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Ni siquiera se llevará un puñado de tierra

Julio Alejandro Quijano| El Universal
Jueves 11 de febrero de 2010
Edith González se prepara para la obra Buenas noches, madre, de la dramaturga Marsha Norman con versiones ovacionadas en España y Argentina

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Edith González acepta que la mayoría del tiempo se obsesiona con intelectualizarlo todo. ¿Cartesiana? Sí. ¿Revolucionaria? No, en todo caso izquierdosa. ¿La posteridad importa para una actriz? “La posteridad ni existe”, refuta.

Estas preguntas han rondado la cabeza de Edith González ahora que se prepara para actuar en la obra Buenas noches, madre, de la dramaturga Marsha Norman y que desde la década de los 80 ha tenido versiones ovacionadas en España (con Conchita Velasco como la protagonista) y Argentina. Se trata de una discusión mitad filosófica mitad humorística entre una madre y su hija. Edith González es la hija y Rosa María Bianchi la madre. La dirección es de Raul Araiza.

“Mi personaje se parece mucho a mí porque soy igual de cartesiana en la vida real, entonces ha sido un descubrimiento personal al mismo tiempo que actoral. El público suele preguntarse por qué alguien quisiera hacer teatro en época de crisis... He escuchado mucho el comentario de que en teatro no se gana. Pero yo me pregunto ¿qué es lo que no se gana? ¿Dinero? Posiblemente no haya ganancias económicas, pero un actor tiene otras satisfacciones en el teatro.”

¿El amor al arte es para ti un cliché?

Tampoco creo que seamos los revolucionarios de la vida.

Vivimos de nuestro trabajo pero definitivamente hay una expsociion difernte a lo que sucede en televisión.

Curiosamente de “revolucionaria” sí te han tachado.

No tanto de revolucionaria pero sí de izquierdosa.

Lo cual parece un insulto en un país donde la izquierda anda perdida.

Lo mío no tiene que ver con la izquierda institucional sino con mis convicciones. Pero ese ya es otro tema que merecería una larga discusión. Este regreso al teatro luego de la aventura de ser “Aventurera” tiene que ver con una idea de posteridad. El teatro muy fugaz. Bueno, sin el “muy”, simplemente es fugaz. En eso se parece a la vida.

¿Piensas entonces, como cantaba Cuco Sánchez, que de esta vida no nos llevamos más que un puño de tierra?

Y en mi caso ni eso voy a llevarme. Mi intención en cualquier trabajo es que mis personajes se queden en el imaginario colectivo, que el público recuerde mi trabajo. Si consigo que alguna de mis actuaciones quede como algo emblemático de una época o un ícono de cierto lugar, entonces diré “misión cumplida”.

¿Será que con la Elena Tejero “Aventurera” o la Mónica de Altamira en “Corazón salvaje” ya cumpliste la misión?

El productor Morris Gilbert fue a ver Aventurera un día después del estreno y me dijo que ese personaje se quedaría en la memoria colectiva. No le creí pero así sucedió. Ahora mi reto es superar esa etapa de mi carrera; no quiero borrarlo de mi currículum, pero sí pensar en el siguiente paso. Es como si estuvieras jugando al golf (con un handicap en contra) y cada día estás luchando para que el público diga: Yo quiero ir a ver lo que está haciendo esta actriz.

No te interesa la posteridad, pero seguro buscas el prestigio profesional.

Efectivamente, no trabajo para la posteridad pero tengo muchos trabajos por los que me siento orgullosa como Salomé y Doña Bárbara y muchos más proyectos que han tenido alma.

Yo creo en el alma, independientemente de si existe Dios o no y así es como busco mis trabajos: con alma.

¿Cómo es posible que una cartesiana (cuyo lema es “pienso, luego existo”) hable de creer en el alma?

Porque, para mi fortuna, hay una corriente de pensamiento actual que habla de conciliar la religión con la ciencia, que es igual de importante lo intelectual y lo espiritual.

 



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