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Cuidan tierras ante daño por mina

VANIA PIGEONUTT / CORRESPONSAL| El Universal
12:04SAN MIGUEL EL PROGRESO | Jueves 26 de junio de 2014
En los ltimos aos el territorio de los pueblos indgenas de La Montaa y Costa Chica ha despertado

ATRACTIVO. En los últimos años el territorio de los pueblos indígenas de La Montaña y Costa Chica ha despertado el interés del sector minero debido a los 42 yacimientos que se han encontrado en la zona. (Foto: ANWAR DELGADO / EL UNIVERSAL )

Habitantes de San Miguel El Progreso dicen que no cambiarán sus tradiciones por dinero que ofrecen empresas

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Júba Wajíin, San Miguel El Progreso, es una comunidad indígena me'phaa de tres climas: templado, frío y caluroso. Su riqueza no se mide en oro sino en café, frutas tropicales, tradiciones y organización.

En la región de La Montaña, donde se concentra la mayor parte de la población indígena de Guerrero, se inició una lucha legal contra la entrega de concesiones a mineras transnacionales y nacionales.

En el pueblo viven alrededor de 3 mil 800 personas, quienes, en un decreto colectivo, decidieron ampararse contra el gobierno federal al asegurar que la identidad agraria e indígena de las comunidades está por encima de cualquier ley.

Buscan oro, plata o zinc, con una concesión para la exploración y explotación de una mina por 50 años, otorgada por el gobierno federal, que da permisos del uso de las tierras sin preguntarle a sus habitantes si están de acuerdo.

En los últimos años el territorio de los pueblos indígenas de La Montaña y Costa Chica ha despertado el interés del sector minero debido a los 42 yacimientos que se han encontrado en la zona.

La federación ha otorgado 30 concesiones por 50 años para que empresas transnacionales y nacionales realicen actividades de exploración y explotación minera. Los títulos entregados corresponden a 200 mil hectáreas, la tercera parte del territorio de la región. Todos están en fase de exploración.

Batallas añejas

Una bandera de México ondea en el aire. El terreno donde ahora está la iglesia de San Miguel fue el escenario de la hazaña que a doña Herlinda Solano Santiaguez, una mujer de casi 70 años y con más de 30 nietos, le causa culpa. Tenía 27 años cumplidos y un hijo de seis cuando defendió sus tierras. Delimitó los linderos de Paraje Montero y su pueblo con esa bandera. Después, siete muertos y siete heridos por la pelea territorial marcaron su conciencia.

Narra que en su comunidad siempre han existido problemas agrarios. En ese entonces era entre comunidades, pero desde que helicópteros sobrevolaron su pueblo y hay gente extraña que se quiere apoderar de sus tierras, está dispuesta, aunque con menos fuerzas, a defender lo que dice es suyo.

Por los ojos grandes de Herlinda han pasado cientos de tragedias, la mayoría referentes a San Miguel. Desde que se quemó la cárcel, porque era de tejamanil -tejas de madera- hasta cuando llegaron para querer explorar la tierra.

En 2011, funcionarios de la Procuraduría Agraria (PA) le dijeron a Anastacio Basurto, en ese entonces presidente del Comisariado de los Bienes Ejidales, que los habitantes de San Miguel podrían progresar, ganar mucho dinero, si permitían explorar sus tierras, porque había oro, plata y zinc, entre otros minerales que potenciarían el desarrollo de la región, si cedían.

Don Tacho cuenta que primero se la creyó y, como pasa en esos casos, llevó el tema a la asamblea de la comunidad, que como en la mayoría de las poblaciones indígenas de La Montaña, Nauas, Ñuu Saavi y Me'phaa, ponderan sus decisiones de manera colectiva.

La gente estaba emocionada con la promesa de desarrollo social, porque la región ha estado olvidada y aceptaron "rentar" sus terrenos.

Llevó una piedra a las oficinas de Tlapa de la PA y a los pocos meses le pidieron más piedras, pero ahora de determinados cuadrantes. Empezó a sospechar y se asesoró. El sacerdote del pueblo, Melitón Santillán, fue el primero en advertir los riesgos de la minería a cielo abierto: enfermedades, destrucción de sus cerros sagrados, huertas de frutas, de café, sus manantiales y sus tres climas, que no hay en otro pueblo alrededor.

Don Tacho fue a convenciones en varios estados para conocer el tema minero y Roberto Gamboa, activista del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, expuso lo peligroso que sería permitir la entrada a Hochschild México, empresa de capital británico que tiene concesiones en varios países de Latinoamérica, así como en varias comunidades de La Montaña.

No fue fácil, recuerda, hay quienes a la fecha quieren que entre la minera, pero casi todos se convencieron de que era momento de valorar sus alimentos, tierras, casas, raíces, porque si entraba la transnacional todo sería devorado.

Se organizaron, hicieron una Asamblea General de Comuneros, y el 17 de abril de 2011 solicitaron su inscripción en el Registro Agrario Nacional (RAN) como autoridad agraria, que los reconoció como tal el 13 de septiembre de 2012.

Desde ahí nada ha sido igual. En la entrada a San Miguel El Progreso hay cadenas. El pueblo, un municipio de la Costa Chica, es un paso hacia localidades como Totomixtlahuaca, de Tlacoapa, que cierra a las 22:00 horas y abre hasta las 04:00 horas todos los días.

Los 12 policías de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) realizan la labor de vigilancia, pero muchos habitantes ayudan con una sola consigna: no dejar entrar a ningún extraño. Lo que ha puesto en peligro a vendedores de productos, que para ellos parecen sospechosos. Han detenido a gente que no tiene que ver con la minería, los investigan y hasta que descartan que no van para fines malos, los dejan ir.

La continuación de la lucha

La estafeta se le pasó a Agapito Cantú Manuel, actual presidente del Comisariado de los Bienes Comunales de San Miguel El Progreso, quien tiene una tarea difícil al continuar la lucha legal para impedir que se instale la minera.

Los 826 comuneros, reitera, no están de acuerdo en dar sus climas y sus huertas. Sus duraznos, peras, papayas, cafetales, chilacayotas, granadas, papas, tejocotes, piñas, toronjas, cañas, limón, toronjas, plátanos, por dinero que se lo gastarán en carros, borracheras y otras cosas. Tampoco darán sus manantiales ni dejarán de hacer sus rituales para pedirle lluvias a San Marcos en los cerros, que sólo de imaginarlos destrozados, se le enchina la piel.

ESCENARIO. Tras analizar la situación, valoraron sus alimentos, tierras, casas, raíces, porque "si entra la transnacional todo sería devorado"



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