gobierno se ha adjudicado el nombre y la figura del jefe revolucionario para abanderar causas políticas.

“La prueba es la situación actual en que viven los campesinos. De qué sirve que el presidente Felipe Calderón se agote en discursos demagógicos para hablar sobre aumento de recursos al agro si finalmente el dinero no llega a quienes más lo necesitan. El ejemplo más reciente es un programa de apoyo en abono. El gobierno entregó ocho bultos del fertilizante para trabajar ocho hectáreas (80 mil metros cuadrados), eso no alcanza ni para 5 mil metros (media hectárea)”, expone Zapata González.

Con este ejemplo afirma que la intención del gobierno es propiciar la venta de las tierras quitando apoyos a los campesinos, “pero no se dan cuenta que con ello ensanchan la dependencia de México sobre otros países productores de alimentos”.

Exigen un trato igual

Conocido como gestor social y defensor de campesinos caídos en desgracia legal, Jorge Zapata irradia coraje cuando habla de la suerte de vecinos encarcelados por no pagar sus créditos bancarios. Ese acto lo considera como una injustica y exige igual trato para los empresarios que provocaron la quiebra bancaria y al final fueron rescatados por el gobierno mediante el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), un fondo de contingencia creado en 1990 por el gobierno para enfrentar posibles problemas financieros extraordinarios.

“He apoyado a muchos campesinos que han sido encarcelados de manera injusta mientras que las autoridades solapan a funcionarios vinculados con el narcotráfico”, afirma.

Pero Zapata González conoce el rumor de las revoluciones cíclicas, aquellas que se repiten cada 100 años. En esta ocasión, dice, no habrá tal irrupción armada porque nuestros hijos están letrados y “contrario al uso de las armas, veo una revolución, una lucha de ideas para sacar al país adelante”.

 



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