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Elba Esther Gordillo

¿Qué papel juega el maestro en la calidad educativa?

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    07 de marzo de 2011

    La era del conocimiento trajo consigo grandes cambios, entre ellos, la disponibilidad para acceder a múltiples fuentes de información y de conocimiento. No obstante, a pesar de los avances tecnológicos, el papel del maestro sigue siendo insustituible como preceptor del conocimiento, más en países como México, donde la desigualdad continúa siendo la característica principal de su población. De ahí que cualquier política orientada a mejorar la calidad de la educación debe considerar al docente de manera central.

    A lo largo y ancho del territorio nacional, en cada estado, municipio e, incluso, en comunidades de menos de 500 habitantes y de muy difícil acceso, hay distribuidos más de un millón de maestros, encargados de hacer funcionar más de 200 mil escuelas —muchas de ellas con un maestro para todos los grados escolares—, en las que se atiende a 26 millones de alumnos en la educación básica. Al hacer esta referencia se pretende ubicar lo complejo que resulta operar el sistema educativo y la importancia de evaluar los resultados que se obtienen en cada uno de los espacios escolares, muy disímbolos entre sí, a través de distintos instrumentos.

    Una evaluación integral de los procesos y actores que participan en la educación —y no sólo las pruebas estandarizadas que se aplican en México en busca de lograr una calidad definida por los organismos internacionales— nos permitirá saber qué está fallando, con la finalidad de corregirlo y, además, medir el avance de las medidas correctivas en dos aspectos centrales: de gestión, que pondera al sistema educativo en su conjunto, y de impacto, que informa acerca de lo que el alumno hace suyo.

    Una primera consideración acerca del papel que cumple el maestro y de lo que tendría que realizarse para mejorar su desempeño, tiene que ver con investigar sobre su proceso de formación, para analizar los objetivos que en determinado momento se pretendían lograr. La historia del sistema educativo del siglo pasado nos muestra cómo ha venido cambiando la base de los conocimientos y habilidades necesarias para el desempeño de los maestros.

    En efecto, no debemos olvidar que fue hasta la segunda década del Siglo XX, momento en que el Estado asume a la educación como su obligación frente a todos los mexicanos, cuando se decide impulsar la educación en el medio rural, espacio donde prevalecía la ignorancia y el 70% de la población era analfabeta. El esfuerzo para alfabetizar al país requirió significativos recursos materiales, mismos que se obtuvieron al asignarle a la educación el 25% del presupuesto nacional; más compleja resultó la tarea de conseguir los recursos humanos para llevar a cabo dicha labor, ya que precisamente en aquella época uno de los déficits más importantes del país era la falta de maestros.

    Si bien existían escuelas normales, algunas de enorme tradición, es hasta el año de 1945 cuando el gobierno pone en marcha una agresiva estrategia de formación de maestros, al crear el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, que tenía la misión de atraer a jóvenes que habían terminado la primaria para que, al mismo tiempo que estudiaban la secundaria, se hicieran cargo de la educación primaria y de alfabetizar. El mismo procedimiento se siguió con quienes habían cursado la secundaria y optaban por la educación normal. Como una forma de reconocer su trabajo, por cada año que cumplían en su propia formación y se mantenían educando, recibían una sexta parte del sueldo de un maestro ya titulado.

    Este sistema, que duró hasta la década de los 70, todavía hoy sigue vigente en alrededor del 15% de la planta docente. Gracias a esta agresiva política de formación de maestros y de construcción de escuelas, en poco más de 50 años, a pesar de los históricos rezagos y del enorme crecimiento demográfico que cuadruplicó la población, México logró disminuir el analfabetismo al 8% y ampliar los años de educación per cápita a ocho, cuando antes eran tres, meta que países como Francia, por ejemplo, cumplió en el triple de tiempo.

    Este breve recorrido por el magisterio hace evidente la necesidad de repensar la formación de los maestros que la era del conocimiento reclama y de la urgencia de redefinir el currículum de las escuelas formadoras de docentes. Asimismo, es necesario construir políticas públicas que garanticen la formación continua del magisterio y los reconocimientos salariales asociados a la calidad de la educación que se imparta.

    Finalmente, no podemos olvidar que uno de los factores más importantes de la calidad educativa, la de hoy o la de ayer, es que sea un instrumento demostrable de la equidad social y no su opuesto.

    *Presidenta Nacional del SNTE

     



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