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Rogelio Ramírez de la O

Egipto y alimentos, una advertencia

Consultor y analista económico, director de la firma Ecanal (Economic Analysis for Company Planning). Su preparación en el ámbito del comerc ...

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    16 de febrero de 2011

    Más que el peligro de abastecimiento de petróleo, la crisis egipcia es relevante por su alta dependencia de alimentos importados. Por Egipto pasan 2.1 millones de barriles diarios (mbd) de petróleo entre el canal de Suez y el oleoducto Sumed, poco frente al consumo global que es de 88 mbd. Esto y la contención de la protesta social hicieron que los precios en el mercado no aumentaran más que tres a cuatro dólares por barril.

    Lo preocupante es que Egipto vive una crisis social exacerbada, en gran medida, por el encarecimiento de los alimentos. Por los bajos inventarios mundiales, crecimiento sostenido de la demanda de China y la India, y cada vez mayores desastres climáticos, les tomó por sorpresa.

    Así, Egipto fue víctima de una visión estrecha al creer que hacía lo correcto con las llamadas reformas estructurales. De acuerdo con ello, si los alimentos importados cuestan menos que la producción nacional, entonces hay que importarlos y dejar de producir lo nacional. El que fue un país granero hoy, humillantemente, importa el 40% de su consumo de alimentos, incluyendo el 60% de su consumo de trigo.

    El trigo ha aumentado 110% de precio en el último año, lo que ha golpeado directamente los bolsillos de la gente. Pero además han aumentado el maíz 90%, la soya 60% y el azúcar 22%. Ante la escasez y encarecimiento, Rusia prohibió la exportación de trigo, pensando que la alimentación de su población es clave para su estabilidad política.

    Para mostrar el contraste entre éste, el mundo real, y la visión de quienes ven en las llamadas reformas estructurales la panacea, el FMI en su último informe sobre Egipto (abril 2010) dijo: “Reformas de gran alcance sostenidas desde 2004 han reducido la vulnerabilidad fiscal, monetaria y externa y mejorado el clima de inversión. También han aumentado la fortaleza de la economía y creado el espacio para las respuestas de las políticas apropiadas”. En el informe del año anterior, había dicho que “conforme la recuperación cobra fuerza, el énfasis de la política económica puede regresar a la consolidación fiscal y otras reformas procrecimiento”.

    Las políticas procrecimiento no llegaron. Los que llegaron, con base en la concepción generalizada de que Egipto iba por el buen camino, fueron 20 mil millones de dólares de capital de corto plazo, dinero que ya salió en su mayor parte.

    Esa es la verdadera lección que México debe recoger de Egipto. México hoy importa el 42% del trigo que consume, así como el 60% de los granos forrajeros y el 74% del arroz, para mencionar sólo unos cuantos productos.

    La política de importar todos los alimentos que sean más baratos que los producidos en México no debe aplicarse al caso agrícola, entre otros. Eso se desprende de los porcentajes de la producción que se comercia mundialmente; sólo el 20% del trigo producido, el 10% de los granos forrajeros y el 5% del arroz. De alguna manera la mayoría de países cuida su producción.

    Bajo una visión más amplia es más importante en el largo plazo asegurar el abastecimiento local, aun si ello requiere apoyar a los agricultores. Además de comparar costos debe considerarse que la producción local satisface otras necesidades; en el caso de México, el autoconsumo, retener a la población que de otra forma emigraría y el balance del ecosistema. No es lo mismo tierra ocupada con producción que tierra abandonada.

    Nadie sabe dónde terminará la crisis de Egipto. En México el desastre de la producción de maíz en Sinaloa anuncia encarecimiento de muchos alimentos, no sólo de la tortilla.

    rograo@gmail.com

    Analista económico



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