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Historia. Un mes en el lomo de los trenes

Amalia Escobar | El Universal
12:25Viernes 20 de junio de 2014

Amalia García / EL UNIVERSAL

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La familia Velzquez, de 10 integrantes, sali de Honduras con destino a San Francisco, California

ÉXODO. La familia Velázquez, de 10 integrantes, salió de Honduras con destino a San Francisco, California . (Foto: AMALIA ESCOBAR )

Algunos van solos, otros con amigos o en pareja y hay quienes llevan a la familia. Provienen de Centroamérica, de donde salieron hartos de la pobreza y la violencia. Llegar a Empalme, Sonora, significa haber pasado un mes subiendo y bajando vagones de tren tratando de acercarse a EU

 

VÍA CRUCIS
Mapa

 

Empalme.- Han vivido un mes a bordo de los trenes de carga que atraviesan México. Han padecido hambre y abusos, así como climas extremos, desde grados bajo cero hasta los 45 grados centígrados de Sonora.

 

Son migrantes hondureños, salvadoreños, pero también hay guatemaltecos y nicaragüenses. Como común denominador, todos han recorrido un promedio de cuatro mil kilómetros desde sus lugares de origen hasta Empalme, Sonora, una población a sólo 400 kilómetros de la frontera norte.


Algunos viajan solos, otros con amigos o en pareja, y hay quienes han jalado con toda la familia, como los Velázquez, quienes hartos del desempleo y la pobreza, pero también de la violencia cotidiana, dejaron Choluteca, Honduras, a principios de mayo con apenas 60 dólares. Su destino final es San Francisco, California.


Choluteca, una población de menos de 400 mil pobladores, registra una tasa de 30 homicidios por cada cien mil habitantes, cuando en la cercana Nicaragua son 12.6.


"Las extorsiones por parte de los maras, pero también los homicidios, las violaciones y los asaltos son cosa de todos los días en Choluteca. Estabamos hartos", dice Judith, de oficio estilista, y quien viaja con su esposo y dos niñas, una de once y otra de 15 años.


Judith revela que pretenden llegar primero a Mexicali; "ya luego veremos cómo cruzaremos a Estados Unidos". Y agrega que si no puede pasar un miembro de la familia, no lo hará ninguno.

 

Los Velázquez, como otras familias con menores, viajan amarrados con una gruesa cuerda amarilla de ixtle, para evitar que cualquier integrante caiga a las vías del tren.

En la conversación interviene Delmi Baradiaga, quien dice estar muy triste. Ella, también de Honduras, viaja con su esposo y dos pequeños de ocho y seis años, pero dejó a su hija a cargo de su madre. No puede evitar que le rueden las lágrimas al recordarla porque justo ese día cumplió 11 años y no tuvo dinero para llamarla y felicitarla.

"Hemos corrido con suerte, no nos ha pasado nada, sólo que a veces los niños tienen mucha hambre". Señala, sin embargo, que gracias a la generosidad de los mexicanos, los niños no han dejado de comer ni un solo día. En ocasiones, cuenta, los migrantes pernoctan a un lado de las vías y se turnan para conseguir alimentos.

Con ellos viaja Jonás, quien ya ha sido deportado en varias ocasiones, pero ahora regresa a Estados Unidos con su pequeña Nieves, de cuatro años. Dice no temer a las deportaciones masivas de niños, pues asegura que se trata de menores que no tienen padres. "Vamos juntos, será más fácil", confía.

Profesionistas arriesgan su vida

Sin avisarle a su familia y desesperado por la falta de empleo, el ingeniero mecánico Engel Mao Rodríguez Sarabia, de 36 año abandonó San Pedro de Lóbago, Nicaragua, hace casi dos meses. Su propósito es trabajar en los campos de cultivo de Caborca, Sonora. Si no lo logra tratará de internarse a Estados Unidos.

"Nos asaltaron en Arriaga (Chiapas), y también en Tonalá (Jalisco). Me robaron mis identificaciones y el poco dinero que tenía (120 dólares). Estuve una semana enfermo con la espalda golpeada, casi pierdo el ojo", relata.

"Fueron siete personas encapuchadas las que se subieron al tren en un lugar despoblado cerca de Arriaga; ahí violaron a una mujer que se regresó por la vergüenza", comenta.

Recuerda que eran más de 700 los migrantes que venían sobre La Bestia, pero los asaltantes traían armas y fácilmente nos sometieron, nos robaron y nos golpearon.
Está cansado de caminar, se ha acabado cuatro pares de zapatos, que le han regalado en el trayecto.

Lamenta la situación que vive su país donde faltan inversionistas, "hay mal tiempo para la cosecha, no hay maquinaria, no hay producción, no hay infraestructura. Por eso muchos profesionistas, maestros, doctores, licenciados e ingenieros, salen del país a buscar oportunidades de empleo", dice.

Nidia Liz Merci Agurcia es maestra de primaria, tiene 21 años y es originaria de Guayape Olancho. Es madre soltera, pero dejó a sus dos hijas al cuidado de su madre en Honduras, comenta que hay que arriesgar un poquito para ganar mucho, y así lo decidió de un día para otro.
Sus pies están lastimados, los trae ampollados, caminó durante cuatro días en Chiapas. Salió con la bendición de su madre y con 150 dólares en la bolsa. La asaltaron en Guatemala, ahí se los quitaron.

Su destino es Miami, Florida, donde buscará desempeñarse como empleada doméstica. Su plan es juntar dinero y regresar a su país para seguir preparándose y dar clases de secundaria.

Escogió el camino más largo, pues optó por tomar la ruta del Pacífico, donde no hay Bestia, sino Tren del Diablo, y cuyo destino final es Mexicali, Baja California.

"Es una ruta más seguraporque la ruta del Golfo es más peligrosa por los constantes ataques de grupos criminales y de narcos".

Nidia hizo amigos en el tren, se encontró a una compañera de viaje de Honduras, a la cual no conocía. Ahora van acompañadas de un grupo de alrededor de 10 hombres que las cuidan.

Fernando Rafael Serrano García, de 36 años, de Villanueva Cortés, Honduras, dejó su pueblo hace casi un mes. Saló con 80o dólares y su destino final es Nueva York. Se dedica al detallado de pisos y ha sido deportado hasta por siete ocasiones. "Estoy más archivado en Estados Unidos que en el registro nacional de personas de mi país", expresa sonriente.


Entró a México por Palenque, Chiapas. Narra que "cada parada que uno hace, la policía y migración me piden 500 pesos, creen que uno trae una camioneta de dinero para darles a todos, porque no se conforman con cien ni 200, quieren 500 y si no la tarjeta de crédito de la mamá, el papá o el primo que está en Estados Unidos".

Caridad cristiana

Los inmigrantes son acogidos en el comedor que sostiene un grupo de alrededor de 70 mujeres de la Iglesia católica (Mesón de Jesús). Ellas se encargan de conseguir donativos con empresas, comerciantes, agricultores y otros patrocinadores, para proporcionarles un alimento al día. Está abierto de lunes a viernes, de las 12 a las 14 horas, o hasta que se acabe la comida.

Las damas caritativas del Mesón de Jesús lamentan la falta de apoyo y la insensibilidad de la autoridad municipal para sostener esta noble causa.
"Nuestro trabajo es anónimo, el ayuntamiento está desentendido de esta problemática social y de la vulnerabilidad de los migrantes", se quejan las damas, quienes refieren que hace alrededor de cinco años cerraron el furgón del ferrocarril habilitado como comedor para que les brindara alimento.

"Ahí están unos baños públicos inservibles y vandalizados que bien pudieran servir para el aseo de los viajantes, pero es todo lo contrario", señalan.

Donde se empalman las historias

A Empalme llegan a diario cuatro trenes que van de norte a sur y otros cuatro de sur a norte; de estos desciende un promedio de 150 migrantes mexicanos y centroamericanos.

Y como el nombre de Empalme se deriva de la palabra en inglés juntion, que significa la unión de dos vías, aquí también se empalman las historias, las de ida y las de vuelta.

Los que se dirigen a Estados Unidos van cansados, pero llenos de esperanzas; otros tantos regresan vencidos, fracasados, mutilados, devorados por El Tren del Diablo que los llevó por miles de kilómetros de terreno seco, ardiente y desértico, sin que pudieran conseguir su propósito.

Como Paulino Hernández, quien fue deportado hace dos semanas, y sobrevive aquí en calidad de indigente. A Paulino lo agarró la migra y estuvo 15 días en la cárcel de Tucson, después fue deportado por la frontera de Tijuana.

No sabe cómo hacer para regresar a su lugar de origen; estoy "entrampado", dice con tristeza.



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