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Una temporada en el infierno

César Huerta| El Universal
Sábado 19 de diciembre de 2009
“¿Cómo ciudadano o como actor?”, exclama un sombrerudo Damián Alcázar cuando se le pregunta su postura sobre 40 grados, el infierno, película cuyo rodaje termina hoy

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“¿Cómo ciudadano o como actor?”, exclama un sombrerudo Damián Alcázar cuando se le pregunta su postura sobre 40 grados, el infierno, película cuyo rodaje termina hoy.

El filme que reúne al actor de nueva cuenta con Luis Estrada (La ley de Herodes y Un mundo maravilloso) lo mostrará como un mexicano que regresa tras 20 años de vivir en Estados Unidos y se encuentra con un ambiente completamente aterrador.

Hay violencia, narco, crisis política, corrupción y crimen organizado. La historia tiene su punto álgido el 15 de septiembre de 2010, durante los festejos del Bicentenario de la Revolución Mexicana.

Un ojo avispado se daría cuanta que, como en sus anteriores entregas fílmicas, Alcázar y Estrada recrean el México real, lejos de los discursos políticos.

“Como actor puedo decir que es estupendo trabajar con Luis y que la película ha sido una verdadera chinga. Estoy cansado de los muslos para abajo, porque he estado en todos los llamados. En San Luis Potosí comenzabámos a las 7 de la mañana y terminábamos a las 7 de la noche, haciendo un viaje de una hora hasta la locación”, dice Alcázar.

Y tomando algo de aire, este michoacano de 56 años, habla de corrido.

“Como ciudadano te digo que no hay nada que celebrar en este llamado Centenario o Bicentenario. Es un idiota el que se regocija pensando que estamos bien en un país donde hay varios masacrados todos los días. Que haya más de 7 mil muertos es terrible, ¿quién puede estar feliz cuando se matan entre mexicanos en pos de una guerra pendeja?”

—¿Todo eso viene en el guión?

—Digamos que sí, pero no con palabras, porque si no la película sería una tragedia. Luego con frases nos referimos a esos maravillosos mensajes de Presidencia que gasta mucho dinero para convencer a la gente de que todo está bien y que, desgraciadamente, lo consigue. Claro, con medios de comunicación nefastos como los que tenemos.

—Fue un buen año para ti, trabajaste en Colombia una película (“García”), una serie (“K-Dabra”) y filmaste dos en México (“Chico grande” y “ 40 grados”)

—En el asunto creativo fue bueno, en el asunto económico, como siempre, los buenos proyectos se hacen sin presupuesto. Y Hacienda te pega en los impuestos tengas o no trabajo. Yo me niego a pagar impuestos (risas). Te voy a contar una pequeña historia: mi cheque sale por 145 mil pesos y de pronto recibo uno con 92 mil, todo lo demás se va a no sé dónde. Bueno, se van a diputados, senadores, al IFE, si supiéramos que se van a los maestros de los pueblos, a los doctores de la sierra, con gusto los pago. Se van a quienes lo despilfarran y eso lo digo a título personal.

—¿Y cómo actor?

—Como actor te digo que cuando estuvimos filmando en San Luis veías a jóvenes deambulando con fachas de cholo y a lo mejor diez pesos en la bolsa. Cuando ves a esos jovencitos que buscan una salida, pues es el lugar idóneo para que el narco, por decir algo del crimen organizado, se los lleve. Se van a morir sin nada, así que se van.

—¿Qué puede hacer un actor para denunciar todo esto?

—Tener los micrófonos para decir lo que muchos no pueden. Ojalá y de esta entrevista se ponga al menos la tercera parte. Es injusto que pocas familias manejen la economía de este país. En San Luis Potosí todos esos jóvenes estaban ansiosos de que se les ofreciera algo a cambio de casi nada. Ese es el país en que vivimos, por desgracia.

—¿Por qué aceptaste hacer “Kdabra” (interpreta a un mago) en la televisión?

—En gran parte, el principio de todo, es que los buenos proyectos no tienen presupuesto y si yo no hago Kdabra, sencillamente no me va a alcanzar para el pavo. Porque además el cine mexicano no paga de inmediato, a mí me deben todavía dinero y no va pasar nada este fin de año. Normalmente me pagarán en marzo y ni modo, tengo que esperar. En Colombia ya tengo muchas ofertas de trabajo y dije, bueno, son dos meses y me divertí bastante.

—¿Te han vuelto a llamar de Hollywood después de “Las crónicas de Narnia”?

—No y tampoco me sorprende. No tengo absolutamente nada que ver con ello. Me gustó estar en esa película, pero tampoco es mi objetivo, prefiero hacer una buena historia.

—¿Ya hay proyectos

—Ahora mismo estoy haciendo maletas para irme a Bolivia a hacer Carga sellada, una película basada en un hecho real. ¡Diría que es una train-movie!. Es sobre un ferrocarril donde se lleva basura subatómica para tirarla en el desierto y los nativos del lugar hacen de todo para impedirlo. Yo seré un policía boliviano encargado de llevar la carga junto con el maquinista, nada más.

 



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