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Susana Chacón

Arizona: ¿oportunidad para Calderón?

Es Investigadora de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac, Vicepresidenta Internacional del Club de Roma y Colaboradora d ...

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    27 de febrero de 2011

    Arizona busca cuestionar la esencia de EU. Está en contra de sus valores fundadores. Es decir, su Constitución, el significado de libertad, igualdad, ser un país de migrantes y de la meritocracia. Atenta contra su país. No contra los mexicanos.

    Arizona se rige aparte. Se ha caracterizado por sus altos márgenes de intolerancia, basta recordar dos ejemplos. En la Segunda Guerra Mundial construyeron campos de concentración para alemanes, japoneses e italianos. Querían reducir la “amenaza del Eje”. Más tarde, en los 80, se opusieron a celebrar a Martin Luther King, lo que tuvo consecuencias económicas que los obligó a cambiar posturas. ¡Hasta perdieron la sede del Super Bowl! Hoy, están a punto de perder la del Juego de Estrellas del 2011.

    Su intolerancia se refleja en su trato a los mexicanos. Han instrumentado “la ley del odio” o “la ley de los vecindarios seguros” —¿vecindarios seguros con una población armada legalmente?—. Recordemos que tradicionalmente la economía del estado se fortaleció por la minería y el agro. Su boom económico es gracias a los sectores de construcción y turismo. En todos, el papel de los inmigrantes es inminente. Hoy, no les importa perder la sede de múltiples congresos (aunque el costo será de 90 mdd) ni ahuyentar importantes flujos de turismo. Esto para ellos no tiene valor. Arizona ha de ser diferente. Aún más, frente a un presidente afroestadounidense.

    Hoy, buscan crear una ciudadanía de Arizona, muy distinta a la estadounidense. Comenzaron con su ley SB1070, pero las leyes aprobadas el martes pasado por el Senado del estado, son aún peores. Sin entrar en detalles se resumen así:

    Niegan la ciudadanía, así como educación, servicios médicos, vivienda y trabajo, a los nacidos en su territorio si los padres son ilegales. Quieren un fondo privado para construir un muro en la frontera y buscan crear una “fuerza estatal armada para la seguridad y protección de las vidas y propiedades de sus habitantes”. Esto mina los derechos civiles de ciudadanos y de no ciudadanos. Quieren instrumentar una ciudadanía con dos tipos de certificado de nacimiento.

    Una vez más, juegan fuera de las reglas del país. Su propuesta busca exentar al estado de regirse por la norma internacional. Los legisladores mantienen que sus leyes antimexicanas no respetan al derecho internacional. Tampoco les importa estar en contra de la OEA o de la ONU, quienes pueden acusarlos con cargos de genocidio cultural al negar el acceso a la cultura, lenguaje y educación a parte de su población (de 6.5 millones de habitantes, 1.8 son mexicanos). No les afecta cerrar centros de estudios hispanos ni universidades. Menos les preocupa el desarrollo de la relación política y económica entre México y Arizona, o con EU.

    Buscan que la Corte de su país se pronuncie sobre la obtención de la ciudadanía, es decir, tratan de cambiar la Constitución vigente. Pero, más de 60% de la población está en contra. Según datos del Pew Hispanic Center, 87% de los estadounidenses está preocupado por cuestiones económicas y el tema de la inmigración preocupa sólo a 46%. De ahí, entre los republicanos, 61% considera la inmigración como prioridad, un porcentaje menor a 47% es de los independientes y apenas 33% de los demócratas.

    Para Arizona, las políticas de migración de Obama no funcionan. Pero, ¿por qué? ¿Qué significa su postura? Es interesante observar que son los republicanos quienes abanderan estas propuestas de odio e intolerancia. Hoy, cuestionan lo que dijo Obama en su último The State of the Nation (25/01/2011). Él mencionó la necesidad de tener un sistema de inmigración más flexible, para que crezca la economía. Dijo también que “tener fronteras seguras no significa que quienes trabajan en EU deban vivir en la sombra y sin derechos”. Ha criticado las medidas de Arizona por considerar que cuestionan las nociones básicas de igualdad, así como la confianza entre los habitantes de sus localidades. Para Obama, esto es lo que garantiza la seguridad del país.

    Arizona se opone a su presidente y a la nación. Reduce sus decisiones a cuestiones internas. Los datos sustentan que el estado ha perdido más de 300 mil empleos calificados desde el 2008. Las proyecciones muestran que creará sólo 11 mil nuevos puestos para manufactura en los próximos siete años. Los trabajos de bajo salario no se han afectado, pero sus habitantes no quieren tomarlos; de ahí que requieran de mano de obra barata. Además, el perfil de la población en Arizona ha cambiado. Hace 10 años, 72% era anglosajón, mientras que hoy es 58%. El 38% son hispanos y de éstos, 90% son mexicanos. Curiosamente, muchos hispanos han favorecido las nuevas legislaciones. Esto es contradictorio, sobre todo porque entre 2000 y 2010, la población de Arizona creció 24.6% del cual, 56.8% es el crecimiento de los hispanos. Las legislaciones van en contra de ellos mismos. En especial porque tiene una oportunidad histórica de conseguir una ley que regule la inmigración.

    Calderón tiene todo para cerrar filas con Obama y los demócratas. También tiene los elementos para acordar con los republicanos. ¿Aprovechará su visita de la semana próxima para comenzar un sólido cabildeo a favor de un diálogo bipartidista? ¿Su equipo proseguirá con los pasos acertados? Ante las medidas unilaterales de Arizona, los mexicanos poco podemos hacer directamente. Pero, mucho se puede a nivel federal y desde Washington. Suerte, señor Presidente.

    Secretaria general del Club de Roma en México



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