aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




José Antonio Crespo

Enorme fracaso

Licenciatura en relaciones internacionales por El Colegio de México, Maestría en Sociología política y Doctorado en historia por la Univers ...

Más de José Antonio Crespo



ARTÍCULOS ANTERIORES


    Ver más artículos

    21 de junio de 2011

    No me refiero exclusivamente a la aprehensión de Jorge Hank Rhon, que al no haber cuidado el debido proceso terminó por caerse, sino a la estrategia general contra el narcotráfico. Cuando termine “el sexenio en que vivimos en peligro” y se haga un balance de la guerra, probablemente los resultados habrán sido pobres, cuando no contraproducentes. Eso depende, desde luego, de cuáles sean los objetivos contra los cuales se haga la evaluación, pues éstos han cambiado a lo largo de estos años en el discurso presidencial. Si se trataba de que “la droga no llegue a tus hijos”, pues el consumo se incrementó. Si era recuperar control territorial por parte del Estado, se ha perdido más. Si se trataba de debilitar a los cárteles a través de la detención de sus jefes, pues un reflejo de ello sería que se redujeran los delitos (extorsión, secuestros, homicidios, desapariciones); de nada sirve a la sociedad que se “debiliten los cárteles” si eso no se traduce en una reducción significativa del crimen. La violencia se tomó como un costo que habría que pagar, y por ello su incremento se quiso leer como una señal de que “vamos ganando, aunque no parezca”. La reducción de la violencia se convirtió ya en un objetivo en sí mismo, y por ello se presume la disminución de homicidios en Ciudad Juárez como un logro (qué bueno que así sea, pero con el criterio que hasta hace poco se utilizó eso sería señal de que “vamos perdiendo, aunque sí parezca”). Y el Ejército ha perdido confianza y credibilidad. Saldo negativo.

    Pero si uno de los propósitos ocultos de la militarización de esta lucha era el incremento de legitimidad y popularidad presidencial (así lo creo), entonces también esa decisión fracasó. No fue así en los primeros años del actual gobierno, pues la política fue aplaudida por la mayoría de ciudadanos y analistas. Pero probablemente nadie le advirtió a Felipe Calderón que esta estrategia le daría popularidad al principio, y después se volvería en su contra, pues el costo político se haría impagable. Así lo refleja con claridad la encuesta GEA-ISA de mayo de este año. La imagen favorable de Calderón como gobernante cayó del 62% al 37% entre diciembre de 2006 y mayo de este año. Quienes creían que Calderón cumplía con dar más seguridad pasaron del 55% al 30% entre 2007 y ahora. En el mismo lapso, los que creen que tiene capacidad de gobernar caen de 46% a 18%. La aprobación de los operativos militares pasó de un espectacular 88% en 2007 a un más modesto (aunque todavía mayoritario) 53%. Sin embargo, quienes creen que la estrategia está logrando sus objetivos pasó del 66% a un ya no mayoritario 43%. Y también, un 58% no considera que se estén respetando los derechos humanos en esta guerra, mientras que 83% piensa que hay víctimas inocentes. Y quienes creen que van ganando los criminales duplican a quienes conceden la victoria al gobierno federal.

    Por otro lado, quienes piensan que las muertes eran evitables de haberse adoptado otra estrategia conforman el 54%, mientras que quienes lo asumen como un costo ineludible son 45%. También, 74% piensa que la guerra está afectando la economía, contraviniendo lo afirmado por Ernesto Cordero en sentido contrario. De quienes han oído de movilizaciones ciudadanas en protesta por la estrategia de Calderón, y que alcanzan un 62%, el 79% coincide en que se esclarezcan los asesinatos, 76% que se dé fin a la guerra, 85% que se combata corrupción e impunidad, y 84% que se actúe contra el lavado de dinero (estas dos últimas propuestas constituyen en sí mismas una estrategia alternativa a la que ha seguido Calderón). Éstos son indicadores del impacto que podría estar teniendo el movimiento de Javier Sicilia, el más visible contra la actual estrategia anticrimen. También, 58% piensa que un diálogo del gobierno federal con los movimientos en cuestión lograría modificar la estrategia. Mucho me temo que no será así, pues Felipe Calderón ha dejado bien claro que no dará “ni un paso atrás”. Ha dicho que: “Estamos siempre dispuestos a cambiar lo que no funciona y a mejorar lo que marcha bien para hacer realidad el gran potencial que, sabemos, tiene nuestro querido México” (17 de mayo de 2011). Entonces, ¿por qué no modificar la estrategia en esta última fase? Porque no está considerada como “lo que no funciona”. De cualquier manera, no creo que sea buen negocio para el candidato panista —quien quiera que sea— ofrecer la continuidad de esta estrategia, como ya lo ha hecho Ernesto Cordero quien, como Calderón, no ve más opción que la actual política o la claudicación, como si no hubiera otras alternativas.

    cres5501@hotmail.com @Josjacres.com

    Investigador del CIDE



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.