aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Sandra Lorenzano

El murmullo crece

...





ARTÍCULOS ANTERIORES


    10 de abril de 2011

    Con un abrazo para Javier Sicilia y para las familias de los otros cuarenta mil muertos, porque quizás aún “nos quede la palabra”

    Un cuerpo y otro y otro más ¿Cómo hablar de las ausencias? ¿Con qué palabras llenar el vacío?

    Tartamudear, susurrar,

    balbucear

    No hay respuesta.

    Los ojos desmesuradamente

    abiertos, la boca abierta y

    extendidas las alas.

    Ruina sobre ruina.

    Sólo

    el nombre de su hijo tatuado en el antebrazo.

    Por ti, hasta la vida.

    Huellas. Marcas. Cicatrices.

    Concierto de voces insepultas

    en el insomnio de la memoria

    Uno / dos / tres nombres

    Yo quería mencionarlos a todos

    Uno / dos / tres por todos los compañeros

    Por los siete, y los

    cuarenta y nueve, y los

    setenta y dos, y las

    ¿cuatrocientas?

    ¿quinientas? mujeres

    (¿alguien de verdad

    quiere saber cuántas?)

    Un humo oscuro lo cubre todo, madre,

    el íntimo hueso se vuelve cenizas:

    éste es el paisaje de nuestro país

    ¿Quiere usted un recorrido

    señor turista?

    ¿señor banquero?

    ¿señor traficante?

    El mundo ya no es mundo de la palabra.

    Nos la ahogaron adentro.

    dijiste, Javier, con los ojos

    llenos de él

    con la voz doliente

    para bautizarlo lejos de los dioses del horror

    para bautizarlos a todos

    ¿dónde los nombres y los sueños?

    ¿dónde la memoria?

    ¿dónde las palabras?

    Leche negra del alba

    Cavamos una tumba en los aires

    una tumba en las nubes

    ¡Saquen a los niños!

    Se me abrazan a las piernas.

    ¡Sáquenlos de aquí!

    Como si el cuerpo de cada uno de nosotros

    fuese tu cuerpo

    “Te llevaron al alba,

    y fui tras de ti como en un entierro.

    En el ático oscuro lloraban los niños,

    y ante la imagen sagrada se derretía la vela.”

    Humo espeso

    Huyen los pájaros

    No quedará ninguno en

    nuestras plazas

    Del dolor al vacío.

    Mejor no sentir: no ser sino esa bolsa de piel curtida que guarda la propia nada.

    Una tumba en las nubes

    ¡Saquen a los niños!

    Se muere con demasiada facilidad

    Huyen los pájaros. Se oscurecen los cuerpos.

    Cavamos una tumba en el aire.

    ¿Por qué soy yo y no soy tú? ¿Por qué estoy aquí y no allá?

    El murmullo crece. El susurro. El balbuceo.

    En el principio era el humo.

    Humo para una mortaja.

    Negro como el hollín. O bien

    ligero y gris, casi vaporoso.

    Como un presagio.

    Como una despedida.

    Los pájaros vuelan

    enloquecidamente

    Nada se ve, y es apenas un

    susurro lo que llega de la otra orilla.

    Palabras ininteligibles.

    Tal vez una letanía.

    Una canción infantil.

    Concierto de voces insepultas.

    Por el silencio de los justos, escribiste.

    Por el silencio de tu hijo

    de tu hermano

    de tu madre encontrada

    entre el polvo que nubla

    los oídos

    que se pega a la piel.

    Y el miedo. Y el frío de la

    noche.

    El cansancio.

    Secas están la voz y la

    lengua.

    Pero el silencio no es sino un grito que los nombra.

    Hay silencios – decías - más profundos y significativos que la palabra que viene de él

    y en él se recoge.

    Silencio para mencionarlos a todos.

    Éste es un texto de “poesía documental” en el que mis palabras están acompañadas por las de Javier Sicilia, las de los padres de los niños de la Guardería ABC, y las de Paul Celan, Ossip Mandelstam, Ana Ajmátova, Jorge Semprún, Esther Seligson y Walter Benjamin.

     



    ARTÍCULO ANTERIOR
    Editorial EL UNIVERSAL Un Hoy No Circula más justo


    PUBLICIDAD.