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En 1957, los últimos ejecutados en el país

Marcelo Beyliss/Corresponsal| El Universal
Lunes 17 de febrero de 2003
Condenaron a muerte a dos en Sonora por violar y asesinar a dos niñas

Hermosillo, Son. "Preparen... apunten... fuego", fue la instrucción que dio el teniente Echeverría a un pelotón de fusilamiento e inmediatamente después cayeron muertos Francisco Ruiz Corrales y Rosario Donjuan Zamarripa, condenados a la pena capital por haber violado y asesinado a dos niñas en hechos por separado.

Fueron las últimas ejecuciones en el país dictaminadas por la autoridad judicial. De manera simultánea, las dos tuvieron lugar en esta capital el 17 de junio de 1957.

Es Gilberto Escobosa Gámez, cronista oficial de Hermosillo, quien relata la historia de los últimos sujetos condenados a morir en México.

Don Gilberto Escobosa, de 86 años, pone sus cartas sobre la mesa: "Cuando había pena de muerte, el violador que caía lo mataban y pasaba mucho tiempo para que volviera a presentarse otro caso; tenían miedo... ahora casi todos los días hay violaciones porque la justicia no les hace nada".



Un caso

Francisco Ruiz Corrales, uno de los fusilados por órdenes del entonces gobernador Álvaro Obregón Tapia, fue sentenciado a morir tras haber violado y estrangulado a una niña de nueve años de edad.

Según el cronista hermosillense, la menor vendía tomates en un vecindario de la ciudad cuando se le acercó Ruiz Corrales, quien le aseguró que le compraría todo el producto pero primero lo tenía que acompañar a su casa. Así, con engaños, la llevó a una zona despoblada del norte de la ciudad y abusó de ella. Luego la sujetó del cuello hasta que la asfixió.

Pocas horas después, el cadáver de la niña fue encontrado y de inmediato iniciaron las investigaciones. Uno de los hermanos de la víctima había observado al sujeto que acompañaba a la niña y lo denunció.

En cuestión de horas el hombre fue arrestado y encarcelado. Inició el juicio y en menos de una semana estaba condenado a morir fusilado en los patios de la antigua penitenciaría de esta capital.



Otra ejecución

De acuerdo con Escobosa, el otro ejecutado también perpetró un acto similar. Mientras se encontraba en un campamento militar, Rosario Donjuan Zamarripa tomó de la cuna a una bebé de tres meses, la llevó a un lugar alejado donde la violó y después le dio muerte.

Fueron algunos testigos los que identificaron al sujeto, quien reconoció su culpabilidad. Fue encarcelado y sentenciado a la pena capital.

Gilberto Escobosa asegura que desde que se conoció que ambos individuos realizaron esos crímenes la sociedad sonorense exigió que se les fusilara.

"El día 18 (de junio de 1957), cuando la noticia del fusilamiento apareció en los periódicos, la gente fue lo único que comentó y todos estuvieron de acuerdo en que se les hubiera dado muerte."

Es que eran hechos que rara vez se presentaban y causaban gran conmoción, por eso la gente pedía el castigo más enérgico, relata. "Por eso, en 1975, cuando se abolió la pena de muerte en Sonora, algunos sectores de la sociedad no estuvieron de acuerdo".



?Daría la misma sentencia?

Roberto Reynoso Dávila, el juez que sentenció a muerte a Ruiz Corrales, dice a EL UNIVERSAL que no le remuerde la conciencia por haber condenado a aquel asesino "porque la ley así lo determinaba". Pero, además, "si fuera juez otra vez, y si me lo pusieran en frente a él o a otros desalmados, como el Mochaorejas o al asesino de las mujeres de Ciudad Juárez los condenaba a muerte".

Aclara que Donjuan Zamarripa ya estaba sentenciado cuando ocurrió el caso de Ruiz Corrales, pero el gobierno estatal aprovechó que fusilarían a un reo para ejecutarlo a él también, es decir "aprovecharon la recta".

Ex rector de la Universidad de Sonora y actualmente conferencista sobre ética en el Poder Judicial, Roberto Reynoso, de 81 años, narra que cuando pusieron a su disposición al delincuente, éste no tenía algo que alegar a su favor, todo lo condenaba.

"Tenía rastros de semen en su ropa al momento de capturarlo; los estudios médicos, aun con lo atrasado que estaban, determinaron que él había sido el responsable; y además él lo reconoció", afirma.

Catedrático de derecho penal en la Universidad de Sonora, confiesa que es partidario de que se reinstaure la pena de muerte.



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