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Llaman a Chespirito el “Shakespeare latino”

Olga Lucia Martínez Ante / “El Tiempo” GDA| El Universal
Martes 13 de marzo de 2012
Llaman a Chespirito el “Shakespeare latino”

HOMENAJE. Roberto Gómez Bolaños siguió en familia la transmisión de su tributo. (Foto: TWITTER )


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Ómar Rincón, columnista de televisión América Latina celebra (y hace negocio) este mes de marzo a Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. Su valor: hacer reír, haber creado el único superhéroe de esta parte del mundo y convertirse en parte de la memoria colectiva de varias generaciones.

Se llamó a sí mismo Chespirito como un homenaje a Shakespeare, quien también fue entretenedor popular, pero que con el tiempo se convirtió en un ícono de alta cultura. Chespirito es un Shakespeare latino; uno que se está volviendo de culto-culto, porque sus historias no dan risa, sino que nos ponen frente a los grandes dilemas de nuestra latinidad: la torpeza en sus héroes, la astucia como creatividad pública, la locura como modo de sobrevivir, el vecindario como democracia, los niños de la calle como marca política.

Chespirito nos hace reír, pero de nuestros modos sublimes de sufrir como continente. Se inventó el único superhéroe latinoamericano: El Chapulín Colorado, cuyo mayor heroísmo es luchar contra su propia torpeza y salir ganando: “Todos mis movimientos están fríamente calculados”, decía.

Un homenaje a los latinoamericanos que siempre nos la andamos dando de héroes para sobrevivir y luchar contra la falta de oportunidades; no es listo, no es ágil, no tiene superpoderes, sólo cuenta con su astucia, que le permite inventar lo imposible en las sociedades populares: “No contaban con mi astucia” y “Lo sospeché desde un principio”.

Vecindad disfuncional.

Se inventó la risa infantil con El Chavo del 8: un vecindario de lo disfuncional latinoamericano en el que una niña se burla de su padre, una madre soltera tiene amante, un niño malcriado abusa de sus amigos, un capitalista explota a los vecinos, una señora mayor se dedica al chisme, una dama llama “chusma” a los pobres, un niño vive en un barril y no entiende nada del mundo porque se toma en serio el lenguaje.

El Chavo le asigna a cada palabra su significado literal y por eso sufre la injusticia del mundo. Cuestiona a la sociedad y nuestras relaciones de poder y amistad haciendo que el lenguaje signifique. Nos produce risa hacer que las palabras valgan. Se inventó el humor de lo simple con El Dr. Chapatín y Chaparrón Bonaparte. Este es una oda a la amistad verdadera, esa que nos permite pensar que todo es posible, esa amistad que reconoce debilidades y en lugar de criticar da querencias, alabanzas, utopías. Una amistad que se reconoce perturbada: “¿Sabías que la gente dice que tú y yo estamos locos, Lucas?”. Un par de amigos que ve el mundo en su modo cómplice de “dígame licenciado”.

Se inventó el ser latino en El Chómpiras, Vicente Chambón, El Chanfle y más personajes que recreaban esos modos extraños de ser latino: formas de subsistir que van del delincuente dulce al periodista tonto y al jugador perdido. Y qué actor era don Roberto. Ahora que los canales de América Latina hacen negocio con sus personajes, intentaron hacer un programa de “homenaje” a Chespirito y resultó de “agravio”: por lo menos el de RCN.



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